Hiperandrogenismo y Síndrome del Ovario Poliquístico: Actualiazación 2025

Introducción

El síndrome de ovario poliquístico (SOP) es una de las endocrinopatías más frecuentes en mujeres en edad reproductiva, con una prevalencia global aproximada del 10–13 % utilizando los criterios de Rotterdam, aunque se considera infradiagnosticado, especialmente en atención primaria. El SOP es una condición heterogénea caracterizada por disfunción ovulatoria, hiperandrogenismo y alteraciones morfológicas ováricas, con una expresión clínica y metabólica variable que impacta significativamente en la salud a corto y largo plazo.

Su importancia clínica trasciende el ámbito ginecológico y reproductivo, dado su vínculo con comorbilidades como la resistencia a la insulina, dislipidemia, obesidad, síndrome metabólico, y trastornos del estado de ánimo. Por ello, el médico de familia desempeña un rol clave en su detección precoz, abordaje integral y seguimiento longitudinal.

Este artículo ofrece una guía práctica basada fundamentalmente en las recomendaciones de la Guía Internacional basada en la evidencia para la evaluación y el manejo del SOP de 2023, con el objetivo de facilitar su diagnóstico, evaluación y tratamiento en el primer nivel de atención y adaptarlo al contexto de la medicina de familia.

Síndrome del Ovario Poliquístico

Fisiopatología del SOP y del hiperandrogenismo

El SOP se caracteriza por una disfunción endocrina compleja, en la que intervienen mecanismos genéticos, metabólicos y ambientales. Uno de los pilares fisiopatológicos clave es el hiperandrogenismo, producto de una secreción excesiva de andrógenos por los ovarios y, en menor medida, por las glándulas suprarrenales.

Este exceso de andrógenos se asocia a una mayor secreción de LH por la hipófisis, alteraciones en la maduración folicular, y una sensibilidad disminuida a la insulina en tejidos periféricos. Esta resistencia a la insulina estimula adicionalmente la producción de andrógenos y disminuye la globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG), incrementando la fracción libre de testosterona y exacerbando los síntomas clínicos.

En el SOP, existe además una disfunción del eje hipotálamo-hipófisis-ovario (HHO), con pulsos aumentados de GnRH que favorecen una mayor secreción de LH frente a FSH, lo que impide la maduración ovocitaria adecuada y contribuye a la anovulación crónica.

Estos mecanismos explican la presentación clínica multifacética del SOP, con manifestaciones cutáneas (hirsutismo, acné, alopecia), alteraciones menstruales, subfertilidad y riesgo metabólico elevado. Comprender esta fisiopatología permite guiar el abordaje terapéutico individualizado según la presentación clínica predominante.

Criterios Diagnósticos Actualizados

El diagnóstico del SOP en mujeres adultas se basa en los criterios de Rotterdam actualizados por la guía internacional de 2023. Tras excluir otras causas que puedan explicar la presentación clínica, se requiere la presencia de al menos dos de los tres componentes siguientes:

  • Hiperandrogenismo clínico y/o bioquímico: el hirsutismo es el signo clínico más orientador. La testosterona total y libre son las determinaciones de primera elección para valorar hiperandrogenismo bioquímico.
  • Disfunción ovulatoria: ciclos irregulares. A partir de los 3 años tras la menarquia y hasta la perimenopausia se consideran irregulares los ciclos <21 o >35 días o la presencia de menos de 8 ciclos al año. La disfunción ovulatoria también puede existir con ciclos aparentemente regulares y, si es necesario confirmarla, puede medirse progesterona sérica.
  • Morfología ovárica poliquística: en adultas, un número de folículos por ovario ≥20 en al menos un ovario es el marcador ecográfico preferente. Cuando la tecnología es antigua o la calidad de imagen no permite un recuento adecuado, puede utilizarse un volumen ovárico ≥10 ml o un número de folículos por sección ≥10. La AMH sérica puede utilizarse en adultas como alternativa a la ecografía para definir este componente, pero no como prueba diagnóstica aislada y empleando puntos de corte específicos del método y de la población.

Cuando una mujer adulta presenta simultáneamente ciclos irregulares e hiperandrogenismo, no es necesario realizar ecografía ovárica ni solicitar AMH para establecer el diagnóstico. Si se necesita valorar el componente de morfología ovárica, debe elegirse ecografía o AMH, evitando utilizar ambas de forma rutinaria para reducir el riesgo de sobrediagnóstico.

En adolescentes el diagnóstico debe ser más restrictivo. Se requiere la coexistencia de irregularidad menstrual definida según el tiempo transcurrido desde la menarquia e hiperandrogenismo clínico y/o bioquímico, tras excluir otras causas. Durante el primer año postmenarquia la irregularidad menstrual puede formar parte de la transición puberal; entre 1 y <3 años postmenarquia se consideran anormales ciclos <21 o >45 días, y a partir de los 3 años se aplican los límites de la mujer adulta. Un ciclo de más de 90 días transcurrido el primer año postmenarquia también requiere valoración. Asimismo, debe considerarse anormal la amenorrea primaria a los 15 años o más de 3 años después de la telarquia.

La ecografía ovárica y la AMH no deben utilizarse para diagnosticar SOP en adolescentes. Si existe sólo uno de los dos componentes diagnósticos, puede considerarse a la adolescente “en riesgo” y realizar seguimiento y reevaluación posterior, evitando una etiqueta diagnóstica prematura.

La aplicación sistemática de estos criterios facilita la identificación temprana del SOP, reduce el sobrediagnóstico y permite orientar el tratamiento en función del fenotipo clínico predominante.

Evaluación Clínica del Hiperandrogenismo

La evaluación clínica del hiperandrogenismo debe iniciarse con una anamnesis dirigida y una exploración física cuidadosa, orientada a detectar hirsutismo, acné y alopecia de patrón femenino. En mujeres adultas, el hirsutismo por sí solo es un marcador clínico relevante de hiperandrogenismo; en cambio, el acné o la alopecia aislados son predictores menos específicos.

El hirsutismo se valora mediante el índice modificado de Ferriman-Gallwey. La guía de 2023 recomienda utilizar un umbral aproximado de 4–6 puntos, ajustado a la etnia, en lugar de aplicar de forma universal un punto de corte de 8. Debe tenerse en cuenta que muchas mujeres realizan depilación u otros tratamientos cosméticos, lo que puede reducir la expresión visible del hirsutismo; la percepción de la propia paciente sobre crecimiento de pelo no deseado también es clínicamente relevante.

El acné y la alopecia de patrón femenino deben evaluarse en su contexto clínico. Un hiperandrogenismo de inicio reciente, rápidamente progresivo, con virilización o con concentraciones de andrógenos marcadamente elevadas obliga a descartar causas distintas del SOP, incluidos tumores secretores de andrógenos.

Debe evaluarse además la regularidad menstrual y la duración del ciclo, como indicios de disfunción ovulatoria. La exploración clínica se complementa con datos antropométricos y con la valoración del riesgo metabólico y cardiovascular, evitando asumir que la ausencia de obesidad excluye complicaciones metabólicas.

Una evaluación sistemática y contextualizada facilita el diagnóstico diferencial y la selección de estudios complementarios apropiados.

Evaluación Bioquímica y Diagnósticos Diferenciales

La evaluación de laboratorio en mujeres con sospecha de SOP debe ser dirigida y orientada por la clínica. El objetivo es valorar el hiperandrogenismo bioquímico cuando sea necesario, excluir trastornos que pueden simular un SOP y evaluar el riesgo metabólico asociado.

1. Perfil hormonal androgénico

  • Testosterona total y libre: son las determinaciones de primera elección para evaluar hiperandrogenismo bioquímico. La testosterona libre puede estimarse mediante un índice androgénico libre calculado. Siempre que sea posible se prefieren métodos validados de espectrometría de masas en tándem (LC-MS/MS) para testosterona total.
  • Androstenediona y DHEAS: pueden considerarse si la testosterona total y libre no están elevadas, teniendo en cuenta su menor especificidad diagnóstica y, en el caso de DHEAS, su variación con la edad.
  • SHBG: puede utilizarse para el cálculo del índice androgénico libre. Los anticonceptivos hormonales combinados aumentan la SHBG y reducen la producción de andrógenos, por lo que dificultan la interpretación. Si la valoración bioquímica de andrógenos es imprescindible durante su uso, la guía aconseja retirar el anticonceptivo combinado durante al menos 3 meses y asegurar otro método anticonceptivo durante ese periodo.

2. Hormonas y pruebas para diagnóstico diferencial

  • Prueba de embarazo: cuando exista amenorrea o posibilidad de gestación.
  • Prolactina: para excluir hiperprolactinemia cuando proceda.
  • TSH: para excluir disfunción tiroidea.
  • FSH: considerar en la evaluación de amenorrea o irregularidad menstrual cuando sea necesario descartar otras causas de disfunción ovulatoria, especialmente insuficiencia ovárica primaria u otros trastornos del eje hipotálamo-hipófisis-ovario.
  • 17-OH progesterona: para descartar hiperplasia suprarrenal congénita no clásica, preferentemente en fase folicular cuando sea posible.
  • Evaluación de síndrome de Cushing: sólo ante datos clínicos sugestivos, mediante las pruebas recomendadas para esta entidad.

3. Perfil metabólico complementario

  • Estado glucémico: debe evaluarse al diagnóstico en todas las adultas y adolescentes con SOP, independientemente del IMC.
  • Sobrecarga oral de glucosa con 75 g (OGTT): es la prueba más precisa para valorar el estado glucémico en el SOP, independientemente del IMC. Si no puede realizarse, pueden emplearse glucemia en ayunas y/o HbA1c, reconociendo su menor precisión.
  • Insulinemia e índice HOMA: no se recomiendan de forma rutinaria para diagnosticar o monitorizar resistencia a la insulina en el SOP, ya que las determinaciones disponibles tienen utilidad clínica limitada.
  • Perfil lipídico: colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos al diagnóstico, independientemente de la edad y del IMC.
  • Función hepática y renal: valorar según el contexto clínico y los factores de riesgo coexistentes. La guía internacional de 2023 no establece un programa específico de cribado hepático universal por el solo diagnóstico de SOP.

El diagnóstico diferencial del SOP incluye hiperplasia suprarrenal congénita no clásica, hiperprolactinemia, disfunción tiroidea, síndrome de Cushing, tumores secretores de andrógenos, causas iatrogénicas y amenorrea hipotalámica funcional, entre otras entidades que deben considerarse según la presentación clínica.

Una evaluación bioquímica ordenada permite confirmar el diagnóstico y orientar correctamente el manejo, evitando pruebas innecesarias y reduciendo el riesgo de sobrediagnóstico.

Evaluación Comorbilidad y Riesgos Asociados

El SOP se asocia a comorbilidades metabólicas, cardiovasculares, psicológicas y reproductivas que requieren una valoración estructurada desde atención primaria.

1. Metabólicas

  • Alteraciones glucémicas y diabetes tipo 2: el riesgo está aumentado independientemente de la edad y del IMC. El estado glucémico debe evaluarse al diagnóstico y reevaluarse cada 1–3 años según los factores de riesgo individuales. La OGTT de 75 g es la prueba más precisa.
  • Resistencia a la insulina: es un componente fisiopatológico importante, pero las determinaciones rutinarias de insulina y los índices derivados no se recomiendan en la práctica clínica habitual.
  • Dislipidemia: realizar perfil lipídico completo al diagnóstico en todas las mujeres con SOP. La periodicidad posterior depende de los resultados iniciales y del riesgo cardiovascular global.
  • Enfermedad hepática metabólica: valorar según obesidad, diabetes, alteraciones metabólicas y otros factores de riesgo. La guía internacional de SOP de 2023 no establece un programa específico de cribado hepático universal por el solo diagnóstico de SOP.

2. Cardiovasculares

  • Considerar que las mujeres con SOP presentan mayor prevalencia de factores de riesgo cardiovascular, aunque el riesgo absoluto de eventos cardiovasculares en mujeres premenopáusicas sigue siendo bajo.
  • Medir la presión arterial anualmente y también al planificar un embarazo o solicitar tratamiento de fertilidad.
  • Identificar y tratar factores de riesgo modificables de acuerdo con las recomendaciones de prevención cardiovascular aplicables a la población general.

3. Salud mental

  • Depresión: realizar cribado en todas las adultas y adolescentes con SOP mediante herramientas validadas para el contexto asistencial.
  • Ansiedad: realizar cribado en todas las mujeres adultas con SOP mediante herramientas validadas.
  • Ante síntomas moderados o graves, realizar una evaluación clínica más completa, valorar riesgo de autolesión o suicidio y ofrecer tratamiento o derivación según proceda.
  • Considerar trastornos de la conducta alimentaria y alimentación desordenada independientemente del peso, especialmente durante intervenciones dirigidas al peso.

4. Otros

  • Apnea obstructiva del sueño: las mujeres con SOP presentan mayor prevalencia independientemente del IMC. Preguntar por ronquidos, sueño no reparador, somnolencia diurna o fatiga y estudiar específicamente a las pacientes sintomáticas.
  • Hiperplasia y cáncer endometrial: el riesgo está aumentado, aunque el riesgo absoluto de cáncer endometrial sigue siendo bajo y no se recomienda cribado rutinario. La amenorrea prolongada no tratada, el mayor peso, la diabetes tipo 2 y un endometrio persistentemente engrosado aumentan adicionalmente el riesgo. Las estrategias preventivas incluyen regulación del ciclo y tratamiento regular con progestágenos cuando esté indicado.

La evaluación estructurada de comorbilidades permite establecer un plan terapéutico integral, prevenir complicaciones a largo plazo y mejorar la calidad de vida de las pacientes con SOP.

Tratamiento según Objetivos Clínicos

El tratamiento del SOP debe individualizarse según el objetivo prioritario de la paciente: control menstrual, mejora de síntomas androgénicos, fertilidad, salud metabólica o calidad de vida. Se recomienda un enfoque compartido, escalonado y centrado en la paciente.

1. Intervenciones de estilo de vida

  • Estilo de vida saludable: debe recomendarse a todas las mujeres con SOP para mejorar la salud metabólica, la composición corporal y la calidad de vida, incluso aunque no se produzca pérdida de peso.
  • Actividad física: aplicar objetivos similares a los recomendados para la población general: 150–300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75–150 minutos de actividad vigorosa, además de fortalecimiento muscular en dos días no consecutivos por semana. En mujeres que desean una mayor pérdida de peso o prevenir su recuperación pueden ser necesarios volúmenes de actividad superiores.
  • Alimentación: no existe una composición dietética específica que haya demostrado ser superior para todas las mujeres con SOP. Debe promoverse un patrón saludable, sostenible y adaptado a las preferencias, objetivos y contexto clínico de la paciente.
  • Peso: en mujeres con exceso ponderal deben priorizarse la prevención de una mayor ganancia de peso y, cuando proceda, una pérdida de peso sostenible. Debe evitarse el estigma relacionado con el peso y reconocerse que existen beneficios del estilo de vida incluso sin reducción ponderal.

2. Manejo en mujeres sin deseo gestacional

  • Anticonceptivos hormonales combinados (AHC): pueden recomendarse como tratamiento farmacológico de primera línea para irregularidad menstrual y/o hirsutismo. No existe una preparación específica claramente superior; se prefieren dosis bajas de etinilestradiol cuando sean adecuadas, valorando contraindicaciones y riesgo cardiovascular y tromboembólico.
  • Antiandrógenos: pueden considerarse junto con anticoncepción eficaz cuando persiste el hirsutismo tras al menos 6 meses de AHC y/o tratamiento cosmético, o cuando otras terapias están contraindicadas o no se toleran. La espironolactona a dosis bajas o moderadas presenta un perfil de seguridad más favorable. Debe evitarse el uso rutinario de flutamida por su riesgo de hepatotoxicidad grave.
  • Metformina: debe considerarse especialmente en adultas con SOP e IMC ≥25 kg/m² para mejorar resultados antropométricos y metabólicos, incluidos glucosa y perfil lipídico. En mujeres con IMC <25 kg/m² puede considerarse en casos seleccionados, aunque la evidencia es más limitada. Su indicación no debe basarse en una cifra aislada de insulinemia o HOMA.
  • Tratamiento farmacológico de la obesidad: en adultas con mayor peso pueden considerarse, además del estilo de vida, fármacos antiobesidad de acuerdo con las recomendaciones aplicables a la población general. Los agonistas del receptor GLP-1 requieren anticoncepción eficaz cuando existe posibilidad de embarazo por la ausencia de datos suficientes de seguridad gestacional.

3. Manejo en mujeres con deseo gestacional

  • Letrozol: es el tratamiento farmacológico de primera elección para inducción de la ovulación en mujeres con SOP e infertilidad anovulatoria sin otros factores de infertilidad.
  • Citrato de clomifeno: constituye una alternativa y es más eficaz que metformina sola para mejorar ovulación, embarazo clínico y nacido vivo. Su uso se asocia con mayor riesgo de gestación múltiple y puede requerir monitorización ecográfica.
  • Metformina: puede utilizarse en infertilidad anovulatoria, pero debe informarse de que existen agentes inductores de la ovulación más eficaces. En determinadas situaciones puede combinarse con citrato de clomifeno.

Nota para España: aunque letrozol es el tratamiento farmacológico de primera elección recomendado internacionalmente para la infertilidad anovulatoria asociada a SOP sin otros factores de infertilidad, su utilización para inducción de la ovulación es actualmente un uso fuera de ficha técnica en España.

La elección del tratamiento debe estar centrada en la paciente, basada en sus objetivos, preferencias, características clínicas y perfil de riesgo. Debe fomentarse el seguimiento longitudinal y la toma de decisiones compartida.

Seguimiento a Largo Plazo

El SOP requiere seguimiento longitudinal en atención primaria para monitorizar síntomas, detectar comorbilidades y adaptar el tratamiento a las distintas etapas y objetivos de la paciente. La guía de 2023 no establece un calendario universal de visitas cada 3–6 meses seguido de controles anuales; la frecuencia debe individualizarse.

1. Parámetros a monitorizar

  • Menstruación y ovulación: frecuencia y regularidad del ciclo, prestando especial atención a periodos prolongados de amenorrea.
  • Signos clínicos de hiperandrogenismo: evolución de hirsutismo, acné y alopecia de patrón femenino. La repetición sistemática de andrógenos durante el seguimiento tiene un papel limitado.
  • Peso y otros parámetros antropométricos: según el contexto clínico, evitando el estigma relacionado con el peso y solicitando permiso antes de pesar cuando sea apropiado.
  • Presión arterial: al menos una vez al año.
  • Perfil lipídico: la frecuencia posterior al estudio inicial se individualiza según la presencia de dislipidemia y el riesgo cardiovascular global.
  • Metabolismo glucídico: reevaluar cada 1–3 años en función de los factores de riesgo. La OGTT de 75 g es la prueba más precisa. No se recomienda utilizar HOMA ni insulinemia como pruebas rutinarias de seguimiento.
  • Salud mental: cribado de depresión y ansiedad según las recomendaciones específicas y repetición basada en juicio clínico, factores de riesgo, comorbilidades y acontecimientos vitales.

2. Frecuencia recomendada de controles

  • Tras iniciar o modificar un tratamiento: programar controles según el tratamiento elegido, tolerabilidad, respuesta clínica y necesidad de monitorización.
  • Seguimiento estable: individualizar la frecuencia. Como referencias prácticas, la presión arterial se mide anualmente, el estado glucémico cada 1–3 años según riesgo y el perfil lipídico según los resultados y el riesgo cardiovascular global.

3. Adaptación terapéutica

Debe evaluarse la necesidad de ajustar tratamientos farmacológicos, intensificar intervenciones de estilo de vida o derivar a segundo nivel ante infertilidad que precise tratamiento especializado, hiperandrogenismo de inicio rápido o grave, sospecha de tumor, comorbilidades complejas o incertidumbre diagnóstica.

El seguimiento continuo debe favorecer la adherencia, la toma de decisiones compartida y la prevención de complicaciones, evitando medicalizar innecesariamente parámetros que no modifican la conducta clínica.

Aspectos Psicosociales y Calidad de Vida

El impacto del SOP va más allá de los síntomas físicos. Muchas mujeres experimentan una afectación significativa de la autoestima, la imagen corporal, la vida social y la salud mental. Por ello, el abordaje debe integrar sistemáticamente el componente psicosocial.

1. Salud mental

  • Depresión: realizar cribado en todas las adultas y adolescentes con SOP mediante herramientas validadas en el contexto asistencial.
  • Ansiedad: realizar cribado en todas las mujeres adultas con SOP.
  • Trastornos de la conducta alimentaria y alimentación desordenada: deben considerarse independientemente del peso, especialmente cuando se plantean intervenciones de control ponderal.
  • Herramientas como PHQ-9, GAD-7 o SCOFF pueden ser útiles cuando estén validadas y se integren en una evaluación clínica adecuada; un resultado positivo requiere valoración posterior, no constituye por sí mismo un diagnóstico.

2. Imagen corporal y autoestima

  • El hirsutismo, acné, cambios ponderales y alopecia pueden afectar de forma relevante la autoimagen corporal.
  • Debe preguntarse por el impacto percibido por la propia paciente y evitar minimizar los síntomas por su aparente escasa gravedad clínica.

3. Apoyo psicosocial

  • Ofrecer tratamiento psicológico basado en la evidencia cuando exista depresión, ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria, alteración relevante de la imagen corporal u otras dificultades psicológicas.
  • Fomentar la participación activa de la paciente, la educación sanitaria y la toma de decisiones compartida.

El componente psicosocial del SOP debe recibir la misma consideración clínica que los dominios reproductivo y metabólico. La atención centrada en la persona y la escucha activa fortalecen el vínculo terapéutico y mejoran la calidad del cuidado.

Casos Clínicos Prácticos

Los siguientes casos ilustran la variabilidad clínica del SOP y ofrecen ejemplos aplicables en el contexto de la atención primaria:

Caso 1: Adolescente con ciclos irregulares

Paciente de 15 años, menarquia a los 12 años, con ciclos persistentemente irregulares y episodios de amenorrea superiores a 90 días. Presenta hirsutismo clínico y se confirma hiperandrogenismo bioquímico tras excluir causas alternativas. No se realiza ecografía ovárica ni se utiliza AMH para el diagnóstico. Se establece el diagnóstico de SOP y se acuerdan educación sanitaria, intervención sobre estilo de vida y tratamiento sintomático según sus prioridades.

Caso 2: Mujer con hirsutismo y sobrepeso

Paciente de 28 años, IMC 31 kg/m², ciclos de 40–60 días y puntuación modificada de Ferriman-Gallwey compatible con hirsutismo. Presenta hiperandrogenismo bioquímico y se descartan otras causas. Se inicia AHC tras valorar contraindicaciones y riesgo cardiovascular. Por persistencia de hirsutismo después de 6 meses se añade espironolactona, manteniendo anticoncepción eficaz. Se evalúan de forma paralela riesgo metabólico y salud mental.

Caso 3: SOP e infertilidad

Paciente de 33 años con un año de búsqueda gestacional, oligomenorrea e hiperandrogenismo bioquímico, sin otros factores de infertilidad identificados. Se inicia letrozol como tratamiento farmacológico de primera elección para inducción de la ovulación. La metformina no se añade de forma automática por una supuesta “resistencia a la insulina”, sino que se valora según su perfil metabólico y las indicaciones clínicas. El seguimiento se centra en ovulación, embarazo y tolerabilidad del tratamiento.

Caso 4: SOP y riesgo metabólico elevado

Paciente de 35 años, antecedentes familiares de diabetes tipo 2, IMC 36 kg/m² y HbA1c 6,2 %. Presenta hirsutismo leve y anovulación. Se completa la evaluación glucémica —preferentemente con OGTT de 75 g cuando sea factible— y el perfil cardiovascular. Se acuerda una intervención estructurada sobre estilo de vida y se considera metformina por su elevado riesgo metabólico, junto con seguimiento individualizado y apoyo nutricional y psicológico cuando esté indicado.

Estos casos reflejan la necesidad de un enfoque individualizado, progresivo y centrado en la paciente, evitando tanto el sobrediagnóstico como la solicitud de pruebas que no modifican la conducta clínica.

Conclusiones

  • El SOP es una condición frecuente, compleja y multisistémica que debe abordarse de forma integral desde atención primaria.
  • La identificación precoz, basada en criterios diagnósticos actualizados, permite intervenir sobre comorbilidades y mejorar la calidad de vida.
  • El tratamiento debe individualizarse según los objetivos clínicos, combinando intervenciones sobre estilo de vida con terapias farmacológicas.
  • El seguimiento continuo, el apoyo psicosocial y la educación del paciente son fundamentales para el éxito terapéutico.
  • El médico de familia juega un rol clave en la coordinación asistencial y el acompañamiento longitudinal de las mujeres con SOP.

Reconocer el impacto del SOP en todos sus dominios (reproductivo, metabólico, psicológico) es esencial para ofrecer un cuidado centrado en la persona, eficaz y sostenible.

Bibliografía recomendada

  1. Teede HJ, Tay CT, Laven JJE, Dokras A, Moran LJ, Piltonen TT, et al. Recommendations from the 2023 International Evidence-based Guideline for the Assessment and Management of Polycystic Ovary Syndrome. Fertil Steril. 2023;120(4):767–793. doi:10.1016/j.fertnstert.2023.07.025. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37589624/
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  3. Fauser BCJM, Tarlatzis BC, Rebar RW, Legro RS, Balen AH, Lobo R, et al. Consensus on women's health aspects of polycystic ovary syndrome (PCOS): The Amsterdam ESHRE/ASRM-Sponsored 3rd PCOS Consensus Workshop Group. Fertil Steril. 2012;97(1):28–38.e25. doi:10.1016/j.fertnstert.2011.09.024. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/22153789/
  4. Legro RS, Arslanian SA, Ehrmann DA, Hoeger KM, Murad MH, Pasquali R, et al. Diagnosis and treatment of polycystic ovary syndrome: An Endocrine Society clinical practice guideline. J Clin Endocrinol Metab. 2013;98(12):4565–4592. Disponible en: https://academic.oup.com/jcem/article/98/12/4565/2833703
  5. Escobar-Morreale HF. Polycystic ovary syndrome: definition, aetiology, diagnosis and treatment. Nat Rev Endocrinol. 2018;14(5):270–284. Disponible en: https://www.nature.com/articles/nrendo.2018.24

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