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Sociedades Científicas Médicas: luces y sombras.

En España el fenómeno de las Academias y las Sociedades Científicas (SC) tiene su origen en el movimiento Novator y en la Ilustración. Aunque el termino Academia se utilizaba para denominar a centros de formación científica, generalmente orientados a la formación de nobles y oficiales del ejército, también se utilizaba junto con el de SC para denominar el fenómeno de tertulias cultas que surgió en distintas ciudades españolas y cuya primera institución formal en el campo de las ciencias fue la Regia Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla, creada en 1700. 


Las SC recibieron desde un principio, en mayor o menor medida, el mecenazgo de nobles o del propio estado, siendo la proliferación de SC hasta nuestros días ha sido más que notoria en todos los países, naciendo la mayoría de ellas al unísono de la creación de una nueva especialidad. En general los fines de las mismas son:
  • Promocionar y fomentar el progreso en un determinado ámbito de conocimiento o especialidad, divulgando e impulsando los conocimientos de la especialidad y sus principios.
  • Representar los intereses de sus miembros en el marco de las Leyes y ante los organismos de las administraciones públicas sanitarias, docentes y otros órganos o entidades nacionales e internacionales ya sean públicos o privados.
  • Servir de órgano informativo respecto de las funciones y fines de un especialidad, y realizar cuantas tareas se le encomienden, colaborando con entidades públicas o particulares mediante elaboración de estudios, informes o propuestas.
  • Procurar la armonía de los asociados y organizar actividades de carácter profesional (de investigación, formación, culturales, etc.) en orden a los fines anteriores, ya sea con carácter independiente o en colaboración con las administraciones públicas, instituciones sanitarias, Colegios de Médicos, Facultades de Medicina, otras SC, o entidades privadas.
  • Recabar el esfuerzo de los/as asociados/as y conseguir los medios necesarios para el mejor cumplimiento de los anteriores fines.
Estos nobles fines han colocado a las SC durante años en un puesto importante de liderazgo, contribuyendo notablemente al establecimiento de los estándares del ejercicio profesional de cada especialidad, desarrollando una importante labor de coordinación entre especialidades, de promoción de la formación y la investigación. Además, en las últimas décadas, algunas Sociedades Científicas comienzan también a desarrollar claramente acciones de información y educación de la población, aspectos todos ellos que redundan en una mejor atención a la población. Por ultimo, nada impide como el caso de otros países y como algunas SC españolas han comenzado a desarrollar, que las propias SC implanten procedimientos de evaluación periódica entre sus asociados y certifiquen la progresión competencial de los asociados que con carácter voluntario quisieran someterse a una recertificación, e incluso implementen criterios restrictivos de admisión de sus asociados en función de su curriculum. En mi opinión en la medida en que sea válida y rigurosa dicha recertificación, así será reconocida por la administración pública y entidades sanitarias privadas a la hora de establecer sus criterios de selección de personal, así como generadora de confianza para los propios ciudadanos.

Sin embargo, entre las amenazas más destacadas que surgen en el desarrollo de las SC cabe destacar las siguientes:
  • Los fines de determinada sociedad pueden desviar a defender la pervivencia de un determinado perfil profesional, o incluso la búsqueda de “poder” para la SC o de sus directivos, lo cual no siempre es beneficioso para la población, ya que el progreso científico puede llegar a diseñarse en función del prestigio de los miembros de la SC y no en beneficio de la población.
  • Las aportaciones de los socios pueden considerarse insuficientes para hacer frente a las necesidades económicas de una SC y por tanto, las fuentes de financiación pueden influir decisivamente en la orientación de las mismas. Así, un excesivo celo en obtener beneficios de patrocinadores puede llevar la SC a perder su independencia y rigor.
  • La desconexión entre los dirigentes de una SC y el conjunto de sus asociados puede conducir a líneas de trabajo muy alejadas de las necesidades del profesional y también alejadas de las necesidades de la población, si además no existe una estrecha colaboración con las asociaciones de usuarios.
  • Las actividades de las SC pueden caer en la inercia de lo que siempre se ha hecho, o de lo que hacen otros, más que en valorar la utilidad para el progreso científico del profesional o de la población a la que servimos.
Para contrarrestar dichas amenazas, es importante que los profesionales sanitarios afiliados a SC reflexionemos profundamente sobre determinadas cuestiones:

A) Misión de las Sociedades Científicas: ¿Centrada en la defensa del interés profesional o centrada en la atención y salud de la población?.

B) Mecanismos de financiación: ¿Financiación anárquica, sin respuesta a claros objetivos, y desequilibradas aportaciones de los socios en relación a los gastos de la sociedad, o financiación trasparente, en respuesta a unos objetivos y clara declaración de los conflictos de interés ante situaciones concretas que pueden surgir?

C) Resultados de la SC: ¿Aportaciones sociales útiles, basadas en objetivos relevantes y pruebas, o aportaciones irrelevantes, de interés exclusivo para el patrocinador, o grupo de poder?

D) Participación de los socios: ¿Participación de los socios democrática en la elección de la junta directiva y objetivos de la SC, o desinterés de los socios y nacimiento de lobbys de poder. Socios aceptados por sus méritos o socios aceptados para incrementar la financiación y servir a sus intereses?

En función de cómo cada SC responde a estas preguntas se coloca en una posición dentro del amplio espectro con el que nos enfrentamos. Resulta claro el enorme potencial y las importantes aportaciones que han realizado y pueden realizar las SC al bien público, pero nos encontramos con importantes oportunidades de mejora. Para avanzar en ese proceso las SC deberían reflexionar profundamente sobre cual es su misión, a quien sirven, y asumir que su mayor inversión de futuro es mantener la seriedad y el rigor científico de sus actos, declaraciones, propuestas y documentos. Ayudaría como punto esencial el que cada SC se asegurase una fuente de financiación equilibrada y suficiente para mantener su independencia respecto a los intereses privados y a la propia Administración Sanitaria. Esta independencia resulta esencial para promover su utilidad social. 

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