Uso prolongado de benzodiacepinas: cómo retirarlas sin fracasar
Guía práctica para retirar benzodiacepinas crónicas en Atención Primaria con algoritmo paso a paso, equivalencias y manejo del síndrome de abstinencia. Continen calculadora práctica y plan de retirada con equivalencias a diazepam
Índice
- Resumen estructurado
- Magnitud del problema en Atención Primaria
- Uso crónico, dependencia o trastorno por consumo
- Riesgos del mantenimiento prolongado
- ¿A quién debemos plantear retirada?
- Evaluación previa a la deprescripción
- Principios generales de retirada segura
- Algoritmo práctico con equivalencias (diazepam como pivote)
- Calculadora práctica y plan de retirada con equivalencias a diazepam
- Manejo del síndrome de abstinencia
- Insomnio y ansiedad durante la retirada
- Manejo del miedo al fracaso y entrevista motivacional
- Situaciones especiales: mayores y pacientes complejos
- Seguimiento y prevención de recaídas
- Perlas clínicas
- Casos clínicos ilustrativos
- Bibliografía recomendada
- Autoevaluación competencial- Guía práctica para retirar benzodiacepinas
1. Resumen estructurado
Introducción. El uso prolongado de benzodiacepinas es un problema frecuente en Atención Primaria. Aunque su indicación inicial suele ser ansiedad, insomnio o crisis situacionales, una parte significativa de los pacientes mantiene el tratamiento durante meses o años. La retirada brusca o mal planificada que frecuentemente se realiza se asocia a síntomas de abstinencia, ansiedad de rebote y fracaso terapéutico, lo que perpetúa el consumo.
Objetivo. Proporcionar una guía práctica, estructurada y aplicable en consulta para retirar benzodiacepinas en adultos, minimizando el riesgo de síndrome de abstinencia, recaída clínica o abandono del proceso.
Claves diagnósticas. Es esencial diferenciar entre:
- Uso crónico sin criterios de trastorno por consumo.
- Dependencia fisiológica con tolerancia.
- Trastorno por consumo de benzodiacepinas según criterios DSM-5-TR.
La evaluación debe incluir dosis actual, duración, tipo de benzodiacepina, comorbilidad psiquiátrica, consumo concomitante de alcohol u opioides y antecedentes de intentos previos de retirada.
Principios de retirada segura.
- Evitar la suspensión brusca tras más de 4 semanas de uso continuado.
- Preferir benzodiacepinas de vida media larga como fármaco pivote en pacientes tratados con compuestos de vida media corta.
- Reducir inicialmente un 5–10 % de la dosis y no superar descensos del 25 % cada 2 semanas en el ámbito ambulatorio, individualizando según tolerancia clínica.
- Tratar de forma concurrente ansiedad, insomnio o depresión subyacentes.
Manejo del síndrome de abstinencia. Los síntomas más frecuentes incluyen ansiedad, insomnio, irritabilidad, temblor, diaforesis y dificultad de concentración. En casos graves pueden aparecer crisis epilépticas. La aparición de síntomas obliga a ralentizar el descenso o regresar a la última dosis bien tolerada antes de continuar.
Situaciones especiales. En personas mayores el riesgo de deterioro cognitivo, caídas y fracturas es mayor, por lo que el balance beneficio-riesgo suele favorecer la retirada progresiva. En pacientes con comorbilidad psiquiátrica activa debe estabilizarse primero el trastorno de base.
Intervenciones psicosociales. La terapia cognitivo-conductual y las técnicas de entrevista motivacional aumentan la probabilidad de éxito y reducen el abandono.
Conclusión práctica. La retirada de benzodiacepinas en Atención Primaria es posible en la mayoría de los pacientes si se planifica de forma estructurada, se individualiza el ritmo de descenso y se acompaña de apoyo clínico y psicoeducativo. El fracaso no suele deberse a la estrategia farmacológica, sino a una preparación insuficiente del paciente o a la ausencia de manejo de los trastornos subyacentes.
2. Magnitud del problema en Atención Primaria
El uso prolongado de benzodiacepinas no es un fenómeno excepcional, sino una realidad cotidiana en la consulta de Atención Primaria. Aunque la indicación inicial suele ser legítima —ansiedad aguda, insomnio transitorio o crisis vitales— una proporción relevante de pacientes mantiene el tratamiento durante años.
2.1. Persistencia del tratamiento más allá de la indicación inicial
Los datos poblacionales muestran que, tras iniciar una benzodiacepina, aproximadamente un 15 % de los pacientes continúa utilizándola al año y alrededor del 3 % la mantiene incluso a los siete años. Esta cronificación no siempre implica trastorno por consumo, pero sí desarrollo de tolerancia y dependencia fisiológica.
La duración prolongada y las dosis elevadas se asocian a mayor riesgo de dependencia y mayor dificultad para la retirada. Además, las benzodiacepinas de vida media corta presentan mayor riesgo de síntomas de rebote y abandono del proceso de discontinuación.
2.2. Perfil del paciente en Atención Primaria
En la práctica clínica habitual encontramos tres perfiles predominantes:
- Paciente con insomnio crónico que mantiene hipnóticos durante años sin reevaluación estructurada.
- Paciente con trastorno de ansiedad parcialmente tratado, que incrementa progresivamente la dosis.
- Persona mayor polimedicada, con riesgo aumentado de caídas y deterioro cognitivo.
En mayores de 65 años, el uso se asocia a un incremento significativo del riesgo de fractura de cadera y deterioro cognitivo. Estos riesgos no dependen exclusivamente de la dosis, sino también de la duración del tratamiento.
2.3. Impacto clínico y asistencial
El mantenimiento prolongado implica:
- Mayor riesgo de caídas y fracturas.
- Deterioro cognitivo potencialmente reversible.
- Interacciones con opioides y alcohol, con riesgo de depresión respiratoria.
- Mayor mortalidad en algunos estudios observacionales.
Desde el punto de vista asistencial, la dependencia psicológica genera consultas repetidas, presión para renovación anticipada de recetas y resistencia a alternativas terapéuticas.
2.4. El reto real en consulta
El problema no es solo farmacológico, sino relacional. El miedo al rebote ansioso o al insomnio de retirada genera resistencia tanto en el paciente como en el profesional. La retirada fallida refuerza la percepción de que “no puede vivir sin la pastilla”, perpetuando el ciclo.
Por tanto, la magnitud del problema no se mide únicamente en número de recetas, sino en la dificultad práctica para deprescribir de forma segura y eficaz.
3. Uso crónico, dependencia o trastorno por consumo
En la práctica clínica es fundamental diferenciar tres situaciones que con frecuencia se confunden: uso crónico, dependencia fisiológica y trastorno por consumo de benzodiacepinas. Son situaciones distintas, aunque a veces coexisten. Diferenciarlas es clave porque no implican el mismo pronóstico ni requieren el mismo abordaje terapéutico.
3.1. Uso crónico sin trastorno por consumo
Se trata del paciente que mantiene una dosis estable, sin escalada progresiva, sin conductas de búsqueda compulsiva ni deterioro funcional asociado. No presenta craving, no solicita incrementos injustificados ni recurre a múltiples prescriptores.
En estos casos existe dependencia fisiológica (tolerancia y posible abstinencia si se suspende bruscamente), pero no necesariamente un patrón adictivo. La decisión de retirada debe basarse en balance beneficio-riesgo individual.
3.2. Dependencia fisiológica
La exposición continuada a benzodiacepinas produce adaptación neurobiológica a nivel del receptor GABA-A. Esta adaptación explica:
- La necesidad de dosis mayores para obtener el mismo efecto (tolerancia).
- La aparición de síntomas al reducir o suspender el fármaco (síndrome de abstinencia).
La dependencia puede desarrollarse tras varias semanas de uso regular. Por ello, cualquier tratamiento continuado más allá de 4 semanas debe retirarse de forma progresiva y supervisada.
3.3. Trastorno por consumo de benzodiacepinas
El trastorno por consumo implica un patrón problemático con deterioro o malestar clínicamente significativo. Según criterios DSM-5-TR, se requieren al menos dos de los siguientes en un periodo de 12 meses:
- Uso en mayor cantidad o durante más tiempo del previsto.
- Intentos fallidos de reducción.
- Craving o deseo intenso.
- Interferencia con obligaciones laborales o familiares.
- Uso en situaciones peligrosas.
- Tolerancia marcada o abstinencia.
En consulta, las señales de alerta incluyen:
- Solicitudes repetidas de renovación anticipada.
- Incremento progresivo de dosis sin indicación médica.
- Obtención de prescripciones de múltiples profesionales.
- Uso concomitante con alcohol u opioides.
El abordaje en estos casos requiere no solo retirada progresiva, sino evaluación estructurada de comorbilidades psiquiátricas y posible derivación a salud mental.
3.4. Importancia práctica de la diferenciación
Distinguir estos tres escenarios permite:
- Evitar etiquetar de “adicto” al paciente con uso crónico estable.
- Identificar precozmente conductas de riesgo.
- Seleccionar el ritmo y entorno adecuados para la retirada (ambulatorio vs. hospitalario).
En la mayoría de pacientes atendidos en Atención Primaria hablamos de dependencia fisiológica sobre uso crónico, no de trastorno por consumo grave. Esta distinción facilita una comunicación más empática y aumenta la adherencia al plan de retirada.
| Aspecto | Uso crónico | Dependencia fisiológica | Trastorno por consumo |
|---|---|---|---|
| Definición | Uso continuado durante meses o años, habitualmente con prescripción médica. | Adaptación neurobiológica con aparición de síntomas de abstinencia al reducir o suspender. | Patrón problemático de uso con deterioro clínicamente significativo (criterios DSM-5 / CIE-11). |
| Tolerancia | No necesariamente presente. | Frecuente. | Frecuente y progresiva. |
| Síndrome de abstinencia | Puede no existir. | Sí, al reducir o suspender. | Sí, habitualmente intenso. |
| Pérdida de control | No. | No necesariamente. | Sí, característica central. |
| Conducta compulsiva / búsqueda activa | No. | No. | Sí. |
| Abordaje en Atención Primaria | Reevaluar indicación y balance beneficio-riesgo. | Retirada gradual estructurada y educación sobre síntomas. | Abordaje adictivo estructurado y posible coordinación con Salud Mental. |
4. Riesgos del mantenimiento prolongado
El mantenimiento crónico de benzodiacepinas no es inocuo. Aunque algunos pacientes refieren estabilidad clínica durante años, la evidencia muestra que el uso prolongado se asocia a riesgos acumulativos que deben reevaluarse periódicamente en Atención Primaria.
4.1. Caídas y fracturas en personas mayores
En mayores de 65 años, las benzodiacepinas aumentan el riesgo de caídas y fractura de cadera. El efecto no depende exclusivamente de la dosis, sino también de la duración del tratamiento y de la presencia de comorbilidades (polifarmacia, trastornos del equilibrio, deterioro cognitivo).
Los metaanálisis muestran un incremento significativo del riesgo de fractura de cadera en usuarios de benzodiacepinas, incluso con exposiciones no muy prolongadas.
En este grupo etario, el balance beneficio-riesgo suele inclinarse hacia la retirada progresiva salvo indicación muy justificada.
4.2. Deterioro cognitivo
El uso crónico se asocia a:
- Disminución de velocidad de procesamiento.
- Dificultad de memoria reciente.
- Alteración de funciones ejecutivas.
Parte del deterioro puede ser reversible tras la retirada, especialmente en pacientes sin patología neurodegenerativa subyacente. En personas con fragilidad cognitiva, las benzodiacepinas pueden precipitar delirium o empeorar un deterioro previo.
4.3. Riesgo de sobredosis y combinación con opioides o alcohol
El uso concomitante con opioides o consumo significativo de alcohol incrementa el riesgo de depresión respiratoria y muerte por sobredosis. Esta combinación es especialmente relevante en pacientes con dolor crónico tratados con opioides o con trastorno por consumo de alcohol.
En Atención Primaria, esta asociación obliga a revisar sistemáticamente la coexistencia de ambos tratamientos.
4.4. Mortalidad y eventos adversos graves
Algunos estudios observacionales han mostrado asociación entre uso prolongado y mayor mortalidad global, aunque los resultados no son uniformes y pueden estar influenciados por factores de confusión. Aun así, el mantenimiento indefinido debe considerarse una intervención con riesgos conocidos, no un tratamiento neutro.
4.5. Efecto paradójico: el coste del intento de retirada
Un punto clínicamente relevante es que la retirada mal planificada también puede asociarse a eventos adversos, incluidos ansiedad intensa, consultas urgentes e incluso ideación suicida en pacientes vulnerables. Por ello, la deprescripción debe ser gradual, consensuada y estructurada.
El mensaje no es “retirar a cualquier precio”, sino “retirar cuando el riesgo supera al beneficio, con estrategia adecuada”.
5. ¿A quién debemos plantear retirada?
No todos los pacientes que toman benzodiacepinas deben suspenderlas de forma inmediata. La decisión de retirada debe individualizarse, valorando indicación actual, duración, riesgos acumulados y preferencias del paciente. Sin embargo, existen situaciones clínicas en las que la deprescripción debe plantearse activamente.
5.1. Uso prolongado más allá de la indicación inicial
Debe considerarse retirada cuando:
- El tratamiento se ha mantenido más de 8–12 semanas sin reevaluación estructurada.
- La indicación inicial (insomnio reactivo, crisis ansiosa situacional) ya no está presente.
- No existe evidencia de beneficio funcional mantenido.
La tolerancia farmacológica suele desarrollarse tras pocas semanas de uso continuado, por lo que la persistencia del tratamiento rara vez aporta el mismo beneficio inicial.
5.2. Personas mayores
En mayores de 65 años, la retirada debe plantearse de forma sistemática salvo contraindicación clara. Factores que refuerzan la indicación:
- Antecedentes de caídas.
- Deterioro cognitivo leve o progresivo.
- Polimedicación con fármacos sedantes.
- Fragilidad o riesgo de fractura.
En este grupo, el riesgo suele superar el beneficio clínico sostenido.
5.3. Pacientes con comorbilidad relevante
Debe considerarse retirada prioritaria en:
- Tratamiento concomitante con opioides.
- Consumo significativo de alcohol.
- Trastornos respiratorios (EPOC avanzada, SAHS).
- Trastornos del equilibrio o enfermedad neurológica.
La combinación con opioides aumenta el riesgo de depresión respiratoria y eventos fatales .
5.4. Conductas de riesgo o pérdida de control
Debe plantearse retirada estructurada cuando existan señales de alarma:
- Incremento progresivo de dosis sin indicación médica.
- Solicitudes repetidas de renovación anticipada.
- Obtención de prescripciones de múltiples facultativos.
- Uso en situaciones peligrosas (conducción, trabajo de riesgo).
En estos casos es necesario descartar trastorno por consumo y valorar coordinación con salud mental.
5.5. Motivación del paciente
La indicación también puede surgir del propio paciente, especialmente cuando refiere:
- Deseo de reducir medicación.
- Preocupación por dependencia.
- Sensación de pérdida de eficacia.
- Efectos adversos cognitivos o somnolencia diurna.
La motivación intrínseca mejora significativamente la probabilidad de éxito.
5.6. Cuándo no forzar la retirada inmediata
No debe iniciarse retirada sin planificación cuando:
- Existe depresión mayor no estabilizada.
- Hay trastorno de ansiedad grave no tratado adecuadamente.
- Se atraviesa una crisis vital significativa.
En estos casos es preferible estabilizar primero el trastorno de base antes de iniciar el descenso.
Mensaje clave: La retirada no debe plantearse como una imposición, sino como una estrategia de reducción de riesgo consensuada y planificada.
6. Evaluación previa a la deprescripción
Antes de iniciar la retirada de una benzodiacepina es imprescindible realizar una evaluación estructurada. Una reducción mal planificada es la principal causa de fracaso terapéutico. En Atención Primaria, esta fase puede resolverse en una o dos consultas si se aborda de forma sistemática.
6.1. Confirmar indicación actual
Debemos responder a tres preguntas básicas:
- ¿Existe aún la indicación clínica inicial?
- ¿Se ha intentado tratamiento etiológico del trastorno subyacente?
- ¿El paciente obtiene beneficio funcional real o solo evita malestar de abstinencia?
Es frecuente que el beneficio percibido sea en realidad prevención de síntomas de rebote, no tratamiento activo del trastorno de base.
6.2. Caracterizar el patrón de consumo
Debe registrarse de forma explícita:
- Nombre del fármaco y forma farmacéutica.
- Dosis total diaria real (no solo la prescrita).
- Duración del tratamiento.
- Intentos previos de retirada y motivos de fracaso.
- Consumo concomitante de alcohol u otros depresores del SNC.
La duración prolongada y las dosis elevadas se asocian a mayor riesgo de dependencia y mayor dificultad de retirada.
6.3. Evaluar comorbilidad psiquiátrica
Es esencial descartar o estabilizar previamente:
- Trastorno depresivo mayor.
- Trastorno de ansiedad generalizada.
- Insomnio crónico primario.
- Trastorno por consumo de alcohol u otras sustancias.
La retirada en presencia de depresión activa o ansiedad no tratada aumenta significativamente la probabilidad de abandono del proceso .
6.4. Evaluar riesgo de abstinencia grave
Factores que incrementan riesgo de complicaciones:
- Dosis altas equivalentes a >40–50 mg de diazepam diarios.
- Uso prolongado superior a 6–12 meses.
- Historia previa de crisis convulsivas.
- Uso concomitante de alcohol.
En estos casos puede requerirse un descenso más lento o incluso valoración hospitalaria.
6.5. Valorar contexto y momento clínico
No es recomendable iniciar retirada durante:
- Procesos vitales estresantes intensos.
- Descompensación médica aguda.
- Inestabilidad psiquiátrica.
Elegir el momento adecuado es una intervención terapéutica en sí misma.
6.6. Explorar expectativas y miedos
Antes de iniciar el descenso debe explorarse explícitamente:
- ¿Qué teme el paciente que ocurra si reduce la dosis?
- ¿Ha tenido experiencias previas negativas?
- ¿Qué considera un “fracaso”?
Muchos pacientes temen el rebote insomne o ansioso más que la abstinencia física. Identificar estas creencias permitirá abordarlas en el plan de retirada.
6.7. Establecer objetivos compartidos
Es recomendable pactar:
- Ritmo aproximado de descenso.
- Posibilidad de pausas si aparecen síntomas.
- Seguimiento programado (semanal o quincenal).
- Plan alternativo para ansiedad o insomnio.
Mensaje clave: la retirada comienza antes de reducir la primera dosis. Una buena evaluación inicial reduce el riesgo de abandono y aumenta la adherencia al plan terapéutico.
7. Principios generales de retirada segura
La retirada de benzodiacepinas no consiste únicamente en reducir dosis. Es un proceso clínico estructurado cuyo éxito depende del ritmo, la elección del fármaco, la monitorización y el acompañamiento terapéutico. Estos principios deben aplicarse de forma sistemática en Atención Primaria.
7.1. Nunca suspender bruscamente tras uso continuado
La suspensión brusca tras más de 4 semanas de tratamiento regular puede desencadenar síndrome de abstinencia, que en casos graves incluye crisis convulsivas. Por ello, cualquier retirada debe ser progresiva y supervisada.
7.2. Preferencia por benzodiacepinas de vida media larga
En pacientes tratados con compuestos de vida media corta (por ejemplo, alprazolam o lorazepam), suele ser recomendable convertir previamente a una benzodiacepina de vida media larga como diazepam.
Las benzodiacepinas de vida media larga presentan:
- Menor intensidad de síntomas de rebote.
- Descenso plasmático más gradual.
- Menor tasa de abandono del proceso.
Aunque la evidencia no demuestra superioridad absoluta, los compuestos de vida media corta se asocian a mayor ansiedad de rebote y síntomas de abstinencia más intensos.
7.3. Ritmo de reducción ambulatorio
En el ámbito ambulatorio, el descenso debe individualizarse, pero de forma orientativa:
- Reducción inicial del 5–10 % de la dosis total diaria.
- No superar reducciones del 25 % cada 2 semanas.
- En tratamientos prolongados (>3–6 meses), preferir ritmos más lentos.
En fases finales (cuando se alcanza aproximadamente el 25 % de la dosis inicial), puede ser necesario enlentecer aún más el descenso para evitar incremento de síntomas.
7.4. Individualización del proceso
No todos los pacientes toleran el mismo ritmo. Factores que obligan a descensos más lentos:
- Dosis elevadas iniciales.
- Uso prolongado de varios años.
- Comorbilidad psiquiátrica.
- Intentos previos fallidos.
Ante síntomas de abstinencia significativos, es preferible regresar a la última dosis bien tolerada y reiniciar el descenso de forma más gradual.
7.5. Monitorización clínica
Durante el proceso se debe vigilar:
- Ansiedad y síntomas autonómicos.
- Insomnio de rebote.
- Irritabilidad o labilidad emocional.
- Signos neurológicos (temblor, hiperreflexia).
En Atención Primaria suele ser suficiente seguimiento semanal o quincenal, ajustando prescripciones a intervalos cortos para evitar sobreuso.
7.6. Tratar el trastorno de base
La retirada fracasa con frecuencia cuando no se aborda el motivo original de prescripción. Es fundamental:
- Optimizar antidepresivos si existe depresión.
- Iniciar o reforzar tratamiento del trastorno de ansiedad.
- Aplicar medidas de higiene del sueño o terapia cognitivo-conductual para insomnio.
La intervención psicosocial combinada con el descenso farmacológico aumenta las tasas de éxito.
7.7. Establecer un plan flexible pero estructurado
El paciente debe conocer:
- Que pueden aparecer síntomas transitorios.
- Que las pausas no significan fracaso.
- Que el objetivo es reducir riesgo a largo plazo, no eliminar malestar de forma inmediata.
Mensaje clave: la retirada segura no es rápida, pero sí predecible cuando se aplica un ritmo gradual, se elige adecuadamente el fármaco pivote y se acompaña de apoyo clínico continuado.
8. Algoritmo práctico con equivalencias (diazepam como pivote)
El uso de una benzodiacepina de vida media larga como diazepam facilita una retirada más estable y predecible. Su semivida prolongada permite descensos graduales con menor intensidad de síntomas de rebote. Este algoritmo está diseñado para su aplicación directa en consulta de Atención Primaria.
8.1. Paso 1 — Calcular dosis equivalente en diazepam
En pacientes que toman benzodiacepinas de vida media corta o intermedia, el primer paso consiste en convertir la dosis total diaria a equivalentes de diazepam.
| Fármaco | Equivalencia aproximada | Vida media (orientativa) | Comentario clínico relevante |
|---|---|---|---|
| Diazepam | 10 mg = 10 mg | 20–50 h (metabolitos hasta 200 h) | Fármaco pivote en retirada por vida media larga y niveles plasmáticos estables. |
| Alprazolam | 0,5 mg ≈ 10 mg diazepam | 10–15 h | Alta potencia, retirada más sintomática; recomendable pivotar a diazepam. |
| Lorazepam | 1 mg ≈ 10 mg diazepam | 12–15 h | Frecuente en mayores; retirada gradual imprescindible. |
| Clonazepam | 0,5 mg ≈ 10 mg diazepam | 18–50 h | Vida media intermedia-larga; retirada algo más sencilla que alprazolam. |
| Bromazepam | 6 mg ≈ 10 mg diazepam | 10–20 h | Muy prescrito en España; potencia intermedia. |
| Lormetazepam | 1 mg ≈ 10 mg diazepam | 8–12 h | Hipnótico frecuente; mayor riesgo de rebote si retirada brusca. |
| Temazepam | 20 mg ≈ 10 mg diazepam | 8–15 h | Uso principalmente hipnótico. |
| Oxazepam | 30 mg ≈ 10 mg diazepam | 5–15 h | Menor acumulación; útil en hepatopatía leve-moderada. |
| Clordiazepóxido | 25 mg ≈ 10 mg diazepam | 5–30 h (metabolitos activos) | Vida media larga; menos utilizado actualmente en AP. |
Abreviaturas: h = horas. Las equivalencias son aproximadas y deben individualizarse clínicamente. Datos basados en farmacología comparativa publicada en UpToDate.
8.2 Paso 2— Estratificación del riesgo antes de iniciar la retirada
Identificar pacientes de alto riesgo modifica el ritmo, la intensidad y el seguimiento.
| Categoría | Criterios de alto riesgo | Implicación clínica |
|---|---|---|
| Edad y fragilidad |
≥ 75 años Fragilidad clínica Sarcopenia Dependencia funcional |
Mayor riesgo de delirium, caídas y descompensación. Reducir más lento y vigilar estrechamente. |
| Dosis y duración |
≥ 30–40 mg/día equivalentes de diazepam Uso > 5–10 años Escalada por tolerancia |
Mayor dependencia fisiológica. Intervalos más largos (3–4 semanas). |
| Alta potencia / vida media corta |
Alprazolam Lormetazepam Lorazepam en varias tomas |
Mayor riesgo de rebote. Recomendable pivotar a diazepam antes de iniciar descenso. |
| Antecedentes neurológicos |
Historia de convulsiones Epilepsia Lesión cerebral estructural |
Evitar retirada rápida. Considerar coordinación especializada. |
| Trastorno psiquiátrico activo |
Trastorno de pánico grave Depresión mayor activa Ideación suicida Trastorno bipolar |
Requiere estabilización previa y seguimiento estrecho. |
| Policonsumo |
Alcohol Opioides Consumo problemático de sustancias |
Mayor riesgo de síndrome mixto. Descenso prudente. |
| Retirada fallida previa |
Intentos previos con síntomas intensos Abandono precoz |
Plan más lento y con apoyo motivacional estructurado. |
Abreviaturas: mg/día = miligramos al día.
8.3. Paso 3 — Sustitución progresiva (si procede)
Si el paciente utiliza una benzodiacepina de vida media corta, puede realizarse:
- Sustitución directa por la dosis equivalente total diaria de diazepam.
- O sustitución progresiva en 1–2 semanas, reemplazando una toma cada 3–4 días.
La elección depende de tolerancia y preferencia del paciente.
8.4. Paso 4 — Inicio del descenso
Una vez estabilizado en diazepam equivalente:
- Reducir 5–10 % de la dosis total diaria en el primer descenso.
- Posteriormente reducir hasta un máximo del 25 % cada 2 semanas.
- En tratamientos prolongados (>6–12 meses), preferir reducciones más lentas (5 % cada 2–4 semanas).
Cuando se alcanza aproximadamente el 25 % de la dosis inicial, suele ser necesario ralentizar el descenso.
8.5. Paso 5 — Ajuste según síntomas
Si aparecen síntomas de abstinencia relevantes:
- Regresar a la última dosis bien tolerada.
- Mantener 1–2 semanas.
- Reanudar descenso a ritmo más lento.
Las pausas no deben considerarse fracaso, sino parte del proceso.
8.5. Ejemplo práctico
Caso: paciente en tratamiento con alprazolam 0,5 mg cada 8 horas (1,5 mg/día).
- Equivalencia aproximada: 1,5 mg alprazolam ≈ 15 mg diazepam.
- Se inicia diazepam 15 mg/día repartido en 2–3 tomas.
- Tras estabilización una semana, reducir a 13,5 mg (–10 %).
- Continuar descenso progresivo cada 2 semanas.
- En fases finales (≤5 mg/día), pueden requerirse reducciones de 1 mg cada 2–4 semanas.
Mensaje clave: la estabilidad del proceso depende más del ritmo que de la rapidez. El objetivo no es terminar antes, sino terminar bien.
9. Calculadora práctica y plan de retirada con equivalencias a diazepam
10. Manejo del síndrome de abstinencia
El síndrome de abstinencia es el principal motivo de fracaso en la retirada de benzodiacepinas. Reconocerlo, anticiparlo y explicarlo al paciente reduce el abandono del proceso y evita medicalizaciones innecesarias.
10.1. Rebote vs. abstinencia: no es lo mismo
Es fundamental distinguir:
- Rebote: reaparición transitoria y amplificada del síntoma original (ansiedad o insomnio), habitualmente dentro de los primeros días tras el descenso.
- Abstinencia: conjunto de síntomas autonómicos y neurológicos derivados de la adaptación neurobiológica al fármaco.
El rebote suele durar pocos días y responde a soporte y medidas no farmacológicas. La abstinencia puede ser más persistente y requerir ajuste del ritmo de descenso.
10.2. Síntomas frecuentes
Los síntomas más habituales incluyen:
- Ansiedad e irritabilidad.
- Insomnio.
- Temblor fino distal.
- Sudoración palmar.
- Palpitaciones.
- Dificultad de concentración.
En casos menos frecuentes pueden aparecer síntomas perceptivos (hipersensibilidad sensorial) o despersonalización.
10.3. Síntomas de alarma
Requieren valoración urgente:
- Crisis convulsivas.
- Confusión o delirium.
- Agitación grave.
- Ideación suicida intensa.
El riesgo aumenta con dosis altas, uso prolongado y retirada brusca.
10.4. Estrategia práctica ante síntomas leves-moderados
En la mayoría de los casos en Atención Primaria:
- Reasegurar al paciente explicando la naturaleza transitoria del cuadro.
- Mantener la dosis actual durante 1–2 semanas adicionales si es necesario.
- Reiniciar descenso a ritmo más lento (por ejemplo, 5 % cada 2–4 semanas).
Volver a la última dosis bien tolerada es preferible a acelerar la retirada y precipitar abandono.
10.5. Manejo del insomnio de retirada
El insomnio es uno de los síntomas más temidos. Estrategias recomendadas:
- Refuerzo de higiene del sueño.
- Terapia cognitivo-conductual para insomnio (si disponible).
- Evitar sustitución por “Z-drugs” de forma sistemática.
En casos seleccionados pueden considerarse alternativas no benzodiacepínicas (trazodona (50-150 mg) o mirtazapina (7.5-30 mg)), individualizando riesgos y beneficios.
10.6. Manejo de la ansiedad durante el descenso
Si existe trastorno de ansiedad de base:
- Optimizar tratamiento antidepresivo (ISRS o IRSN).
- Reforzar psicoterapia si está disponible.
- Evitar escaladas intermitentes de benzodiacepina.
La retirada sin abordar el trastorno subyacente aumenta significativamente la tasa de recaída .
10.7. ¿Cuándo derivar o considerar ingreso?
Debe valorarse manejo hospitalario cuando:
- Existen antecedentes de convulsiones.
- La dosis inicial es muy elevada (>80–100 mg equivalentes de diazepam).
- Hay consumo concomitante importante de alcohol.
- Fracasan múltiples intentos ambulatorios.
10.8. Mensaje para el paciente
Una explicación clara reduce la ansiedad anticipatoria: “Lo que puede notar no significa que su enfermedad vuelva peor, sino que su cuerpo se está adaptando. Iremos despacio y ajustaremos el ritmo si es necesario.”
Mensaje clave: la mayoría de los síntomas de abstinencia son manejables en Atención Primaria si el descenso es gradual, flexible y acompañado de seguimiento estrecho.
11. Insomnio y ansiedad durante la retirada
El miedo a la reaparición del insomnio o de la ansiedad es la principal barrera para iniciar y mantener la retirada de benzodiacepinas. En muchos casos, el paciente no teme la abstinencia física, sino el retorno del malestar que motivó la prescripción inicial.
La clave clínica no es solo reducir la dosis, sino sustituir la función terapéutica que el paciente atribuye al fármaco.
11.1. Insomnio de rebote vs. insomnio crónico
El insomnio de rebote aparece típicamente en los primeros días tras el descenso y suele ser transitorio. No implica necesariamente recaída del trastorno original.
Es importante explicar al paciente que:
- Puede haber 3–7 noches de peor calidad de sueño.
- El sueño tiende a autorregularse progresivamente.
- No debe compensarse aumentando dosis intermitentemente.
11.2. Intervenciones no farmacológicas (primera línea)
En Atención Primaria deben reforzarse sistemáticamente:
- Higiene del sueño estructurada.
- Restricción del tiempo en cama si procede.
- Control de estímulos (evitar uso de pantallas nocturnas).
- Rutinas horarias consistentes.
La terapia cognitivo-conductual para insomnio (CBT-I) es la intervención con mayor evidencia y aumenta las tasas de éxito en la retirada :contentReference[oaicite:0]{index=0}.
11.3. Alternativas farmacológicas en casos seleccionados
Si el insomnio persiste y compromete el proceso de retirada, pueden considerarse de forma individualizada:
- Agonistas melatoninérgicos.
- Antagonistas duales de orexina.
- Antidepresivos (trazodona (50-150 mg); mirtazapina (7.5-30 mg); doxepina (Sinequan 25 mg) (25-50mg ))
Debe evitarse la sustitución sistemática por hipnóticos no benzodiacepínicos (Z-drugs), ya que comparten mecanismos y riesgo de dependencia.
11.4. Ansiedad durante el descenso
La ansiedad puede tener tres orígenes:
- Rebote transitorio.
- Abstinencia fisiológica.
- Trastorno de ansiedad de base insuficientemente tratado.
La estrategia dependerá de la causa predominante.
10.5. Optimización del tratamiento del trastorno de base
Si existe diagnóstico de trastorno de ansiedad:
- Optimizar inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) o IRSN.
- Considerar buspirona o pregabalina en casos seleccionados.
- Reforzar psicoterapia si está disponible.
La retirada sin estabilizar el trastorno subyacente aumenta la probabilidad de recaída.
10.6. Técnicas breves aplicables en consulta
Intervenciones breves útiles en Atención Primaria:
- Psicoeducación sobre ansiedad anticipatoria.
- Técnicas de respiración diafragmática.
- Normalización de síntomas transitorios.
- Planificación de “pausas controladas” en el descenso si es necesario.
10.7. Error frecuente
Uno de los errores más habituales es interpretar cualquier aumento de ansiedad como “fracaso del plan”. En realidad, fluctuaciones leves son esperables y forman parte del proceso adaptativo.
Mensaje clave: el éxito de la retirada depende tanto del manejo del insomnio y la ansiedad como del ritmo de descenso farmacológico.
12. Manejo del miedo al fracaso y entrevista motivacional
En la retirada de benzodiacepinas, el principal obstáculo no suele ser farmacológico, sino psicológico. El miedo al fracaso —del paciente y, en ocasiones, del propio profesional— condiciona la adherencia al plan terapéutico.
Muchos pacientes no temen la abstinencia física, sino la posibilidad de “volver a estar como antes” o “no poder dormir nunca más”. Abordar explícitamente estos temores es una intervención terapéutica en sí misma.
12.1. Identificar creencias nucleares
Antes de iniciar el descenso, es útil explorar:
- ¿Qué cree que ocurrirá si reduce la medicación?
- ¿Qué experiencias previas ha tenido al intentarlo?
- ¿Qué significaría para usted que el proceso no saliera bien?
Estas preguntas permiten diferenciar miedo anticipatorio de experiencias reales previas de abstinencia.
12.2. Reencuadre del concepto de “fracaso”
En el contexto de la deprescripción, el fracaso no es necesitar una pausa o ajustar el ritmo. Fracaso sería abandonar definitivamente el intento por falta de planificación o apoyo.
Es útil explicitar al paciente que:
- El proceso puede incluir retrocesos temporales.
- Las pausas forman parte del plan.
- El objetivo es reducir riesgo a largo plazo, no eliminar todo malestar inmediato.
12.3. Elementos básicos de entrevista motivacional
La entrevista motivacional se basa en cuatro principios aplicables en consulta breve:
- Expresar empatía: validar la dificultad del proceso.
- Desarrollar discrepancia: contrastar el deseo de bienestar con los riesgos del uso prolongado.
- Evitar confrontación directa.
- Apoyar la autoeficacia: reforzar intentos previos y capacidades personales.
12.4. Técnicas prácticas en consulta de 10–15 minutos
- Escucha reflexiva breve: “Entiendo que le preocupe no poder dormir si bajamos la dosis”.
- Escala de motivación (0–10): “¿Qué puntuación daría a su deseo de reducir la medicación?”
- Explorar ventajas y desventajas del mantenimiento actual.
- Acordar un descenso pequeño como “experimento clínico controlado”.
Plantear el primer descenso como prueba reversible reduce la ansiedad anticipatoria.
12.5. Manejo del profesional ante su propio temor
El clínico puede temer:
- Descompensación ansiosa grave.
- Incremento de consultas urgentes.
- Deterioro de la relación médico-paciente.
Una estrategia estructurada y seguimiento programado disminuyen estos riesgos. La retirada improvisada es lo que realmente aumenta la probabilidad de complicaciones.
12.6. Frases útiles en consulta
- “No vamos a quitar nada de golpe. Iremos paso a paso y ajustaremos si es necesario.”
- “Reducir no significa que tenga que pasarlo mal. Si aparece malestar, lo abordaremos.”
- “El objetivo no es sufrir menos esta semana, sino tener menos riesgo en los próximos años.”
12.7. Señales de buena alianza terapéutica
- El paciente acepta un primer descenso pequeño.
- Acude a revisiones programadas.
- Comunica síntomas sin ocultarlos.
Mensaje clave: el éxito de la retirada depende más de la alianza terapéutica que de la velocidad del descenso. Cuando el paciente entiende el proceso y se siente acompañado, la tasa de éxito aumenta de forma significativa.
13. Situaciones especiales: mayores y pacientes complejos
No todos los pacientes toleran el mismo ritmo de retirada ni presentan el mismo perfil de riesgo. En Atención Primaria es especialmente relevante adaptar la estrategia en personas mayores y en pacientes con comorbilidad significativa.
13.1. Personas mayores (>65 años)
En este grupo el balance beneficio-riesgo suele inclinarse hacia la retirada, debido al aumento de:
- Riesgo de caídas y fracturas.
- Deterioro cognitivo.
- Delirium ante procesos intercurrentes.
- Interacciones farmacológicas.
Recomendaciones prácticas:
- Ritmo de descenso más lento (5 % cada 2–4 semanas).
- Evitar reducciones bruscas al final del proceso.
- Revisar toda la medicación concomitante con efecto sedante.
- Coordinar con familiares o cuidadores cuando sea necesario.
En pacientes frágiles, el objetivo puede ser reducción significativa aunque no se alcance retirada completa.
13.2. Polimedicación
La presencia de múltiples fármacos sedantes (opioides, antihistamínicos, antipsicóticos, hipnóticos) aumenta el riesgo de efectos adversos acumulativos.
En estos casos es recomendable:
- Revisar el conjunto del tratamiento, no solo la benzodiacepina.
- Priorizar la retirada del fármaco con peor perfil beneficio-riesgo.
- Evitar añadir nuevos sedantes como “compensación”.
13.3. Pacientes con trastorno depresivo o ansioso activo
No debe iniciarse retirada sin estabilizar previamente el trastorno de base. Estrategias recomendadas:
- Optimizar antidepresivo durante 4–6 semanas antes de iniciar descenso.
- Reforzar psicoterapia si está disponible.
- Programar seguimiento más estrecho.
La retirada en contexto de descompensación activa aumenta el riesgo de abandono .
13.4. Uso concomitante de opioides
La combinación benzodiacepinas-opioides incrementa significativamente el riesgo de depresión respiratoria y mortalidad :contentReference[oaicite:1]{index=1}.
En estos pacientes:
- La retirada de benzodiacepina debe considerarse prioritaria.
- El descenso debe ser prudente pero decidido.
- Puede requerir coordinación con unidades de dolor o salud mental.
13.5. Consumo significativo de alcohol
El alcohol potencia el efecto depresor del sistema nervioso central y aumenta el riesgo de abstinencia complicada. En estos casos:
- Evaluar posible trastorno por consumo de alcohol.
- Considerar derivación a programas específicos si procede.
- Evitar retirada brusca simultánea de ambas sustancias sin supervisión especializada.
13.6. Historia previa de convulsiones
Pacientes con antecedentes de crisis epilépticas o abstinencias complicadas requieren:
- Descensos más lentos.
- Valoración especializada si la dosis inicial es elevada.
- Considerar entorno hospitalario si existen factores de riesgo adicionales.
13.7. Objetivo realista en pacientes complejos
No siempre es necesario alcanzar retirada completa. En algunos pacientes:
- Reducir dosis a la mitad ya disminuye riesgo significativamente.
- Eliminar tomas diurnas puede mejorar funcionalidad.
- Reducir polifarmacia es un objetivo clínico relevante aunque persista dosis mínima nocturna.
Mensaje clave: en pacientes complejos, la retirada no es un proceso estandarizado. La individualización y la priorización del riesgo global son más importantes que la velocidad del descenso.
14. Seguimiento y prevención de recaídas
La retirada de benzodiacepinas no termina cuando se alcanza la dosis cero. El periodo posterior es especialmente vulnerable a recaídas, sobre todo si reaparecen factores estresantes o no se ha tratado adecuadamente el trastorno de base.
14.1. Frecuencia de seguimiento
Durante el descenso:
- Revisión semanal o quincenal en fases iniciales.
- Control mensual en fases finales o si el ritmo es muy lento.
Tras la retirada completa:
- Revisión a las 4–6 semanas.
- Seguimiento trimestral durante el primer año si existe antecedente de uso prolongado.
El seguimiento programado reduce la probabilidad de reintroducción no supervisada del fármaco.
14.2. Señales tempranas de recaída
Es importante advertir al paciente sobre signos que deben motivar consulta precoz:
- Insomnio persistente más allá de 2–3 semanas.
- Ansiedad progresiva con deterioro funcional.
- Búsqueda activa de medicación por otras vías.
- Incremento del consumo de alcohol.
Detectar precozmente estos indicadores permite intervenir antes de que se reinstaure el tratamiento crónico.
14.3. Estrategias para consolidar el cambio
- Reforzar logros conseguidos (“lleva tres meses sin benzodiacepinas”).
- Registrar mejoras objetivas (menos somnolencia, mayor claridad mental).
- Revisar periódicamente estrategias de manejo de ansiedad e insomnio.
La consolidación del cambio requiere reforzar la autoeficacia del paciente.
14.4. Qué hacer ante una recaída puntual
Una recaída aislada no equivale a fracaso global. Puede abordarse mediante:
- Uso puntual y limitado en el tiempo con plan explícito de suspensión.
- Refuerzo intensivo de medidas no farmacológicas.
- Reevaluación del trastorno de base.
La reintroducción indefinida sin planificación debe evitarse, ya que reinstala el patrón crónico.
14.5. Prevención secundaria
En pacientes con antecedente de uso prolongado:
- Evitar prescripciones “a demanda” sin seguimiento.
- Documentar claramente en historia clínica la retirada previa.
- Priorizar alternativas no benzodiacepínicas ante nuevos episodios de ansiedad o insomnio.
14.6. Objetivo a largo plazo
El objetivo final no es únicamente la suspensión del fármaco, sino:
- Reducción sostenida de riesgo.
- Mejor funcionalidad diurna.
- Autonomía en el manejo de ansiedad e insomnio.
Mensaje clave: la prevención de recaídas comienza antes de la última dosis y continúa durante los meses posteriores. El seguimiento estructurado es una intervención terapéutica tan importante como el descenso farmacológico.
15. Perlas clínicas
- No todo uso prolongado es adicción. La mayoría de pacientes en Atención Primaria presentan dependencia fisiológica sobre uso crónico, no trastorno por consumo.
- El error más frecuente es ir demasiado rápido. Reducir 5–10 % suele ser mejor estrategia que descensos bruscos del 25–50 %.
- Las benzodiacepinas de vida media corta producen más rebote. Convertir a diazepam facilita una retirada más estable.
- El insomnio de los primeros días no implica recaída. Suele ser fenómeno de rebote transitorio.
- Las pausas no son fracaso. Volver a la última dosis tolerada forma parte del proceso.
- En mayores, reducir ya es beneficio. No siempre es imprescindible llegar a dosis cero si el riesgo disminuye significativamente.
- No sustituir sistemáticamente por Z-drugs. Comparten mecanismo y potencial de dependencia.
- El tratamiento del trastorno de base es imprescindible. La retirada aislada sin optimizar ansiedad o depresión aumenta la tasa de recaída.
- El seguimiento programado evita recaídas silenciosas. La revisión tras la retirada es tan importante como el descenso.
- La alianza terapéutica es el principal predictor de éxito. La confianza reduce el miedo anticipatorio y mejora adherencia.
16. Casos clínicos ilustrativos
Los siguientes casos reflejan situaciones frecuentes en Atención Primaria y permiten aplicar el algoritmo y las estrategias descritas previamente.
16.1. Caso 1 — Insomnio crónico en mujer de 58 años
Antecedentes: mujer de 58 años, sin patología psiquiátrica diagnosticada, en tratamiento con lorazepam 1 mg nocturno desde hace 6 años por insomnio reactivo tras fallecimiento de familiar.
Situación actual: refiere que “sin la pastilla no duerme nada”. No presenta síntomas depresivos significativos. No antecedentes de caídas.
Intervención:
- Psicoeducación sobre insomnio de rebote.
- Conversión aproximada a diazepam 5 mg nocturnos.
- Reducción inicial del 10 % cada 2 semanas.
- Refuerzo intensivo de higiene del sueño.
Evolución: insomnio leve las dos primeras semanas, tolerable. Retirada completa en 4 meses.
Perla clínica: el miedo al insomnio era mayor que la intensidad real del rebote.
16.2. Caso 2 — Varón de 72 años con polimedicación
Antecedentes: hipertensión, diabetes tipo 2, artrosis. En tratamiento con alprazolam 0,5 mg cada 8 horas desde hace 4 años por ansiedad crónica.
Situación actual: refiere somnolencia diurna y dos caídas en el último año. En tratamiento concomitante con opioide menor por dolor crónico.
Intervención:
- Conversión a diazepam equivalente (≈15 mg/día).
- Descenso muy gradual (5 % cada 3–4 semanas).
- Optimización de tratamiento antidepresivo ya pautado.
- Coordinación con familiar cuidador.
Evolución: reducción del 50 % en 6 meses, con mejoría de somnolencia y sin nuevas caídas.
Perla clínica: en mayores frágiles, reducir ya es un beneficio clínico relevante aunque no se alcance retirada completa.
16.3. Caso 3 — Intentos previos fallidos
Antecedentes: mujer de 45 años con trastorno de ansiedad generalizada, en tratamiento con clonazepam 0,5 mg cada 12 horas desde hace 3 años. Dos intentos previos de retirada con reaparición intensa de ansiedad.
Situación actual: ansiedad parcialmente controlada, sin psicoterapia activa.
Intervención:
- Optimización de ISRS durante 6 semanas antes de iniciar descenso.
- Inicio de terapia cognitivo-conductual.
- Conversión a diazepam equivalente.
- Descenso del 5 % cada 2–4 semanas.
Evolución: retirada completa en 8 meses, con ansiedad controlada.
Perla clínica: el fracaso previo no era farmacológico, sino falta de estabilización del trastorno de base.
16.4. Caso 4 — Consumo concomitante de alcohol
Antecedentes: varón de 60 años, consumo diario de alcohol moderado-alto, en tratamiento con lorazepam 2 mg/día.
Situación actual: solicita aumentar dosis por ansiedad nocturna.
Intervención:
- Evaluación estructurada de consumo de alcohol.
- Derivación coordinada para manejo de trastorno por consumo.
- Descenso muy progresivo de benzodiacepina tras estabilización.
Perla clínica: no debe iniciarse retirada simultánea no supervisada de benzodiacepina y alcohol en pacientes de alto riesgo.
Conclusión de los casos: el éxito de la retirada depende menos del fármaco concreto y más de la planificación, la individualización del ritmo y la estabilidad del trastorno subyacente.
17. Bibliografía recomendada
- Soyka M. Treatment of benzodiazepine dependence. N Engl J Med. 2017;376(12):1147–1157. doi:10.1056/NEJMra1611832. Disponible en: https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMra1611832
- Brett J, Murnion B. Management of benzodiazepine misuse and dependence. Aust Prescr. 2015;38(5):152–155. doi:10.18773/austprescr.2015.055. Disponible en: https://www.nps.org.au/australian-prescriber/articles/management-of-benzodiazepine-misuse-and-dependence
- Pottie K, Thompson W, Davies S, et al. Deprescribing benzodiazepine receptor agonists: Evidence-based clinical practice guideline. Can Fam Physician. 2018;64(5):339–351. Disponible en: https://www.cfp.ca/content/64/5/339
- Lader M. Benzodiazepines revisited—will we ever learn? Addiction. 2011;106(12):2086–2109. doi:10.1111/j.1360-0443.2011.03563.x. Disponible en: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1360-0443.2011.03563.x
- American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. 5th ed., text revision (DSM-5-TR). Washington, DC: APA; 2022.
- Schuckit MA, Greenfield SF. Benzodiazepine withdrawal. UpToDate. Actualización 2025. Disponible en: https://www.uptodate.com (requiere login)
18. Autoevaluación competencial- Uso prolongado de benzodiacepinas: cómo retirarlas sin fracasar.
El objetivo no es examinar, sino favorecer la reflexión clínica y detectar áreas de mejora en el tema que se aborda en el artículo.
Instrucciones: completa los tres bloques. En los bloques 1 y 2 selecciona una respuesta por pregunta y pulsa Corregir. En el bloque 3 realiza tu autoevaluación personal.
Bloque 1 — Conocimientos 10 preguntas
1. ¿Cuál es el principal riesgo de suspensión brusca tras uso prolongado?
La retirada brusca puede desencadenar síndrome de abstinencia grave con convulsiones.
2. Ritmo inicial recomendado en retirada ambulatoria:
Se recomienda reducción inicial del 5–10 %, individualizando.
3. Principal ventaja del diazepam como pivote:
La vida media prolongada reduce intensidad del rebote.
4. En mayores, el riesgo más relevante asociado a benzodiacepinas es:
Aumentan riesgo de caídas y fractura de cadera.
5. El insomnio inicial tras descenso suele corresponder a:
Suele ser fenómeno de rebote autolimitado.
6. ¿Qué aumenta el riesgo de abstinencia complicada?
Dosis altas y retirada brusca incrementan riesgo convulsivo.
7. En ansiedad activa no tratada antes del descenso, lo prioritario es:
La retirada sin estabilización aumenta recaídas.
8. La combinación con opioides aumenta principalmente el riesgo de:
La combinación potencia depresión del SNC.
9. Una pausa temporal en el descenso debe interpretarse como:
Las pausas forman parte de un descenso flexible.
10. El principal predictor de éxito en la retirada es:
La alianza terapéutica es determinante.
Bloque 2 — Habilidades clínicas 3 microcasos
Microcaso 1. Mujer 62 años, lorazepam 1 mg nocturno desde hace 5 años por insomnio. Desea reducir.
La conversión a vida media larga facilita un descenso más estable y con menos rebote.
Microcaso 2. Varón 70 años, alprazolam 0,5 mg cada 8 h, antecedentes de dos caídas recientes.
En mayores con caídas, reducir riesgo global es prioritario mediante descenso estructurado.
Microcaso 3. Paciente con ansiedad generalizada activa y clonazepam crónico. Solicita retirada.
La retirada sin estabilización del trastorno de base aumenta riesgo de recaída y abandono.
Bloque 3 — Actitudes profesionales (Mini-CEX)
Escala 1–5: 1 = nunca · 2 = rara vez · 3 = a veces · 4 = casi siempre · 5 = siempre
| Ítem | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 |
|---|---|---|---|---|---|
| Exploro de forma explícita los miedos del paciente antes de iniciar retirada | |||||
| Planifico un descenso individualizado y flexible | |||||
| Reevalúo y trato activamente el trastorno de base antes y durante la retirada | |||||
| Evito la inercia terapéutica y programo seguimiento estructurado | |||||
| Integro el concepto de reducción de riesgo a largo plazo en la toma de decisiones |
Total: — / 25
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