Trastornos de ansiedad en Atención Primaria: diagnóstico y tratamiento práctico

Diagnóstico y tratamiento práctico de los trastornos de ansiedad en Atención Primaria, con enfoque clínico, farmacológico y seguimiento.

Índice de contenidos


1. Resumen estructurado para la consulta

Idea clave: los trastornos de ansiedad son muy frecuentes en Atención Primaria, pero rara vez se presentan como un cuadro psiquiátrico “puro”. Lo habitual es que se presenten en la consulta a través de síntomas somáticos —palpitaciones, opresión torácica, disnea subjetiva, mareo, molestias digestivas, insomnio o cansancio persistente— o mediante un relato inespecífico de tensión, preocupación o incapacidad para “desconectar”. El reto clínico consiste en reconocer cuándo estamos ante una ansiedad patológica, cuándo puede tratarse de una respuesta adaptativa al estrés y cuándo los síntomas obligan a descartar patología médica, efectos farmacológicos o consumo de sustancias.

Qué conviene identificar desde el inicio: duración del cuadro, grado de desproporción respecto al desencadenante, dificultad para controlar la preocupación, presencia de evitación, interferencia funcional, consumo de cafeína/alcohol/cannabis, etc. y comorbilidad como depresión o insomnio. Deben considerarse señales de alerta como inicio tardío sin antecedentes, pérdida de peso, síntomas progresivos, síncope, focalidad neurológica o datos sugestivos de hipertiroidismo, arritmia o retirada de sustancias.

Cómo orientar el manejo: en ansiedad leve, la base es la psicoeducación, la explicación del círculo ansiedad–síntoma–miedo, las medidas no farmacológicas y el seguimiento. En ansiedad moderada o grave, o si existe deterioro funcional relevante, suelen estar indicadas intervenciones psicológicas estructuradas y/o tratamiento farmacológico de base con ISRS o IRSN, iniciando con dosis bajas y explicando la latencia de respuesta. Las benzodiacepinas, si se utilizan, deben reservarse para situaciones concretas, a dosis mínimas, durante el menor tiempo posible y con plan de retirada desde el principio.

Mensaje práctico final: en Atención Primaria, el abordaje de la ansiedad no consiste solo en aliviar síntomas, sino en evitar la cronificación, reducir la iatrogenia diagnóstica y acompañar al paciente en la recuperación funcional. Una entrevista clínica ordenada, un diagnóstico diferencial prudente y un seguimiento programado marcan la diferencia.

Trastornos de ansiedad en Atención Primaria

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2. Conceptos clave: qué entendemos por ansiedad patológica

Los trastornos de ansiedad constituyen uno de los motivos de consulta más frecuentes en Atención Primaria (AP) y una causa importante de malestar psicológico, deterioro funcional y consumo de recursos sanitarios. Su elevada prevalencia, presentación clínica heterogénea y el solapamiento con síntomas somáticos hacen que el médico de familia ocupe una posición clave en su detección, diagnóstico inicial y manejo longitudinal.

En la práctica diaria, una proporción relevante de pacientes con ansiedad clínicamente significativa permanece infradiagnosticada o se canaliza bajo etiquetas inespecíficas (p. ej., insomnio, mareo, dolor torácico atípico, síntomas digestivos funcionales, cefalea, astenia). Esta realidad contribuye tanto al sobrediagnóstico orgánico (con pruebas repetidas de bajo rendimiento) como a la cronificación del malestar emocional.

La ansiedad es una respuesta emocional normal y adaptativa ante situaciones percibidas como amenazantes o estresantes. Desde el punto de vista fisiológico, activa mecanismos de alerta que preparan al organismo para la acción. En este sentido, la ansiedad normal cumple una función protectora y es universal.

Sin embargo, hablamos de ansiedad patológica cuando esta respuesta pierde su carácter adaptativo y se convierte en una fuente de malestar clínicamente significativo, interferencia funcional o sufrimiento persistente. La clave no es la presencia de ansiedad en sí misma, sino su intensidad, duración, desproporción respecto al estímulo y repercusión en la vida diaria.

En Atención Primaria resulta fundamental diferenciar entre:

  • Ansiedad normal o reactiva: transitoria, proporcional a un estresor identificable (duelo, problemas laborales, enfermedad médica reciente) y con preservación global del funcionamiento.
  • Ansiedad patológica: persistente, excesiva o difícil de controlar, con síntomas cognitivos, emocionales, conductuales y somáticos, y con impacto funcional relevante.

La ansiedad patológica suele manifestarse mediante una combinación variable de:

  • Síntomas cognitivos: preocupación excesiva, anticipación negativa, rumiación, miedo a perder el control o a enfermar.
  • Síntomas emocionales: sensación persistente de tensión, inquietud, nerviosismo o miedo.
  • Síntomas somáticos: palpitaciones, disnea subjetiva, opresión torácica, temblor, sudoración, molestias digestivas, mareo o cefalea.
  • Síntomas conductuales: evitación de situaciones temidas, búsqueda reiterada de seguridad o consultas médicas repetidas.

Un elemento central para considerar la ansiedad como trastorno clínico es la dificultad para controlar la preocupación o el miedo, incluso cuando el propio paciente reconoce su carácter excesivo. Esta pérdida de control subjetivo suele ser el detonante de la consulta médica.

Desde una perspectiva práctica en AP, más allá de las clasificaciones diagnósticas estrictas, resulta útil plantearse tres preguntas clave:

  • ¿La ansiedad es desproporcionada o persistente en el tiempo?
  • ¿Interfiere de forma significativa con la vida personal, laboral o social del paciente?
  • ¿Condiciona conductas evitativas, consumo de fármacos o uso reiterado del sistema sanitario?

Cuando la respuesta a una o más de estas preguntas es afirmativa, debemos considerar la presencia de un trastorno de ansiedad y avanzar hacia una evaluación clínica estructurada, evitando tanto la banalización del síntoma como la medicalización innecesaria.

TABLA 1. Ansiedad normal vs ansiedad patológica

Característica Ansiedad normal / reactiva Ansiedad patológica
Desencadenante Identificable, proporcional Ausente, persistente o desproporcionado
Duración Transitoria Prolongada (> semanas/meses)
Control subjetivo Parcial o adecuado Dificultad clara para controlarla
Impacto funcional Escaso o nulo Interfiere con vida diaria
Conductas evitativas No habituales Frecuentes
Necesidad de tratamiento No suele requerirlo Sí, según gravedad

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3. Clasificación de los trastornos de ansiedad: enfoque práctico para Atención Primaria

En la consulta de Atención Primaria, la ansiedad se presenta con frecuencia de forma solapada (síntomas mixtos, comorbilidad con depresión, somatización, insomnio). Aun así, disponer de una clasificación clara ayuda a ordenar el diagnóstico diferencial, anticipar el curso clínico y escoger el tratamiento más adecuado.

Desde un punto de vista clínico, es útil combinar dos niveles de clasificación: (1) diagnósticos sindrómicos (para orientar el manejo) y (2) etiología/contexto (para evitar errores).

3.1. Principales trastornos de ansiedad (los más relevantes en AP)

  • Trastorno de ansiedad generalizada (TAG): preocupación excesiva y difícil de controlar, persistente, con síntomas somáticos (tensión, fatiga, irritabilidad, insomnio). Suele ser crónico y se asocia a alta comorbilidad.
  • Trastorno de pánico (± agorafobia): crisis de pánico recurrentes e inesperadas, con miedo anticipatorio y cambios conductuales (evitación, consultas repetidas). Puede simular patología cardiopulmonar.
  • Trastorno de ansiedad social: miedo intenso al escrutinio, a la humillación o a la evaluación negativa en situaciones sociales o de desempeño; conduce a evitación y deterioro funcional.
  • Fobias específicas: miedo marcado y desproporcionado a un objeto o situación concreta (p. ej., volar, alturas, sangre-inyecciones), con evitación. En AP se detectan a menudo por conductas de evitación o crisis situacionales.

3.2. Otros trastornos relacionados con ansiedad que pueden aparecer en AP

  • Agorafobia: miedo/evitación de lugares o situaciones donde escapar podría ser difícil o no hubiera ayuda disponible si aparecen síntomas intensos de ansiedad. Puede coexistir con pánico o presentarse de forma independiente.
  • Ansiedad por procedimientos o fobia a procedimientos clínicos: miedo intenso y persistente ante actos sanitarios (p. ej., extracciones, inyecciones, endoscopias), con evitación o necesidad de medidas específicas.
  • Trastornos obsesivo-compulsivo y relacionados / trauma y estrés: no se clasifican como “trastornos de ansiedad” en algunas clasificaciones modernas, pero con frecuencia se presentan en AP como ansiedad prominente (y exigen un enfoque propio).

3.3. Clasificación etiológica útil para no equivocarse (muy AP)

Además del “nombre” del trastorno, en AP conviene etiquetar la ansiedad según su contexto clínico porque cambia el manejo:

  • Ansiedad primaria: el trastorno de ansiedad es el problema principal (TAG, pánico, ansiedad social, etc.).
  • Ansiedad secundaria a enfermedad médica: p. ej., hipertiroidismo, arritmias, asma/EPOC descompensada, anemia significativa, hipoglucemia, feocromocitoma (raro), trastornos vestibulares, dolor crónico. La clave es sospecharlo cuando hay inicio tardío, signos objetivos o síntomas atípicos.
  • Ansiedad inducida por sustancias/medicación: cafeína, nicotina, cocaína/anfetaminas, cannabis; y fármacos como simpaticomiméticos, corticoides, algunos broncodilatadores, hormona tiroidea en exceso, retirada de benzodiacepinas/alcohol, etc.
  • Ansiedad comórbida: coexiste con depresión, insomnio, trastornos por consumo de sustancias o trastornos de personalidad, y suele asociar peor pronóstico si no se aborda de forma integrada.

3.4. Cómo usar esta clasificación en la práctica (regla clínica rápida)

  • Primero, identifica el “fenotipo”: preocupación persistente (TAG), crisis paroxísticas (pánico), evitación social (ansiedad social), miedo circunscrito (fobia).
  • Después, descarta o confirma “contexto”: enfermedad médica, sustancias, medicación y comorbilidades relevantes.
  • Por último, decide el nivel de intervención: psicoeducación y seguimiento, intervención psicológica estructurada, farmacoterapia, o derivación.

TABLA 2. Principales trastornos de ansiedad: claves diagnósticas

Trastorno Síntoma nuclear Curso típico Clave práctica en AP
Ansiedad generalizada (TAG) Preocupación excesiva persistente Crónico, fluctuante Insomnio + tensión + rumiación
Trastorno de pánico Crisis paroxísticas intensas Episódico Consulta por “urgencias médicas”
Ansiedad social Miedo al juicio externo Estable Evitación social/laboral
Fobia específica Miedo circunscrito Situacional Funciona bien fuera del estímulo

En los siguientes epígrafes entraremos en la presentación clínica típica en AP, la anamnesis dirigida y el diagnóstico diferencial para minimizar tanto el infradiagnóstico como la medicalización innecesaria.

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4. Presentación clínica de los trastornos de ansiedad en Atención Primaria

En Atención Primaria, los trastornos de ansiedad rara vez se presentan de forma “pura” o con un relato psicopatológico clásico. Lo habitual es una presentación clínica inespecífica, fluctuante y centrada en síntomas físicos, lo que explica tanto el infradiagnóstico como el uso excesivo de pruebas complementarias.

El motivo de consulta inicial suele expresarse en términos somáticos o funcionales, y solo una anamnesis dirigida permite identificar la ansiedad como eje central del problema.

4.1. Motivos de consulta más frecuentes

  • Palpitaciones, opresión torácica, dolor precordial atípico.
  • Disnea subjetiva, sensación de falta de aire o “nudo en la garganta”.
  • Mareo, inestabilidad, sensación de desmayo.
  • Molestias digestivas funcionales: náuseas, distensión abdominal, diarrea o dolor abdominal.
  • Insomnio de conciliación o de mantenimiento.
  • Astenia persistente, cefalea tensional, dolores musculares.
  • Consultas reiteradas por síntomas cambiantes sin hallazgos objetivos.

En estos contextos, la ansiedad suele emerger de forma indirecta, tras explorar el impacto del síntoma, la preocupación asociada y las conductas de evitación o búsqueda de seguridad.

4.2. Síntomas nucleares de ansiedad en la entrevista clínica

Más allá del motivo de consulta explícito, los trastornos de ansiedad comparten una serie de síntomas nucleares que deben explorarse de forma sistemática:

  • Preocupación excesiva o miedo persistente, difícil de controlar, que ocupa gran parte del tiempo mental del paciente.
  • Hipervigilancia corporal y atención selectiva a sensaciones físicas normales, interpretadas como peligrosas.
  • Síntomas vegetativos: taquicardia, sudoración, temblor, tensión muscular, molestias gastrointestinales.
  • Conductas evitativas: evitar actividades, lugares, situaciones sociales o esfuerzos físicos por miedo a empeorar.
  • Búsqueda de seguridad: consultas repetidas, pruebas diagnósticas, dependencia de fármacos “de rescate” o de la presencia de terceros.

4.3. Patrones clínicos orientativos según el subtipo

  • Ansiedad generalizada: preocupación constante y múltiple (salud, trabajo, familia), con insomnio, fatiga, irritabilidad y tensión muscular.
  • Trastorno de pánico: crisis bruscas e intensas con síntomas autonómicos, miedo a morir o perder el control, y ansiedad anticipatoria posterior.
  • Ansiedad social: miedo al juicio externo, rubor, temblor, bloqueo cognitivo y evitación de exposiciones sociales o laborales.
  • Fobias específicas: ansiedad intensa y predecible ante un estímulo concreto, con evitación clara y funcionamiento normal fuera de esa situación.

4.4. Señales de alerta en la presentación clínica

Determinadas características obligan a extremar la cautela y ampliar la evaluación antes de atribuir los síntomas a un trastorno de ansiedad:

  • Inicio de síntomas después de los 40–50 años sin antecedentes psiquiátricos.
  • Síntomas progresivos, nocturnos o con signos objetivos asociados.
  • Pérdida de peso no intencionada, fiebre, anemia, alteraciones neurológicas.
  • Escasa variabilidad situacional o ausencia de relación con el estrés.
  • Consumo reciente o retirada de sustancias o medicación potencialmente implicadas.

Reconocer los patrones habituales de presentación clínica de la ansiedad en Atención Primaria permite acortar el tiempo hasta el diagnóstico, reducir la iatrogenia diagnóstica y establecer una alianza terapéutica precoz con el paciente.

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5. Anamnesis dirigida y exploración clínica en los trastornos de ansiedad

El diagnóstico de los trastornos de ansiedad en Atención Primaria es fundamentalmente clínico. Una anamnesis bien estructurada permite identificar la ansiedad patológica, establecer el diagnóstico diferencial inicial y evitar tanto la infravaloración del problema como la realización de pruebas innecesarias.

El objetivo de la entrevista no es “poner una etiqueta” de forma inmediata, sino comprender el patrón de síntomas, su impacto funcional y el contexto clínico en el que aparecen.

5.1. Anamnesis: elementos clave que deben explorarse

  • Motivo de consulta y relato espontáneo: cómo describe el paciente sus síntomas, qué es lo que más le preocupa y qué teme que esté ocurriendo.
  • Inicio y evolución: comienzo brusco o insidioso, duración de los síntomas, fluctuación, episodios paroxísticos o ansiedad persistente.
  • Desencadenantes y contexto: relación con situaciones concretas, estrés vital, enfermedad médica, cambios recientes o procedimientos sanitarios.
  • Síntomas acompañantes: vegetativos, cognitivos, conductuales y del estado de ánimo, incluyendo síntomas depresivos.
  • Repercusión funcional: impacto en el trabajo, estudios, relaciones sociales, ocio y autocuidado.
  • Conductas de evitación y búsqueda de seguridad: actividades evitadas, uso de fármacos “de rescate”, consultas reiteradas o dependencia de terceros.
  • Antecedentes personales y familiares: trastornos de ansiedad, depresión, consumo de sustancias o intentos previos de tratamiento.
  • Consumo de sustancias y medicación: cafeína, alcohol, nicotina, cannabis, estimulantes y fármacos potencialmente ansiógenos o su retirada.

5.2. Preguntas clínicas útiles en la consulta

Algunas preguntas abiertas y directas facilitan la identificación de ansiedad patológica:

  • “¿Se pasa gran parte del día preocupado o en tensión, aunque intente evitarlo?”
  • “¿Hay situaciones que evita por miedo a que le ocurra algo?”
  • “Cuando aparecen los síntomas, ¿qué es lo peor que piensa que puede pasar?”
  • “¿Los síntomas le limitan para hacer su vida normal?”
  • “¿Qué hace para sentirse más tranquilo cuando esto aparece?”

5.3. Exploración física: qué buscar y qué esperar

La exploración física en los trastornos de ansiedad suele ser normal, pero cumple una función clave: descartar patología médica relevante y reforzar la confianza diagnóstica.

  • Constantes vitales: tensión arterial, frecuencia cardiaca, temperatura y peso (buscar cambios no explicados).
  • Exploración cardiopulmonar: para descartar patología estructural evidente.
  • Exploración neurológica básica: nivel de conciencia, focalidad, marcha.
  • Exploración tiroidea y signos endocrinos: temblor fino, bocio, pérdida de peso, intolerancia al calor.

Hallazgos normales en un paciente con síntomas intensos deben interpretarse como un dato clínico a favor de ansiedad, siempre que la evolución y el contexto sean coherentes.

5.4. Señales de alarma durante la anamnesis y exploración

La presencia de alguno de los siguientes elementos obliga a ampliar el estudio antes de atribuir los síntomas a un trastorno de ansiedad:

  • Inicio de síntomas en edades atípicas sin antecedentes.
  • Empeoramiento progresivo o síntomas continuos sin fluctuación.
  • Síntomas nocturnos, fiebre, pérdida de peso o anemia.
  • Alteraciones neurológicas, síncope, dolor torácico típico.
  • Relación temporal clara con fármacos o sustancias.

Una anamnesis dirigida, empática y estructurada es la herramienta más eficaz para el diagnóstico correcto de los trastornos de ansiedad en Atención Primaria y sienta las bases de una relación terapéutica sólida.

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6. Diagnóstico diferencial en Atención Primaria: “ansiedad… ¿o algo más?”

En Atención Primaria, el diagnóstico diferencial es el punto crítico: muchos síntomas de ansiedad (palpitaciones, disnea subjetiva, opresión torácica, mareo, temblor, molestias digestivas) pueden ser expresión de patología médica, de efectos farmacológicos o de otros trastornos mentales. La clave es evitar dos errores frecuentes: atribuir todo a ansiedad sin valorar señales de alarma y, en el extremo opuesto, medicalizar la ansiedad con pruebas repetidas de bajo rendimiento.

6.1. Diagnóstico diferencial con patología médica (lo imprescindible)

Debemos sospechar causa médica cuando hay inicio tardío, curso progresivo, ausencia de relación con el contexto emocional, signos objetivos o síntomas “atípicos” para ansiedad.

  • Cardiovascular: arritmias (p. ej., fibrilación auricular paroxística, TSV), cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca; considerar si hay síncope, dolor torácico típico, disnea de esfuerzo o hallazgos en ECG.
  • Respiratorio: asma/EPOC mal controladas, embolia pulmonar (si clínica compatible), hiperventilación secundaria; atención si hay hipoxemia, sibilancias objetivas, hemoptisis o dolor pleurítico con riesgo trombótico.
  • Endocrino-metabólico: hipertiroidismo, hipoglucemia, feocromocitoma (raro), hipercortisolismo; sospechar si hay pérdida de peso, intolerancia al calor, diarrea, temblor fino, bocio o crisis hipertensivas.
  • Hematológico: anemia significativa (disnea, palpitaciones, astenia desproporcionada).
  • Neurológico/otorrino: vértigo periférico, disfunción vestibular; crisis comiciales focales (raro), si episodios paroxísticos con desconexión, automatismos o focalidad.
  • Dolor crónico y enfermedades sistémicas: la ansiedad puede ser reactiva, comórbida o secundaria; valorar siempre el binomio dolor-insomnio.

6.2. Ansiedad inducida por sustancias o fármacos (muy frecuente y a menudo inadvertida)

  • Estimulantes: cafeína (incluidas bebidas energéticas), nicotina, descongestivos simpaticomiméticos, cocaína/anfetaminas.
  • Alcohol y sedantes: ansiedad por retirada (alcohol, benzodiacepinas), que puede simular pánico o ansiedad generalizada.
  • Fármacos habituales con potencial ansiógeno: corticoides sistémicos, dosis excesivas de hormona tiroidea, beta-agonistas inhalados (especialmente en sobreuso), algunos antidepresivos al inicio (activación), y otros según contexto clínico.

En todo paciente con ansiedad de novo o empeoramiento reciente, es obligatorio revisar: cafeína/nicotina, alcohol, cannabis, automedicación (descongestivos), suplementos y cambios recientes en tratamiento.

6.3. Diagnóstico diferencial psiquiátrico (lo que cambia el manejo)

  • Depresión mayor: puede presentarse con ansiedad prominente e insomnio. Explora anhedonia, ánimo bajo persistente, enlentecimiento, culpa, ideación autolítica.
  • Trastorno bipolar (especialmente “mixto” o hipomanía): irritabilidad marcada, disminución de necesidad de sueño, aumento de energía/actividad, conducta desinhibida. Importante antes de iniciar o escalar antidepresivos.
  • Trastorno de estrés postraumático: intrusiones, evitación, hipervigilancia y reactividad autonómica asociadas a trauma.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo: ansiedad secundaria a obsesiones y compulsiones; la “preocupación” tiene cualidad distinta.
  • Trastorno de síntomas somáticos / ansiedad por la salud: preocupación centrada en enfermedad, búsqueda repetida de pruebas y seguridad, con alivio breve y recaída rápida.
  • Trastornos psicóticos: evitación social por ideas delirantes o suspicacia; la fenomenología es distinta a la ansiedad social.
  • Trastornos de personalidad: especialmente rasgos evitativos en ansiedad social grave, o inestabilidad afectiva en otros contextos.

TABLA 3. Diagnóstico diferencial de la ansiedad en Atención Primaria

Origen Ejemplos Pista clínica de sospecha
Cardiovascular Arritmias, cardiopatía isquémica Síncope, ECG alterado
Endocrino Hipertiroidismo, hipoglucemia Pérdida de peso, temblor, diarrea
Respiratorio Asma, EPOC Disnea objetiva, sibilancias
Farmacológico Corticoides, broncodilatadores Inicio tras cambio de tratamiento
Psiquiátrico Depresión, bipolaridad Anhedonia, hipomanía

6.4. Señales de alarma (“red flags”) que obligan a ampliar estudio o derivar

  • Inicio >40–50 años sin antecedentes psiquiátricos.
  • Síntomas progresivos, constantes o con empeoramiento sostenido.
  • Síncope, dolor torácico típico, disnea objetiva, focalidad neurológica, confusión.
  • Pérdida de peso, fiebre, sudoración nocturna, anemia o alteraciones analíticas relevantes.
  • Consumo o retirada reciente de alcohol/benzodiacepinas u otras sustancias.
  • Ideación suicida, autoagresión, síntomas psicóticos, agitación grave o incapacidad funcional marcada.

6.5. Pruebas complementarias: enfoque racional (según contexto)

No existe un “panel de ansiedad”. Las pruebas deben individualizarse en función de la clínica, la edad y las señales de alarma. En un paciente joven, con exploración normal y síntomas claramente situacionales, puede ser razonable limitar el estudio. En cambio, si hay inicio tardío, síntomas atípicos o factores de riesgo, suele ser apropiado un mínimo orientativo:

  • Constantes y exploración completa.
  • ECG si palpitaciones, dolor torácico, presíncope/síncope o factores de riesgo cardiovascular.
  • Hemograma (anemia), TSH (hipertiroidismo/hipotiroidismo) y glucemia según clínica.
  • Otras pruebas dirigidas (p. ej., espirometría, pruebas vestibulares, analítica ampliada) solo si lo sugiere la evaluación clínica.

Una vez descartadas causas médicas razonables y otros trastornos mentales relevantes, el diagnóstico de trastorno de ansiedad es más sólido, y el paciente suele aceptar mejor la explicación clínica y el plan terapéutico.

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7. Uso racional de escalas y herramientas de cribado en Atención Primaria

Las escalas y cuestionarios de ansiedad pueden ser un apoyo útil en Atención Primaria, pero nunca deben sustituir a la entrevista clínica ni al juicio profesional. Su valor reside en facilitar el cribado inicial, objetivar la gravedad, monitorizar la evolución y apoyar la toma de decisiones compartidas con el paciente.

Un uso inadecuado —como emplearlas de forma aislada para “hacer diagnóstico” o aplicarlas de manera indiscriminada— puede conducir tanto a sobrediagnóstico como a medicalización innecesaria.

7.1. Qué pueden aportar las escalas en la práctica clínica

  • Identificar pacientes con probable trastorno de ansiedad en contextos de alta carga asistencial.
  • Cuantificar la intensidad basal de los síntomas.
  • Evaluar la respuesta al tratamiento a lo largo del seguimiento.
  • Facilitar la comunicación con el paciente (“poner números” al malestar).
  • Apoyar decisiones de escalada terapéutica o derivación.

7.2. Limitaciones que conviene tener presentes

  • No distinguen con fiabilidad ansiedad primaria de ansiedad secundaria a enfermedad médica.
  • Pueden puntuar alto en depresión, insomnio, dolor crónico o estrés vital sin trastorno de ansiedad formal.
  • No sustituyen la valoración del impacto funcional ni del contexto psicosocial.
  • Un resultado “normal” no excluye ansiedad clínicamente relevante si la clínica es clara.

7.3. Escalas más utilizadas y útiles en Atención Primaria

En la consulta de AP, es preferible utilizar herramientas breves, validadas y fáciles de interpretar.

  • GAD-7: cribado y seguimiento de ansiedad generalizada. Rápida (7 ítems), ampliamente validada y útil para monitorizar respuesta.
  • HADS (subescala de ansiedad): especialmente útil en pacientes con enfermedad médica crónica, al minimizar el peso de síntomas somáticos.
  • PHQ-4 / PHQ-9 + GAD-7: combinación práctica para detectar ansiedad y depresión comórbidas.
  • Escalas específicas (p. ej., para pánico o ansiedad social): pueden ser útiles en casos seleccionados, pero no son necesarias de rutina en AP.

7.4. Interpretación práctica de resultados (enfoque clínico)

Los puntos de corte orientan, pero no dictan decisiones automáticas. En general:

  • Puntuaciones bajas: ansiedad leve o reactiva → psicoeducación, seguimiento.
  • Puntuaciones intermedias: ansiedad clínicamente relevante → intervención estructurada, psicológica y/o farmacológica según contexto.
  • Puntuaciones altas: ansiedad moderada-grave → valorar tratamiento combinado, mayor frecuencia de seguimiento o derivación.

La decisión terapéutica debe integrar siempre: síntomas, duración, impacto funcional, comorbilidades, preferencias del paciente y contexto vital.

7.5. Cuándo y cómo usarlas en la consulta

  • Úsalas como herramienta inicial si la ansiedad no está claramente definida.
  • Repite la escala para seguimiento, no en cada visita, sino en momentos clave (4–6 semanas tras iniciar tratamiento, cambios terapéuticos).
  • Explica al paciente que son un instrumento de apoyo, no un examen ni una etiqueta.
  • Evita usarlas de forma mecánica si la clínica es clara y el tiempo es limitado.

En Atención Primaria, las escalas bien utilizadas ayudan a ordenar la incertidumbre clínica; mal utilizadas, la aumentan. Su valor real depende de integrarlas dentro de una evaluación clínica completa.

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8. Estratificación de gravedad y toma de decisiones en Atención Primaria

Tras identificar un trastorno de ansiedad y descartar causas médicas u otros trastornos mentales relevantes, el siguiente paso en Atención Primaria es estimar la gravedad clínica. Esta estratificación permite decidir el nivel de intervención más adecuado, evitar tanto la infratratación como la medicalización innecesaria y planificar el seguimiento.

La gravedad no depende únicamente de la intensidad de los síntomas, sino de la combinación de varios factores clínicos y contextuales.

8.1. Factores clave para valorar la gravedad

  • Intensidad y frecuencia de los síntomas: ansiedad persistente vs episodios paroxísticos; presencia de crisis de pánico.
  • Duración: síntomas transitorios (<4–6 semanas) frente a curso mantenido.
  • Impacto funcional: interferencia en trabajo, estudios, relaciones sociales, autocuidado o adherencia a tratamientos médicos.
  • Conductas evitativas: grado de evitación y reducción del repertorio vital.
  • Comorbilidades: depresión, insomnio, consumo de sustancias, dolor crónico, enfermedades médicas relevantes.
  • Recursos y contexto psicosocial: apoyo familiar, estresores activos, capacidad de afrontamiento.

8.2. Estratificación práctica de la ansiedad (orientativa)

Aunque no existe una clasificación universal, en AP resulta útil una estratificación sencilla:

  • Ansiedad leve: síntomas identificables pero manejables, escasa interferencia funcional, ausencia de evitación marcada.
  • Ansiedad moderada: malestar clínicamente significativo, interferencia parcial con la actividad diaria, inicio de conductas evitativas.
  • Ansiedad grave: síntomas intensos y persistentes, crisis frecuentes, evitación extensa, incapacidad funcional relevante o riesgo clínico.

TABLA 4. Estratificación de gravedad y decisión terapéutica

Gravedad Impacto funcional Conducta recomendada
Leve Mínimo Psicoeducación + seguimiento
Moderada Parcial Intervención psicológica ± fármacos
Grave Importante Tratamiento combinado + derivación

8.3. Decisiones terapéuticas según gravedad

  • Ansiedad leve: psicoeducación, normalización, técnicas básicas de manejo del estrés, seguimiento programado.
  • Ansiedad moderada: intervención psicológica estructurada (si disponible) y/o inicio de tratamiento farmacológico, con seguimiento estrecho.
  • Ansiedad grave: tratamiento combinado (psicológico + farmacológico), seguimiento frecuente y valoración de derivación a salud mental.

8.4. Factores que modifican la decisión inicial

La decisión terapéutica debe individualizarse y puede modificarse por:

  • Preferencias informadas del paciente.
  • Disponibilidad real de intervención psicológica.
  • Historia previa de respuesta o mala tolerancia a tratamientos.
  • Riesgo de abuso o dependencia de fármacos.
  • Presencia de ideación suicida, síntomas psicóticos o comorbilidad grave.

8.5. Errores frecuentes en la toma de decisiones

  • Iniciar farmacoterapia en ansiedad leve sin intentar intervenciones básicas.
  • Retrasar tratamiento eficaz en ansiedad moderada-grave “esperando que se pase”.
  • Usar benzodiacepinas como tratamiento principal o indefinido.
  • No planificar seguimiento ni criterios claros de reevaluación.

Una estratificación adecuada permite un manejo más seguro, eficiente y centrado en el paciente, y prepara el terreno para el abordaje terapéutico detallado que se desarrollará en los siguientes epígrafes.

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9. Principios generales del tratamiento de los trastornos de ansiedad en Atención Primaria

El tratamiento de los trastornos de ansiedad en Atención Primaria debe ser individualizado, escalonado y basado en la evidencia. No todos los pacientes requieren fármacos, ni todos se benefician del mismo enfoque inicial. El objetivo principal no es solo reducir síntomas, sino restaurar el funcionamiento y prevenir la cronificación.

9.1. Objetivos terapéuticos realistas

  • Reducir la intensidad y frecuencia de los síntomas de ansiedad.
  • Disminuir la evitación y la dependencia del sistema sanitario.
  • Mejorar el funcionamiento personal, social y laboral.
  • Prevenir recaídas y evolución crónica.
  • Favorecer la autonomía y las estrategias de afrontamiento del paciente.

9.2. Enfoque escalonado y combinado

En AP es recomendable adoptar un modelo escalonado, ajustando la intensidad del tratamiento a la gravedad y evolución clínica:

  • Primer escalón: psicoeducación, normalización, medidas de autocuidado y seguimiento.
  • Segundo escalón: intervención psicológica estructurada y/o tratamiento farmacológico.
  • Tercer escalón: tratamiento combinado, seguimiento estrecho y coordinación con salud mental.

La combinación de intervenciones suele ser superior a las estrategias aisladas en casos moderados o graves.

9.3. Psicoeducación: pilar del tratamiento

La psicoeducación es una intervención terapéutica en sí misma. Explicar al paciente qué es la ansiedad, por qué aparecen los síntomas y cómo se mantienen reduce el miedo, mejora la adherencia y favorece el control de los síntomas.

  • Explicar el carácter benigno pero molesto de los síntomas físicos.
  • Describir el papel de la hipervigilancia y la evitación.
  • Normalizar la ansiedad sin trivializar el sufrimiento.
  • Establecer expectativas realistas sobre tiempos de mejoría.

9.4. Tratamiento centrado en el paciente

El plan terapéutico debe construirse mediante toma de decisiones compartidas, teniendo en cuenta:

  • Preferencias y creencias del paciente.
  • Experiencias previas con tratamientos.
  • Comorbilidades médicas y psiquiátricas.
  • Riesgo de efectos adversos o dependencia.
  • Contexto social y recursos disponibles.

9.5. Uso prudente de psicofármacos

Los psicofármacos son eficaces, pero deben utilizarse con criterio clínico:

  • No son imprescindibles en ansiedad leve.
  • Deben indicarse con un objetivo claro y duración prevista.
  • Requieren información previa sobre efectos adversos y latencia de respuesta.
  • Las benzodiacepinas no deben ser tratamiento de base.

9.6. Seguimiento y reevaluación

Todo plan terapéutico debe incluir un seguimiento programado, con revisión de:

  • Evolución clínica y funcional.
  • Adherencia y tolerancia al tratamiento.
  • Necesidad de ajuste terapéutico o derivación.

Tratar la ansiedad en Atención Primaria no consiste en “quitar síntomas rápidamente”, sino en acompañar un proceso de recuperación que combine evidencia, prudencia y una relación terapéutica sólida.

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10. Intervenciones no farmacológicas en los trastornos de ansiedad

Las intervenciones no farmacológicas constituyen el pilar fundamental del tratamiento de los trastornos de ansiedad, especialmente en Atención Primaria. Son eficaces en ansiedad leve y moderada, y complementan de forma decisiva el tratamiento farmacológico en casos más graves. Su correcta aplicación reduce la cronificación y la dependencia de psicofármacos.

10.1. Psicoeducación estructurada

La psicoeducación no debe limitarse a una explicación puntual, sino integrarse de forma estructurada en varias consultas. Sus objetivos son reducir el miedo a los síntomas, aumentar la sensación de control y favorecer la adherencia al plan terapéutico.

  • Explicar el funcionamiento fisiológico de la ansiedad y la respuesta de estrés.
  • Describir el círculo ansiedad–hipervigilancia–evitación.
  • Reforzar la idea de que los síntomas son reversibles y manejables.
  • Evitar mensajes tranquilizadores simplistas (“no es nada”).

10.2. Intervenciones psicológicas breves en Atención Primaria

Aunque la terapia cognitivo-conductual (TCC) formal suele realizarse en dispositivos especializados, en AP pueden aplicarse intervenciones psicológicas breves con impacto clínico relevante:

  • Identificación y cuestionamiento de pensamientos catastrofistas.
  • Técnicas de afrontamiento ante síntomas físicos (no evitación).
  • Exposición gradual a situaciones evitadas, planificada y progresiva.
  • Entrenamiento en resolución de problemas.

Estas intervenciones requieren tiempo, continuidad y una actitud activa del profesional, pero pueden marcar una diferencia significativa en la evolución clínica.

10.3. Técnicas de manejo fisiológico de la ansiedad

El control de la activación fisiológica ayuda a romper el círculo de retroalimentación ansiedad–síntoma–miedo:

  • Respiración diafragmática lenta.
  • Relajación muscular progresiva.
  • Entrenamiento en atención plena (mindfulness) con objetivos realistas.

Es importante explicar que estas técnicas no eliminan la ansiedad de forma inmediata, sino que reducen la intensidad y mejoran la tolerancia a los síntomas.

10.4. Intervenciones sobre el estilo de vida

Las medidas de autocuidado tienen un papel relevante y a menudo infravalorado:

  • Reducción de cafeína, nicotina y estimulantes.
  • Higiene del sueño y regularidad de horarios.
  • Actividad física aeróbica regular.
  • Estructuración del día y reducción de evitación conductual.

10.5. Recursos digitales y autoayuda guiada

Los programas de autoayuda guiada, aplicaciones basadas en TCC y recursos digitales pueden ser útiles como complemento, siempre que se expliquen como herramientas de apoyo y no como sustitutos del seguimiento clínico.

10.6. Cuándo derivar a intervención psicológica especializada

  • Ansiedad moderada-grave con importante impacto funcional.
  • Fracaso de intervenciones breves en AP.
  • Trastorno de pánico, ansiedad social grave o fobias incapacitantes.
  • Comorbilidad psiquiátrica relevante.

En Atención Primaria, potenciar las intervenciones no farmacológicas no significa “hacer psicoterapia”, sino integrar herramientas clínicas eficaces dentro de una atención continuada y centrada en la persona.

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11. Tratamiento farmacológico de los trastornos de ansiedad en Atención Primaria

El tratamiento farmacológico es una herramienta eficaz en los trastornos de ansiedad, pero en Atención Primaria debe emplearse con criterio clínico, objetivos definidos y seguimiento planificado. En general, se reserva para cuadros moderados–graves, con impacto funcional, presencia de comorbilidad (p. ej., depresión, insomnio relevante), fracaso de medidas no farmacológicas o preferencia informada del paciente.

11.1. Principios prácticos antes de prescribir

  • Explicar latencia de respuesta: los fármacos de base (principalmente antidepresivos) no son “ansiolíticos inmediatos”. Es esencial anticipar al paciente que la mejoría suele ser progresiva.
  • Evitar el “rescate crónico”: las benzodiacepinas no deben convertirse en tratamiento de mantenimiento.
  • Empezar bajo y subir despacio: reduce abandonos por activación inicial (insomnio, inquietud, agitación).
  • Plan de seguimiento: primera revisión precoz (tolerancia, adherencia, efectos adversos), y reevaluación clínica a 4–6 semanas.
  • Considerar comorbilidades y polifarmacia: interacciones, riesgo de caídas, sedación, síndrome serotoninérgico, QT, etc.

11.2. Fármacos de primera línea (tratamiento de base)

En la mayoría de trastornos de ansiedad atendidos en AP, los fármacos de base más utilizados son los inhibidores de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN). Su elección se guía por perfil de efectos adversos, interacciones, comorbilidades (p. ej., dolor crónico), experiencia previa y preferencia del paciente.

  • ISRS: opción de referencia para pánico y muy usados en TAG y ansiedad social. Ventaja: amplio uso y experiencia clínica. Inconveniente: activación inicial, disfunción sexual, síntomas gastrointestinales.
  • IRSN: alternativa eficaz, p. ej., venlafaxina o duloxetina (especialmente útil si coexiste dolor). Precauciones: posible aumento de presión arterial/frecuencia cardiaca (más con venlafaxina), síndrome de discontinuación si retirada brusca.

Ensayo adecuado: para valorar eficacia, es esencial mantener el fármaco a dosis terapéutica un tiempo suficiente. Si hay respuesta parcial, se optimiza dosis y se considera combinación con intervención psicológica.

Tabla 5. ISRS e IRSN utilizados en los trastornos de ansiedad en Atención Primaria

Fármaco y grupo Posología orientativa Indicaciones principales Efectos adversos frecuentes Consideraciones prácticas en Atención Primaria
Sertralina
ISRS
Inicio: 25 mg/día.
Habitual: 50–100 mg/día.
Máxima: 200 mg/día.
TAG, pánico, ansiedad social, TEPT. Náuseas, diarrea, insomnio, cefalea, disfunción sexual. Buena opción inicial por eficacia, tolerabilidad y perfil cardiovascular favorable. Titular despacio si hay activación inicial.
Escitalopram
ISRS
Inicio: 5 mg/día.
Habitual: 10–20 mg/día.
Máxima: 20 mg/día.
TAG, pánico, ansiedad social. Náuseas, cefalea, somnolencia o insomnio, disfunción sexual. Muy bien tolerado. Vigilar intervalo QT en dosis altas, cardiopatía, hipopotasemia, hipomagnesemia o asociación con otros fármacos que prolonguen QT.
Paroxetina
ISRS
Inicio: 10 mg/día.
Habitual: 20–40 mg/día.
Máxima: 50 mg/día.
TAG, pánico, ansiedad social, TEPT. Sedación, aumento ponderal, estreñimiento, disfunción sexual. Mayor riesgo de síndrome de retirada y efectos anticolinérgicos. Evitar en mayores si existen alternativas mejor toleradas.
Fluoxetina
ISRS
Inicio: 10 mg/día.
Habitual: 20–40 mg/día.
Máxima: 60 mg/día.
Ansiedad asociada a depresión, TOC y algunos trastornos de ansiedad. Insomnio, nerviosismo inicial, náuseas, cefalea. Vida media larga y menor síndrome de retirada. Puede ser activadora al inicio; evitar si predomina insomnio intenso.
Fluvoxamina
ISRS
Inicio: 50 mg/día.
Habitual: 100–200 mg/día.
Máxima: 300 mg/día.
TOC, ansiedad social. Somnolencia, náuseas, mareo, molestias digestivas. Mayor potencial de interacciones farmacológicas por inhibición enzimática. Revisar siempre medicación concomitante.
Venlafaxina XR
IRSN
Inicio: 37,5 mg/día.
Habitual: 75–150 mg/día.
Máxima: 225 mg/día.
TAG, pánico, ansiedad social. Náuseas, sudoración, sequedad de boca, aumento de tensión arterial. Controlar tensión arterial, sobre todo con dosis altas. Retirada gradual obligatoria por riesgo de síndrome de discontinuación.
Duloxetina
IRSN
Inicio: 30 mg/día.
Habitual: 60 mg/día.
Máxima: 120 mg/día.
TAG, ansiedad con dolor crónico, fibromialgia o neuropatía. Náuseas, sequedad de boca, estreñimiento, sudoración. Útil si coexiste dolor crónico. Evitar en hepatopatía significativa o consumo importante de alcohol.
Abreviaturas: ISRS: inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina; IRSN: inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina; TAG: trastorno de ansiedad generalizada; TEPT: trastorno de estrés postraumático; TOC: trastorno obsesivo-compulsivo; XR: liberación prolongada.

11.3. Manejo de la fase inicial: activación, insomnio y malestar temprano

En las primeras semanas, algunos pacientes presentan activación (inquietud, aumento de ansiedad, insomnio) que compromete la adherencia. En estos casos, además de ajustar el ritmo de titulación, puede considerarse un tratamiento adyuvante a corto plazo, seleccionado según el perfil del paciente (riesgo de abuso, comorbilidades, necesidad de sedación nocturna, etc.).

  • Si no hay trastorno por consumo de sustancias (actual o previo): se puede considerar una benzodiacepina a dosis bajas y por tiempo limitado, con plan de retirada desde el inicio.
  • Si hay riesgo de abuso/dependencia: evitar benzodiacepinas; en casos seleccionados se consideran alternativas con menor potencial de abuso (p. ej., opciones sedantes puntuales), siempre dentro de un plan escalonado.

11.4. Benzodiacepinas: papel limitado, indicaciones y riesgos

Las benzodiacepinas pueden proporcionar alivio rápido, pero su uso en trastornos de ansiedad debe ser excepcional, temporal y muy vigilado, por el riesgo de sedación, deterioro psicomotor, caídas, dependencia y síndrome de retirada.

  • Indicaciones razonables: ansiedad intensa al inicio que impide funcionamiento, crisis de pánico muy frecuentes, puente mientras inicia efecto el tratamiento de base.
  • Evitar o extremar precaución: antecedentes de adicciones, fragilidad/ancianos, apnea del sueño, EPOC/insuficiencia respiratoria, conducción profesional, polifarmacia sedante.
  • Principio clave: usar la dosis mínima eficaz, durante el menor tiempo posible, y con plan de retirada gradual.

En trastornos de pánico, cuando se utilizan como adyuvantes, suele preferirse un perfil de acción más prolongado para reducir “ansiedad interdosis” y facilitar una retirada progresiva; la pauta de descenso debe ser lenta si ha existido uso regular.

Tabla 6. Benzodiacepinas en el manejo de la ansiedad en Atención Primaria

Fármaco y vida media Posología orientativa Uso puntual razonable Riesgos principales Advertencias prácticas en Atención Primaria
Alprazolam
Vida media corta
0,25–0,5 mg cada 8–12 h.
Usar la menor dosis eficaz.
Crisis de pánico o ansiedad aguda intensa, solo como recurso transitorio. Alta dependencia, rebote ansioso, ansiedad interdosis, síndrome de retirada. Evitar como tratamiento crónico. No es buena opción para uso mantenido por su inicio rápido y mayor refuerzo conductual.
Lorazepam
Vida media intermedia
0,5–1 mg cada 12 h.
En mayores, iniciar con dosis más bajas.
Ansiedad aguda, insomnio asociado o apoyo breve mientras inicia efecto el tratamiento de base. Sedación, deterioro psicomotor, caídas, deterioro cognitivo, dependencia. Puede ser preferible si se requiere una benzodiacepina en pacientes con mayor vulnerabilidad, pero solo de forma breve y vigilada.
Bromazepam
Vida media intermedia
1,5–3 mg cada 12 h.
Ajustar según edad, fragilidad y respuesta.
Ansiedad reactiva breve o ansiedad intensa de corta duración. Tolerancia, dependencia, somnolencia, enlentecimiento psicomotor. Limitar a periodos cortos. Evitar renovaciones automáticas sin reevaluar objetivo, beneficio y plan de retirada.
Diazepam
Vida media larga
2–5 mg cada 12 h.
Evitar dosis altas en AP salvo indicación clara.
Ansiedad con componente muscular o situaciones puntuales donde interese efecto prolongado. Acumulación, somnolencia prolongada, caídas, deterioro cognitivo, interacciones. Evitar en mayores, fragilidad, EPOC, apnea del sueño o polifarmacia sedante. Riesgo de acumulación por metabolitos activos.
Clonazepam
Vida media larga
0,25–0,5 mg cada 12 h.
Usar solo si existe indicación clara y plan de retirada.
Pánico grave o ansiedad intensa seleccionada, habitualmente como puente o en coordinación con salud mental. Dependencia, sedación, deterioro psicomotor, dificultad de retirada. No iniciar como solución indefinida. En pánico puede reducir síntomas rápidos, pero puede dificultar exposición y autonomía si se cronifica.
Abreviaturas: AP: Atención Primaria; EPOC: enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

11.5. Opciones de segunda línea o adyuvantes (según caso)

Cuando hay respuesta parcial o mala tolerancia a la primera línea, pueden considerarse alternativas o estrategias de potenciación. La elección depende del subtipo clínico, comorbilidades y antecedentes.

  • Buspirona: opción no benzodiacepínica, útil como monoterapia en algunos casos o como potenciación en respuesta parcial. Ventajas: sin dependencia; limitación: inicio lento y eficacia más modesta en algunos pacientes.
  • Gabapentina / pregabalina: pueden ser opciones en casos seleccionados (p. ej., ansiedad con mala respuesta), con precaución por sedación y potencial de uso problemático (especialmente con pregabalina en determinados perfiles).
  • Hidroxicina: alternativa sedante, a veces útil si predomina insomnio o si se desea evitar benzodiacepinas; vigilar efecto anticolinérgico y somnolencia.
  • Mirtazapina: puede considerarse si coexisten insomnio y pérdida de apetito, especialmente cuando hay síntomas depresivos.
  • Antipsicóticos en dosis bajas (p. ej., quetiapina como potenciación): opción para casos resistentes y seleccionados, valorando riesgos metabólicos y extrapiramidales; en AP, su uso debe ser prudente y habitualmente coordinado con salud mental.

Tabla 7. Fármacos de segunda línea o adyuvantes en los trastornos de ansiedad

Fármaco Posología orientativa Cuándo puede ser útil Inicio de acción Efectos adversos frecuentes Consideraciones prácticas en Atención Primaria
Buspirona Inicio: 5 mg cada 12 horas.
Habitual: 15–30 mg/día.
Máxima: 60 mg/día.
TAG leve o moderado, especialmente cuando se desea evitar benzodiacepinas o existe riesgo de dependencia. 2–4 semanas. Mareo, cefalea, náuseas, inquietud. No produce dependencia ni síndrome de retirada significativo. No sirve para alivio inmediato de la ansiedad aguda.
Hidroxicina 25 mg por la noche.
Habitual: 25–100 mg/día.
Ansiedad leve o episódica, especialmente si coexiste insomnio. Horas. Somnolencia, sequedad de boca, estreñimiento. Puede utilizarse como alternativa puntual a benzodiacepinas. Precaución en mayores por efectos anticolinérgicos y riesgo de caídas.
Mirtazapina Inicio: 15 mg/noche.
Habitual: 15–45 mg/día.
Ansiedad asociada a depresión, insomnio persistente o pérdida de peso. 1–3 semanas. Sedación, aumento de peso, aumento del apetito. Particularmente útil cuando predominan insomnio, anorexia o pérdida ponderal. La sedación suele ser mayor con dosis bajas.
Pregabalina Inicio: 25–75 mg cada 12 horas.
Habitual: 150–300 mg/día.
Máxima: 600 mg/día.
TAG moderado o grave cuando ISRS o IRSN no son eficaces o no se toleran. Días a 1–2 semanas. Mareo, somnolencia, edema periférico, aumento de peso. Puede ser útil por su rapidez relativa de acción. Ajustar dosis en insuficiencia renal. Vigilar potencial de uso indebido en pacientes seleccionados.
Quetiapina
(uso fuera de indicación en muchos contextos)
25–50 mg/noche inicialmente. Casos seleccionados y generalmente tras valoración especializada. Días. Sedación, aumento ponderal, hipotensión ortostática, alteraciones metabólicas. No debe considerarse tratamiento habitual de la ansiedad en Atención Primaria. Reservar para situaciones concretas y, preferentemente, en coordinación con Salud Mental.
Abreviaturas: TAG: trastorno de ansiedad generalizada; ISRS: inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina; IRSN: inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina.

11.6. Duración del tratamiento y retirada

Un error frecuente es retirar demasiado pronto el tratamiento eficaz. En general, cuando el paciente responde a farmacoterapia de base, es razonable mantenerla al menos 12 meses antes de plantear descenso, y más tiempo si existe historia de recaídas, gravedad inicial elevada, comorbilidad o estresores persistentes.

La retirada debe ser gradual para minimizar síndrome de discontinuación y rebote ansioso, especialmente con fármacos con mayor riesgo de retirada (por ejemplo, ciertos IRSN) y, por supuesto, con benzodiacepinas.

11.7. Errores frecuentes en AP (y cómo evitarlos)

  • Tratar solo con benzodiacepinas y perpetuar el rescate: sustituir por tratamiento de base y plan de retirada.
  • Escalar dosis demasiado rápido y perder adherencia por efectos iniciales: titulación más lenta y educación previa.
  • No reevaluar respuesta/función: programar revisiones y objetivos clínicos.
  • No abordar comorbilidades (depresión, alcohol, insomnio): manejo integrado mejora el pronóstico.

En el siguiente epígrafe integraremos estas opciones en escenarios clínicos habituales (comorbilidades, situaciones especiales y perfiles de paciente), para facilitar decisiones terapéuticas realistas en consulta.

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12. Situaciones especiales y perfiles clínicos frecuentes en Atención Primaria

En la práctica clínica diaria, los trastornos de ansiedad rara vez aparecen en un “paciente tipo”. Con frecuencia se asocian a comorbilidades médicas, psiquiátricas o circunstancias vitales que modifican el abordaje diagnóstico y terapéutico. Reconocer estos escenarios es clave para evitar errores, iatrogenia y tratamientos ineficaces.

12.1. Ansiedad y depresión comórbidas

La comorbilidad entre ansiedad y depresión es muy frecuente en AP y se asocia a mayor gravedad, peor pronóstico y mayor riesgo de cronificación. En muchos casos, la ansiedad precede a la depresión o domina la presentación clínica inicial.

  • Explorar siempre síntomas depresivos (ánimo bajo, anhedonia, culpa, ideación autolítica).
  • Priorizar tratamientos eficaces para ambos cuadros (ISRS/IRSN, intervención psicológica).
  • Evitar infratratar la depresión “oculta” tras síntomas ansiosos.

12.2. Ansiedad e insomnio

El insomnio es uno de los síntomas más frecuentes y más incapacitantes asociados a la ansiedad. Existe una relación bidireccional: la ansiedad dificulta el sueño y la privación de sueño intensifica la ansiedad.

  • Valorar tipo de insomnio (conciliación, mantenimiento, despertar precoz).
  • Priorizar higiene del sueño y abordaje no farmacológico.
  • Evitar cronificar hipnosedantes; si se usan, hacerlo de forma temporal y con plan de retirada.

12.3. Ansiedad y enfermedades médicas crónicas

La ansiedad es especialmente prevalente en pacientes con enfermedades crónicas (cardiopatía, EPOC, asma, dolor crónico, enfermedades digestivas funcionales). Puede ser reactiva, comórbida o contribuir a un peor control de la enfermedad.

  • Evitar atribuir todos los síntomas a ansiedad sin una evaluación adecuada.
  • Explicar la interacción bidireccional entre enfermedad física y ansiedad.
  • Elegir tratamientos con perfil favorable según comorbilidades (p. ej., dolor).

12.4. Ansiedad en personas mayores

En el paciente anciano, la ansiedad suele presentarse de forma atípica (somatización, irritabilidad, insomnio, hipocondría) y coexistir con polifarmacia y mayor vulnerabilidad a efectos adversos.

  • Extremar precaución con benzodiacepinas (caídas, deterioro cognitivo).
  • Iniciar tratamientos farmacológicos a dosis más bajas y titular lentamente.
  • Valorar deterioro cognitivo, duelo, soledad y factores sociales.

12.5. Ansiedad y consumo de sustancias

El consumo de alcohol, cannabis y otros estimulantes puede desencadenar, empeorar o mantener los síntomas de ansiedad. Además, la retirada de ciertas sustancias puede simular un trastorno de ansiedad primario.

  • Explorar de forma sistemática consumo actual y previo.
  • Evitar benzodiacepinas en pacientes con riesgo de abuso o dependencia.
  • Abordar de forma integrada ansiedad y consumo de sustancias.

12.6. Sospecha de trastorno bipolar u otros cuadros graves

Antes de iniciar o intensificar tratamiento antidepresivo, es fundamental descartar datos sugestivos de trastorno bipolar, especialmente en pacientes con ansiedad intensa, irritabilidad marcada o mala respuesta previa a antidepresivos.

  • Explorar historia de episodios de euforia, hipomanía o disminución de necesidad de sueño.
  • Evitar escaladas rápidas de antidepresivos si hay sospecha.
  • Coordinar precozmente con salud mental.

12.7. Criterios orientativos de derivación a salud mental

  • Ansiedad grave o resistente al tratamiento inicial en AP.
  • Comorbilidad psiquiátrica compleja (bipolaridad, psicosis, TEPT grave).
  • Ideación suicida, autoagresión o riesgo para terceros.
  • Necesidad de psicoterapia especializada no disponible en AP.

Identificar estas situaciones especiales permite personalizar el abordaje, mejorar la seguridad del tratamiento y coordinar mejor los recursos asistenciales, reforzando el papel central del médico de familia en el manejo de los trastornos de ansiedad.

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13. Seguimiento clínico, evaluación de la respuesta y prevención de recaídas

El seguimiento es un elemento central en el manejo de los trastornos de ansiedad en Atención Primaria. Una intervención eficaz sin un seguimiento adecuado aumenta el riesgo de abandono terapéutico, respuesta parcial no detectada y recaídas precoces. El médico de familia, por su accesibilidad y continuidad asistencial, ocupa una posición privilegiada para realizar este acompañamiento.

13.1. Cuándo y cómo realizar el seguimiento

El calendario de seguimiento debe adaptarse a la gravedad inicial y al tipo de intervención:

  • Inicio de tratamiento farmacológico: primera revisión precoz (1–2 semanas) para valorar tolerancia, adherencia y efectos adversos.
  • Reevaluación de eficacia: a las 4–6 semanas a dosis terapéutica adecuada.
  • Seguimiento de mantenimiento: cada 2–3 meses una vez estabilizado el cuadro.

En ansiedad leve manejada sin fármacos, el seguimiento puede ser más espaciado, pero debe programarse de forma explícita para evitar la pérdida de control evolutivo.

13.2. Qué evaluar en cada visita

  • Intensidad y frecuencia de los síntomas de ansiedad.
  • Impacto funcional (trabajo, relaciones, actividades evitadas).
  • Adherencia real al tratamiento prescrito.
  • Efectos adversos y tolerancia.
  • Consumo de sustancias o cambios en medicación concomitante.
  • Presencia de síntomas depresivos o ideación autolítica.

El uso periódico de una misma escala (por ejemplo, GAD-7) puede ayudar a objetivar la evolución, siempre integrada en la valoración clínica global.

13.3. Criterios de respuesta y de no respuesta

  • Buena respuesta: reducción clara de síntomas y recuperación funcional, aunque persistan síntomas residuales leves.
  • Respuesta parcial: mejoría insuficiente tras un ensayo adecuado (dosis y tiempo correctos).
  • No respuesta: ausencia de mejoría clínica significativa pese a tratamiento bien indicado.

Ante una respuesta parcial o nula, deben revisarse sistemáticamente: diagnóstico, adherencia, comorbilidades, consumo de sustancias, estresores persistentes y adecuación del tratamiento.

13.4. Ajustes terapéuticos durante el seguimiento

  • Optimizar dosis antes de cambiar de fármaco.
  • Valorar tratamiento combinado (psicológico + farmacológico).
  • Evitar cambios precipitados antes de completar un ensayo adecuado.
  • Coordinar con salud mental si hay resistencia o complejidad creciente.

13.5. Prevención de recaídas

La prevención de recaídas debe abordarse de forma activa, especialmente en pacientes con episodios previos, curso crónico o comorbilidades.

  • Mantener el tratamiento eficaz el tiempo recomendado.
  • Retirar la medicación de forma gradual y planificada.
  • Reforzar estrategias de afrontamiento y reducción de evitación.
  • Identificar señales precoces de recaída junto al paciente.

13.6. Educación del paciente en el seguimiento

Explicar que la ansiedad es un trastorno con tendencia a la recurrencia en algunos pacientes, pero potencialmente controlable, reduce el miedo a las recaídas y mejora la adherencia a largo plazo.

Un seguimiento estructurado, empático y continuado transforma el tratamiento de la ansiedad en un proceso terapéutico compartido, más allá de la mera prescripción puntual.

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14. Casos clínicos ilustrativos

Estos casos breves están diseñados para reflejar situaciones habituales en Atención Primaria y reforzar “perlas clínicas” aplicables a la consulta.

14.1. Caso 1 — Palpitaciones nocturnas y miedo a “algo del corazón”

Varón de 46 años, sin cardiopatía conocida, consulta por episodios de palpitaciones nocturnas con opresión torácica y sensación de falta de aire, de inicio brusco, que duran 10–20 minutos. Refiere miedo intenso a morir, hormigueo en manos y necesidad de acudir a urgencias. ECG y analítica recientes normales. Desde el primer episodio vive con temor constante a “repetirlo”, evita hacer deporte y duerme peor. Niega consumo de drogas; toma 4–5 cafés al día.

Orientación clínica en AP: el patrón es compatible con crisis de pánico y ansiedad anticipatoria. El diagnóstico diferencial médico es razonable (ECG, TSH/hemograma si clínica), pero la clave está en identificar evitación y miedo persistente.

Intervención práctica:

  • Psicoeducación: explicar síntomas autonómicos y círculo pánico–hiperventilación–miedo.
  • Reducir cafeína y entrenar respiración lenta.
  • Iniciar intervención psicológica (exposición interoceptiva/gradual) si disponible.
  • Valorar ISRS/IRSN si crisis frecuentes o deterioro funcional; evitar benzodiacepinas crónicas.

Perla clínica: en pánico, el problema no es solo la crisis, sino el miedo a la crisis, que perpetúa evitación y consultas repetidas.

14.2. Caso 2 — “No paro de darle vueltas a todo” con insomnio y dolor muscular

Mujer de 38 años, administrativa, consulta por insomnio de conciliación y cansancio diurno desde hace 6 meses. Refiere preocupación constante por múltiples temas (trabajo, salud de sus hijos, economía), dificultad para “desconectar”, irritabilidad y tensión cervical. Niega crisis bruscas. No consumo de alcohol significativo; toma bebidas energéticas por la tarde para “aguantar”.

Orientación clínica en AP: cuadro compatible con trastorno de ansiedad generalizada (TAG). Imprescindible explorar comorbilidad depresiva, consumo de estimulantes y repercusión funcional.

Intervención práctica:

  • Psicoeducación y normalización sin banalizar (“se puede tratar y mejorar”).
  • Intervención breve: identificar preocupaciones, programar “tiempo de preocupación”, técnicas de afrontamiento.
  • Higiene del sueño y retirada de estimulantes vespertinos.
  • Si impacto moderado-grave: considerar ISRS/IRSN a dosis bajas iniciales, con titulación lenta y seguimiento.

Perla clínica: en TAG, la diana terapéutica es la preocupación persistente y la hiperactivación mantenida, no solo el insomnio.

14.3. Caso 3 — Evitación social “silenciosa” con deterioro laboral

Varón de 29 años, profesor, consulta por ansiedad intensa en reuniones, exposiciones y situaciones donde siente que puede ser evaluado. Presenta rubor, temblor y bloqueo mental, y anticipa días antes cada exposición. Ha empezado a evitar actividades, rechazar presentaciones y plantea cambio de trabajo. No refiere ansiedad significativa fuera de estas situaciones.

Orientación clínica en AP: compatible con trastorno de ansiedad social. Importante descartar consumo de alcohol como “autotratamiento” y comorbilidad depresiva.

Intervención práctica:

  • Validación y psicoeducación: diferenciar timidez de trastorno con evitación e impacto funcional.
  • Intervención psicológica: exposición gradual y reestructuración cognitiva (primera línea).
  • Si gravedad moderada-grave o acceso limitado a psicoterapia: considerar ISRS/IRSN con seguimiento.
  • Evitar benzodiacepinas “a demanda” como estrategia habitual.

Perla clínica: la ansiedad social se cronifica si se refuerza la evitación; la exposición gradual es una intervención clave.

14.4. Caso 4 — Ansiedad por procedimientos: rechazo de extracción y síncope vasovagal

Mujer de 34 años, necesita analítica por control de salud, pero evita acudir. Refiere miedo intenso a agujas desde la adolescencia y episodios previos de mareo y desmayo durante extracciones. Solo pensar en la prueba le provoca taquicardia, sudoración y náuseas. Solicita “algo para dormir” el día de la analítica.

Orientación clínica en AP: probable fobia específica tipo sangre-inyecciones-procedimientos, con componente vasovagal. El objetivo es facilitar el procedimiento sin medicalización innecesaria y trabajar la evitación.

Intervención práctica:

  • Planificar la prueba: cita a primera hora, en decúbito, con entorno tranquilo.
  • Entrenar respiración y técnicas de afrontamiento; considerar “tensión aplicada” en vasovagal si procede.
  • Exposición gradual y psicoeducación como abordaje de base.
  • Evitar sedación rutinaria; si se usa apoyo farmacológico puntual, que sea excepcional, informado y con medidas de seguridad.

Perla clínica: en fobia a procedimientos, el éxito es combinar adaptación del entorno con estrategias conductuales; medicar sin plan perpetúa la evitación.

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15. Mensajes clave y perlas clínicas para la consulta diaria

Los trastornos de ansiedad forman parte del núcleo de la práctica clínica en Atención Primaria. Su manejo eficaz no depende de aplicar algoritmos rígidos, sino de integrar criterio clínico, continuidad asistencial y toma de decisiones compartidas. A modo de síntesis, se resumen a continuación los mensajes clave con mayor impacto práctico.

15.1. Diagnóstico: menos etiquetas, mejor evaluación

  • La ansiedad es un diagnóstico clínico; las pruebas complementarias deben ser dirigidas y racionales.
  • Muchos pacientes consultan por síntomas somáticos: la clave está en explorar preocupación, evitación e impacto funcional.
  • Antes de diagnosticar un trastorno de ansiedad, descarta causas médicas razonables, consumo de sustancias y comorbilidad psiquiátrica relevante.
  • En AP, un enfoque dimensional inicial suele ser más útil que una clasificación rígida desde la primera visita.

15.2. Tratamiento: escalonado, prudente y sostenido

  • No toda ansiedad requiere fármacos; la psicoeducación y las intervenciones no farmacológicas son terapéuticas.
  • Cuando se indican fármacos, deben tener objetivo, duración y seguimiento definidos.
  • Los ISRS/IRSN son el tratamiento de base más habitual; las benzodiacepinas no deben ser tratamiento principal.
  • Empezar con dosis bajas y titular lentamente mejora tolerancia y adherencia.

15.3. Seguimiento: donde se gana (o se pierde) el tratamiento

  • El seguimiento estructurado reduce recaídas y abandono terapéutico.
  • Evalúa siempre síntomas, funcionamiento, adherencia y efectos adversos.
  • No retires tratamientos eficaces de forma precipitada; planifica descensos graduales.
  • Anticipa y trabaja con el paciente las señales precoces de recaída.

15.4. Errores frecuentes que conviene evitar

  • Atribuir síntomas orgánicos relevantes a ansiedad sin una evaluación adecuada.
  • Medicalizar ansiedad leve sin intentar intervenciones básicas.
  • Cronificar benzodiacepinas por inercia terapéutica.
  • No explorar depresión, consumo de sustancias o sospecha de bipolaridad.

15.5. El papel del médico de familia

El médico de familia no es un “filtro” previo a salud mental, sino el profesional clave en la detección precoz, el manejo inicial y el seguimiento longitudinal de los trastornos de ansiedad. La accesibilidad, la visión integral del paciente y la continuidad asistencial convierten a la Atención Primaria en el entorno idóneo para un abordaje eficaz y seguro.

Abordar la ansiedad con rigor clínico, prudencia terapéutica y una relación médico–paciente sólida no solo mejora síntomas: devuelve funcionalidad, autonomía y calidad de vida.

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16. Bibliografía recomendada

  1. National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: management. Clinical guideline CG113. Londres: NICE; actualización vigente. Disponible en: https://www.nice.org.uk/guidance/cg113
  2. Baldwin DS, Waldman S, Allgulander C. Evidence-based pharmacological treatment of generalized anxiety disorder. Int J Neuropsychopharmacol. 2011 Jun;14(5):697-710. Diponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21211105
  3. Bandelow B, Michaelis S. Epidemiology of anxiety disorders in the 21st century. Dialogues Clin Neurosci. 2015;17(3):327–335. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4610617/
  4. Craske MG, Stein DJ, Anxiety. Lancet. 2017;389(10063):304–318. Disponible en: https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(16)30381-6/abstract
  5. Diagnosis and management of generalized anxiety disorder and panic disorder in adults. Am Fam Physician. 2015;91(9):617–624. Disponible en: https://www.aafp.org/pubs/afp/issues/2015/0501/p617.html
  6. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Text Revision (DSM-5-TR). Washington, DC: APA; 2022. Disponible en: https://www.psychiatry.org/psychiatrists/practice/dsm
  7. UpToDate. Generalized anxiety disorder in adults: epidemiology, clinical manifestations, course, assessment, and diagnosis. Actualización 2025. Disponible en: https://www.uptodate.com (precisa login)
  8. UpToDate. Generalized anxiety disorder in adults: management. Actualización 2025. Disponible en: https://www.uptodate.com (precisa login)
  9. UpToDate. Panic disorder in adults: treatment overview. Actualización 2025. Disponible en: https://www.uptodate.com (precisa login)
  10. UpToDate. Social anxiety disorder in adults: epidemiology, clinical features, assessment, and diagnosis. Actualización 2025. Disponible en: https://www.uptodate.com 

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17. Autoevaluación competencial – Trastornos de ansiedad en Atención Primaria

El objetivo no es examinar, sino favorecer la reflexión clínica y detectar áreas de mejora en el tema que se aborda en el artículo.

Bloque 1. Conocimientos

Marca una sola respuesta en cada pregunta. Nivel medio-alto, orientado a decisiones clínicas reales en Atención Primaria.

Debes responder las 10 preguntas del Bloque 1 antes de pulsar Corregir.

1. En un paciente con ansiedad de nueva aparición en Atención Primaria, ¿qué dato obliga más claramente a priorizar etiología médica o farmacológica antes de asumir un trastorno de ansiedad primario?

Explicación clínica: El inicio tardío sin antecedentes y los datos sistémicos, como pérdida de peso, obligan a descartar causas médicas o inducidas por fármacos. En estos casos no es prudente etiquetar de entrada como ansiedad primaria.

2. ¿Cuál es la mejor descripción clínica del trastorno de ansiedad generalizada en el contexto de Atención Primaria?

Explicación clínica: El TAG se caracteriza por preocupación persistente y difícil de controlar sobre múltiples áreas vitales, con síntomas de hiperactivación o tensión mantenida y repercusión funcional.

3. En una consulta de Atención Primaria, ¿qué presentación clínica es más típica de un trastorno de ansiedad que de un cuadro psiquiátrico ya etiquetado por el propio paciente?

Explicación clínica: La ansiedad en Atención Primaria suele entrar por la puerta de los síntomas somáticos y funcionales. Esto explica parte del infradiagnóstico y de la sobreutilización de pruebas.

4. ¿Qué afirmación sobre las escalas de cribado de ansiedad, como GAD-7, es la más correcta?

Explicación clínica: Las escalas ayudan a cuantificar gravedad y a monitorizar evolución, pero no reemplazan entrevista, exploración, contexto ni diagnóstico diferencial.

5. En un paciente con trastorno de pánico, ¿qué elemento contribuye de forma más decisiva al mantenimiento del cuadro?

Explicación clínica: En pánico, el problema no es solo la crisis, sino el miedo a que vuelva a ocurrir. Ese miedo genera hipervigilancia corporal, evitación y nuevas consultas.

6. ¿Cuál es el abordaje inicial más razonable en una ansiedad leve, con desencadenante identificable y mínima repercusión funcional?

Explicación clínica: En cuadros leves, la psicoeducación y las estrategias no farmacológicas son tratamiento real. Además permiten evitar la medicalización innecesaria.

7. Respecto al uso de ISRS o IRSN en trastornos de ansiedad, ¿qué afirmación es la más adecuada?

Explicación clínica: En ansiedad, empezar bajo y subir despacio reduce activación inicial, insomnio y abandono. La anticipación de expectativas es una parte esencial del tratamiento.

8. ¿Cuál es la mejor definición práctica del papel de las benzodiacepinas en Atención Primaria?

Explicación clínica: Las benzodiacepinas pueden aliviar rápido, pero el precio es dependencia, sedación, caídas y cronificación del rescate si se usan sin estrategia de retirada.

9. ¿Qué escenario obliga a extremar la prudencia con benzodiacepinas?

Explicación clínica: En ancianos, caídas, deterioro cognitivo y polifarmacia aumentan el riesgo. Si además existe antecedente de consumo problemático, el riesgo de uso inadecuado se multiplica.

10. ¿Qué medida reduce más el riesgo de recaída tras una buena respuesta terapéutica?

Explicación clínica: La prevención de recaídas no depende solo del fármaco, sino del tiempo de mantenimiento, del descenso progresivo y del trabajo sobre evitación y señales precoces de empeoramiento.

Resultado Bloque 1: 0/10

Aún no corregido.

Bloque 2. Habilidades clínicas

Elige la opción más adecuada y revisa la justificación clínica.

Debes responder los 3 microcasos del Bloque 2 antes de pulsar Corregir.

Microcaso 1. Mujer de 36 años con 8 meses de preocupación constante por trabajo, salud de sus hijos y economía. Refiere insomnio, tensión cervical e irritabilidad. Funciona peor en el trabajo, pero no presenta crisis bruscas. ¿Cuál es la conducta inicial más adecuada?

Explicación clínica: El caso orienta a TAG. La actuación correcta integra anamnesis dirigida, psicoeducación, medidas no farmacológicas y tratamiento de base si la repercusión lo justifica.
Feedback dirigido: Si elegiste A, revisa el papel limitado de las benzodiacepinas. Si elegiste C o D, recuerda que Atención Primaria debe ordenar el diagnóstico y comenzar el manejo.

Microcaso 2. Varón de 47 años consulta por dos episodios de palpitaciones intensas, sensación de ahogo y miedo a morir. ECG basal normal. Desde entonces evita conducir solo y rechaza hacer ejercicio por temor a “otro ataque”. ¿Qué aspecto es más importante explorar y abordar para evitar cronificación?

Explicación clínica: En el trastorno de pánico, la evitación y el miedo a nuevas crisis son determinantes del mantenimiento y del deterioro funcional.
Feedback dirigido: Si marcaste B, estás infravalorando el componente conductual. Si elegiste C o D, revisa por qué las conductas de seguridad perpetúan la ansiedad.

Microcaso 3. Paciente de 68 años, viuda, con ansiedad creciente, insomnio, múltiples consultas por molestias vagas y uso ocasional de alcohol para dormir. Vive sola, toma varios fármacos y ha sufrido una caída reciente. Si se valora apoyo farmacológico, ¿qué principio debe prevalecer?

Explicación clínica: Edad, polifarmacia, consumo de alcohol y caída previa obligan a minimizar sedación y riesgo de dependencia. El manejo debe ser especialmente prudente.
Feedback dirigido: Si no elegiste D, revisa los riesgos de caídas, deterioro cognitivo, interacciones y cronificación del rescate en personas mayores.

Resultado Bloque 2: 0/3

Aún no corregido.

Bloque 3. Actitudes profesionales (Mini-CEX)

Valora tu práctica clínica del 1 al 5. El objetivo es detectar puntos fuertes y áreas de mejora.

Ítem 1
Nunca
2 3 4 5
Siempre
Explico al paciente la ansiedad con un lenguaje comprensible, sin banalizar sus síntomas ni sobreactuar el riesgo.
Exploro de forma sistemática diagnóstico diferencial médico, consumo de sustancias y comorbilidad depresiva antes de cerrar el caso.
Priorizo intervenciones no farmacológicas y toma de decisiones compartidas cuando el cuadro y el contexto lo permiten.
Uso benzodiacepinas solo cuando procede, durante el menor tiempo posible y con un plan explícito de retirada.
Programo seguimiento clínico y reevaluación funcional con criterios claros de mantenimiento, ajuste o derivación.

Total Mini-CEX: 0/25

Interpretación: Selecciona una puntuación en cada ítem.

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