Anemia en la enfermedad renal crónica: qué cambia con KDIGO 2026 y cómo actuar desde Atención Primaria

Anemia en la ERC: diagnóstico, estudio del hierro, tratamiento y derivación en Atención Primaria según KDIGO 2026.


1. Resumen estructurado para la consulta

Mensaje central: la presencia de enfermedad renal crónica (ERC) no permite atribuir automáticamente la anemia al riñón. Antes de diagnosticar una anemia renal deben investigarse el déficit de hierro, las pérdidas sanguíneas y otras causas potencialmente corregibles.

La anemia es una complicación frecuente de la ERC y su prevalencia aumenta a medida que disminuye el filtrado glomerular. En adultos se considera anemia una concentración de hemoglobina inferior a 13 g/dl en el varón y a 12 g/dl en la mujer. Su mecanismo suele ser multifactorial: déficit relativo de eritropoyetina, menor respuesta medular, inflamación, disponibilidad insuficiente de hierro, pérdidas sanguíneas, déficits nutricionales y menor supervivencia eritrocitaria.

La evaluación inicial recomendada incluye hemograma completo, recuento de reticulocitos, ferritina e índice de saturación de transferrina. La ferritina no debe interpretarse de forma aislada, ya que puede mantenerse normal o elevada en presencia de inflamación y coexistir con una disponibilidad insuficiente de hierro para la eritropoyesis.

KDIGO propone evaluar periódicamente la anemia y el estado del hierro, como mínimo, una vez al año en la ERC G3, dos veces al año en la ERC G4 y cada tres meses en la ERC G5 o en pacientes en diálisis. La frecuencia debe aumentarse ante descenso de hemoglobina, hemorragia, hospitalización, inicio o modificación del tratamiento o empeoramiento clínico.

Pregunta clínica Respuesta práctica en Atención Primaria Conducta inicial
¿Cuándo diagnosticar anemia? Hemoglobina <13 g/dl en varones o <12 g/dl en mujeres adultas. Confirmar el resultado, valorar la evolución y revisar el volumen corpuscular medio.
¿Qué pruebas deben solicitarse inicialmente? Hemograma, reticulocitos, ferritina e IST. Ampliar el estudio si existen macrocitosis, microcitosis desproporcionada, citopenias, hemólisis o respuesta inadecuada.
¿Puede una ferritina normal descartar déficit de hierro? No. La ferritina aumenta con la inflamación y debe interpretarse junto con el IST. Buscar una eritropoyesis restringida por hierro cuando el IST es bajo, aunque la ferritina no esté claramente reducida.
¿Cuál es la primera intervención terapéutica? Identificar y corregir el déficit de hierro y las demás causas reversibles. Seleccionar hierro oral o intravenoso según gravedad, tolerancia, respuesta, preferencias y situación renal.
¿Cuándo considerar un AEE? Después de corregir causas tratables y valorar síntomas, riesgo transfusional, cardiovascular y trombótico. En ERC sin diálisis, la decisión suele individualizarse con hemoglobina aproximada de 8,5–10 g/dl y debe coordinarse habitualmente con Nefrología.
¿Debe normalizarse la hemoglobina? No. En adultos tratados con AEE no debe mantenerse una hemoglobina igual o superior a 11,5 g/dl. Utilizar la menor dosis eficaz y evitar aumentos rápidos de hemoglobina.
Abreviaturas: AEE: agente estimulante de la eritropoyesis; ERC: enfermedad renal crónica; Hb: hemoglobina; IST: índice de saturación de transferrina.
No debe esperarse al deterioro renal avanzado. Una anemia de aparición rápida, muy sintomática, asociada a hemorragia, hemólisis, pancitopenia, alteraciones morfológicas marcadas o discordante con el grado de ERC obliga a buscar otra etiología y puede requerir valoración urgente.

En Atención Primaria, la aportación fundamental consiste en detectar precozmente la anemia, caracterizar el estado del hierro, investigar causas alternativas, tratar los déficits corregibles, vigilar la respuesta y reconocer el momento adecuado para coordinar la atención con Nefrología, Hematología u otras especialidades.

Anemia en la enfermedad renal crónica

2. Cuándo sospechar anemia relacionada con la enfermedad renal crónica

La anemia asociada a la ERC debe considerarse en todo paciente con ERC que presente una concentración de hemoglobina inferior a 13 g/dl en el varón o a 12 g/dl en la mujer. Sin embargo, la coincidencia de anemia y disminución del filtrado glomerular no demuestra por sí sola una relación causal.

Principio clínico: la anemia renal es un diagnóstico de exclusión. Su probabilidad aumenta conforme avanza la ERC, pero siempre deben investigarse el déficit de hierro, las pérdidas sanguíneas, la inflamación y otras causas potencialmente reversibles.

2.1. La sospecha no debe depender únicamente de los síntomas

La anemia puede detectarse durante el seguimiento analítico de un paciente asintomático. Cuando aparecen manifestaciones clínicas, suelen ser inespecíficas y estar condicionadas tanto por la intensidad y la velocidad de instauración de la anemia como por la edad, la fragilidad y la presencia de enfermedad cardiovascular o respiratoria.

Los síntomas que deben motivar la determinación de hemoglobina y el estudio del hierro incluyen:

  • fatiga persistente o pérdida de capacidad funcional;
  • disnea o intolerancia al esfuerzo de nueva aparición;
  • debilidad, mareo, cefalea o dificultad para concentrarse;
  • palpitaciones, taquicardia o empeoramiento de una cardiopatía previa;
  • síndrome de piernas inquietas, pica o datos clínicos sugestivos de ferropenia.

La ausencia de síntomas no descarta una anemia clínicamente relevante. KDIGO recomienda buscar anemia y déficit de hierro al identificar o derivar a un paciente con ERC, cuando existan síntomas compatibles y de forma periódica durante el seguimiento.

2.2. Patrón que aumenta la probabilidad de anemia renal

La plausibilidad de una contribución renal aumenta cuando el descenso de la hemoglobina es progresivo y paralelo al deterioro de la función renal. La anemia es especialmente frecuente en la ERC avanzada y afecta a más de la mitad de los pacientes en categorías G4 y G5.

El patrón clínico y analítico más compatible es una anemia:

  • habitualmente normocítica y normocrómica;
  • con respuesta reticulocitaria ausente o insuficiente para el grado de anemia;
  • sin otras citopenias;
  • sin datos de hemorragia activa o hemólisis;
  • con estudio del hierro y de otras causas corregibles ya valorado;
  • proporcionada al grado y a la evolución de la enfermedad renal.

La fisiopatología no se limita a una producción insuficiente de eritropoyetina. También intervienen la resistencia medular a su acción, el aumento de hepcidina, la menor disponibilidad de hierro, la inflamación, las pérdidas sanguíneas y la reducción de la supervivencia eritrocitaria. Por ello, en un mismo paciente pueden coexistir anemia renal, ferropenia y anemia inflamatoria.

2.3. Cuándo no debe atribuirse inicialmente la anemia a la ERC

Hallazgo Por qué cuestiona una anemia renal aislada Orientación inicial
Descenso rápido de la hemoglobina La anemia renal suele desarrollarse de forma progresiva. Buscar hemorragia, hemólisis, infección aguda, cirugía reciente o hemodilución.
Anemia intensa con ERC leve o estable Existe discordancia entre la gravedad de la anemia y el deterioro renal. Investigar déficit de hierro, enfermedad digestiva, déficit vitamínico, inflamación, neoplasia o enfermedad hematológica.
Microcitosis marcada Sugiere principalmente ferropenia o hemoglobinopatía. Interpretar ferritina e IST y valorar pérdidas digestivas, urinarias o ginecológicas.
Macrocitosis No es el patrón típico de la anemia renal aislada. Revisar vitamina B12, folato, función tiroidea y hepática, alcohol, fármacos y posible enfermedad medular.
Leucopenia o trombocitopenia asociadas La ERC no explica habitualmente una pancitopenia. Valorar fármacos, infección, hepatopatía, hiperesplenismo, déficit nutricional o enfermedad de médula ósea.
Reticulocitosis, ictericia o elevación de LDH Sugiere hemólisis o respuesta a una pérdida sanguínea reciente. Solicitar bilirrubina, haptoglobina, frotis y estudio dirigido según el contexto.
Hematuria, rectorragia, melenas o sangrado ginecológico Puede existir una fuente activa o crónica de pérdida de hierro. Estudiar el origen del sangrado y derivar según la sospecha clínica.
Abreviaturas: ERC: enfermedad renal crónica; IST: índice de saturación de transferrina; LDH: lactato deshidrogenasa.
Situación de alarma: una anemia sintomática de instauración rápida, asociada a inestabilidad hemodinámica, dolor torácico, síncope, disnea de reposo, hemorragia activa o sospecha de hemólisis requiere valoración urgente y no debe manejarse como una simple complicación crónica de la ERC.

En la práctica, la atribución renal resulta más sólida cuando existe ERC moderada o avanzada, la evolución es gradual, no hay discordancia entre la hemoglobina y la función renal y se han descartado razonablemente las causas corregibles. El estudio diagnóstico concreto se desarrolla en el siguiente apartado.


3. Evaluación diagnóstica inicial en Atención Primaria

El objetivo del estudio inicial no es únicamente confirmar la anemia, sino determinar si existe déficit de hierro, pérdida sanguínea u otra causa corregible. En un paciente con ERC, atribuir la anemia directamente al deterioro renal sin completar esta evaluación puede retrasar el diagnóstico de enfermedad digestiva, déficit nutricional, hemólisis, inflamación o enfermedad hematológica.

Panel diagnóstico básico: hemograma completo, recuento de reticulocitos, ferritina e índice de saturación de transferrina. Estos cuatro componentes constituyen el punto de partida recomendado por KDIGO.

3.1. Primer nivel de estudio

Ante un resultado inesperado o discordante con la situación clínica, conviene confirmar la hemoglobina y revisar su evolución previa. El hemograma debe interpretarse de forma global, prestando atención al volumen corpuscular medio, la amplitud de distribución eritrocitaria y la coexistencia de leucopenia o trombocitopenia.

Determinación Información clínica Interpretación práctica
Hemoglobina y evolución temporal Confirman la anemia y permiten valorar su intensidad y velocidad de instauración. Un descenso rápido obliga a buscar hemorragia, hemólisis, infección aguda, cirugía reciente o hemodilución.
VCM y ADE Orientan hacia anemia microcítica, normocítica o macrocítica y detectan heterogeneidad del tamaño eritrocitario. La anemia renal suele ser normocítica. La microcitosis sugiere ferropenia; la macrocitosis obliga a investigar otras causas.
Leucocitos y plaquetas Permiten detectar citopenias acompañantes. La presencia de más de una citopenia cuestiona una anemia renal aislada y puede requerir valoración hematológica.
Reticulocitos Valoran la respuesta de la médula ósea. Un recuento bajo o inapropiadamente normal sugiere anemia hipoproliferativa; la reticulocitosis orienta a pérdida sanguínea o hemólisis.
Ferritina Estima las reservas de hierro, aunque también se comporta como reactante de fase aguda. Una ferritina baja confirma déficit de hierro, pero un valor normal o elevado no lo excluye en presencia de inflamación.
IST Estima la proporción de transferrina que transporta hierro disponible para la eritropoyesis. Un IST reducido puede indicar disponibilidad insuficiente de hierro incluso cuando la ferritina está conservada o elevada.
Abreviaturas: ADE: amplitud de distribución eritrocitaria; ERC: enfermedad renal crónica; IST: índice de saturación de transferrina; VCM: volumen corpuscular medio.

3.2. Cuándo ampliar el estudio

Si el panel básico no explica la anemia, existe discordancia con el grado de ERC o aparecen alteraciones morfológicas o citopenias, debe realizarse un estudio dirigido. No es necesario solicitar todas las pruebas a todos los pacientes: la selección dependerá del patrón hematológico, los síntomas y los antecedentes.

Sospecha clínica Pruebas que pueden estar indicadas
Hemólisis o alteraciones morfológicas Frotis de sangre periférica, LDH, haptoglobina, bilirrubina y prueba de antiglobulina directa según el contexto.
Inflamación o infección Proteína C reactiva y estudio dirigido al foco clínico.
Macrocitosis o riesgo nutricional Vitamina B12, ácido fólico, función hepática, TSH y revisión de alcohol y medicamentos.
Dolor óseo, proteinuria, hipercalcemia o citopenias Proteinograma, inmunofijación, cadenas ligeras libres séricas y estudio urinario de proteínas monoclonales cuando proceda.
ERC avanzada o trastorno mineral óseo Calcio, fósforo y PTH, especialmente ante sospecha de hiperparatiroidismo secundario significativo.
Posible pérdida digestiva Estudio de sangre oculta o prueba inmunológica fecal y valoración endoscópica según edad, sexo, síntomas y riesgo clínico.
Abreviaturas: LDH: lactato deshidrogenasa; PTH: paratormona; TSH: hormona estimulante de la tiroides.

3.3. Búsqueda activa de pérdidas sanguíneas

KDIGO destaca la necesidad de investigar una fuente de sangrado cuando la ferropenia no tiene una explicación evidente, especialmente si la ferritina es inferior a 45 ng/ml o existe microcitosis con VCM inferior a 80 fl. La orientación dependerá del contexto: aparato digestivo ante pérdidas ocultas, urología ante hematuria y ginecología ante sangrado uterino anormal.

No cerrar el diagnóstico como “anemia renal” ante ferropenia intensa, hematuria, sangrado digestivo o ginecológico, macrocitosis, hemólisis, citopenias asociadas, pérdida de peso o descenso acelerado de la hemoglobina.

3.4. Secuencia práctica para la consulta

  1. Confirmar la anemia y revisar hemogramas anteriores.
  2. Clasificarla mediante VCM, ADE y reticulocitos.
  3. Interpretar conjuntamente ferritina e IST.
  4. Buscar pérdidas sanguíneas, inflamación, déficits nutricionales y medicamentos implicados.
  5. Ampliar el estudio solo cuando el patrón inicial o el contexto clínico lo justifiquen.
  6. Considerar anemia predominantemente renal únicamente tras descartar causas tratables relevantes.

La interpretación detallada de la ferritina y del IST, así como los nuevos conceptos de déficit sistémico de hierro y eritropoyesis restringida por hierro, se desarrollan en el siguiente epígrafe.


4. Déficit de hierro en la ERC: interpretación de ferritina e IST

El déficit de hierro es una causa frecuente y potencialmente tratable de anemia en la enfermedad renal crónica. Su identificación no puede basarse en la ferritina de forma aislada: KDIGO 2026 mantiene la ferritina y el índice de saturación de transferrina como las pruebas de referencia, pero reconoce que ambas presentan limitaciones y deben interpretarse conjuntamente.

Regla práctica: la ferritina informa principalmente sobre las reservas corporales, mientras que el IST aproxima el hierro circulante disponible para la eritropoyesis. Un IST bajo puede indicar déficit de hierro utilizable aunque la ferritina sea normal o elevada.

4.1. Nueva terminología de KDIGO 2026

KDIGO sustituye las denominaciones tradicionales de déficit absoluto y déficit funcional por términos que describen mejor la situación fisiopatológica:

  • Déficit sistémico de hierro: están reducidos tanto el hierro circulante como las reservas corporales.
  • Eritropoyesis restringida por hierro: existen reservas conservadas o aumentadas, pero el hierro queda secuestrado y no está suficientemente disponible para la médula ósea.

La eritropoyesis restringida por hierro es especialmente frecuente en la ERC debido al aumento de hepcidina asociado a inflamación, menor eliminación renal y reducción de las señales que favorecen la movilización del hierro. El hierro permanece almacenado, principalmente en los macrófagos, pero no llega en cantidad suficiente a los precursores eritroides.

4.2. Patrones analíticos orientativos

Patrón analítico Interpretación probable Significado práctico
IST <20% y ferritina <100 ng/ml
en ERC sin hemodiálisis
Déficit sistémico de hierro. Existen reservas insuficientes y menor disponibilidad de hierro. Deben buscarse pérdidas digestivas, urinarias o ginecológicas, ingesta insuficiente, malabsorción y medicamentos que interfieran con la absorción.
IST <20% y ferritina <200 ng/ml
en ERC G5 en hemodiálisis
Déficit sistémico de hierro en hemodiálisis. El umbral de ferritina es mayor por la inflamación y las pérdidas repetidas relacionadas con la técnica. Este criterio no debe extrapolarse automáticamente al paciente sin diálisis.
IST <20% con ferritina >100–200 ng/ml Eritropoyesis restringida por hierro. Hay hierro almacenado, pero su movilización y disponibilidad medular son insuficientes. Es frecuente en inflamación crónica, infección, ERC avanzada y durante el tratamiento con AEE.
Ferritina baja con IST conservado Posible déficit incipiente, variabilidad analítica o resultado discordante. Revisar la tendencia, el contexto clínico y repetir el estudio antes de tomar decisiones si no existe urgencia.
Ferritina elevada con IST conservado No hay datos analíticos claros de déficit de hierro disponible. Valorar inflamación, infección, hepatopatía, neoplasia, administración reciente de hierro o transfusión. La ferritina elevada aislada no demuestra sobrecarga férrica.
IST bajo con ferritina muy elevada Patrón complejo, generalmente inflamatorio, con incertidumbre sobre el beneficio y la seguridad de administrar más hierro. No interpretar el IST de forma aislada ni iniciar hierro automáticamente. Revisar la situación clínica y coordinar la decisión con Nefrología.
Abreviaturas: AEE: agente estimulante de la eritropoyesis; ERC: enfermedad renal crónica; IST: índice de saturación de transferrina.

4.3. Por qué la ferritina puede resultar engañosa

Una ferritina claramente reducida apoya con fuerza el diagnóstico de déficit sistémico de hierro. Sin embargo, la ferritina es también un reactante de fase aguda y puede aumentar por inflamación, infección, daño tisular, hepatopatía o enfermedad neoplásica. Por ello, una ferritina normal o moderadamente elevada no excluye una disponibilidad insuficiente de hierro.

En la población general, una ferritina inferior a 30 ng/ml posee una elevada capacidad diagnóstica para detectar ferropenia. En la ERC se utilizan umbrales superiores porque la inflamación puede elevar artificialmente la ferritina y ocultar el agotamiento de las reservas.

4.4. Limitaciones del IST

El IST aporta información relevante sobre el hierro disponible para la eritropoyesis y, en la ERC, suele ser más útil que la ferritina aislada. No obstante, tampoco constituye una prueba perfecta. Un IST bajo no permite distinguir por sí solo entre agotamiento real de las reservas y secuestro inflamatorio del hierro.

KDIGO no recomienda utilizar el hierro sérico como marcador independiente para tomar decisiones, ya que presenta variabilidad y no ha sido el parámetro principal empleado en los ensayos clínicos de resultados. La interpretación debe basarse en la combinación de IST, ferritina, hemoglobina, índices eritrocitarios, reticulocitos, evolución temporal y contexto inflamatorio.

4.5. Pruebas complementarias que no forman parte del estudio inicial rutinario

Hemoglobina reticulocitaria —CHr o Ret-He—

Refleja el hierro incorporado a los reticulocitos durante los últimos días y, por tanto, aporta información relativamente inmediata sobre el hierro disponible para la eritropoyesis. Puede resultar útil:

  • cuando la ferritina y la IST ofrecen resultados discordantes;
  • en pacientes con inflamación;
  • para valorar precozmente la respuesta al tratamiento con hierro;
  • en unidades de Nefrología o diálisis donde esté disponible y validada.

Su uso está limitado por la disponibilidad, las diferencias entre analizadores y la ausencia de puntos de corte universalmente estandarizados. No sustituye a la ferritina ni al IST en el estudio inicial.

Receptor soluble de transferrina —sTfR—

Puede aumentar cuando existe déficit de hierro tisular y se ve menos influido por la inflamación que la ferritina. Sin embargo, en la enfermedad renal crónica su interpretación es más compleja, porque también depende de la actividad eritropoyética y puede modificarse con los agentes estimulantes de la eritropoyesis. Además:

  • los ensayos no están suficientemente estandarizados;
  • no existe un punto de corte universal para la enfermedad renal crónica;
  • su disponibilidad en Atención Primaria es limitada;
  • su aportación adicional frente a la ferritina y al IST no está bien establecida.

Puede considerarse en casos seleccionados, especialmente cuando los parámetros del metabolismo del hierro son discordantes, habitualmente tras consulta con Nefrología o Hematología. No debe solicitarse como prueba rutinaria en el estudio inicial.

4.6. Causas que deben buscarse

Mecanismo Causas frecuentes en la ERC Valoración desde Atención Primaria
Pérdida de hierro Sangrado digestivo, hematuria, menstruación abundante, extracciones frecuentes, cirugía o pérdidas relacionadas con diálisis. Interrogar sobre sangrado, revisar anticoagulantes y antiagregantes y estudiar el foco según edad, sexo y síntomas.
Menor absorción Ingesta insuficiente, malabsorción, cirugía digestiva, inhibidores de la bomba de protones o mala adherencia al hierro oral. Revisar dieta, tratamientos, tolerancia digestiva y forma de administración.
Secuestro del hierro Inflamación crónica, infección, obesidad, insuficiencia cardiaca, enfermedad autoinmune o ERC avanzada. Buscar actividad inflamatoria o infecciosa y tratar la causa subyacente cuando sea posible.
Aumento de necesidades Inicio o intensificación de AEE, recuperación tras una hemorragia o incremento de la eritropoyesis después del trasplante renal. Controlar periódicamente hemoglobina, ferritina e IST y anticipar el consumo acelerado de hierro.
Abreviaturas: AEE: agente estimulante de la eritropoyesis; ERC: enfermedad renal crónica; IST: índice de saturación de transferrina.
Evitar dos errores opuestos: considerar que una ferritina normal descarta ferropenia o asumir que todo IST bajo obliga a administrar hierro. Los resultados deben interpretarse conjuntamente y dentro del contexto clínico.

4.7. Cinco reglas para la consulta

  1. Solicitar siempre ferritina e IST conjuntamente.
  2. Una ferritina baja confirma déficit de reservas, pero una ferritina normal no lo excluye.
  3. Un IST bajo con ferritina normal o elevada sugiere eritropoyesis restringida por hierro.
  4. La normocitosis no descarta ferropenia en la ERC.
  5. Ante resultados discordantes, enfermedad aguda o cambios inesperados, revisar la evolución y repetir las determinaciones.

Los umbrales para iniciar tratamiento, la elección entre hierro oral e intravenoso y las situaciones en las que debe suspenderse o evitarse la ferroterapia se desarrollan en el siguiente epígrafe.


5. Tratamiento con hierro oral e intravenoso

La corrección del déficit de hierro constituye el primer escalón terapéutico de la anemia en la enfermedad renal crónica. Puede aumentar la hemoglobina, mejorar los depósitos de hierro y reducir la necesidad posterior de agentes estimulantes de la eritropoyesis o transfusiones. Antes de iniciar el tratamiento deben investigarse las pérdidas sanguíneas y las demás causas corregibles.

Decisión práctica: en la ERC sin hemodiálisis pueden utilizarse hierro oral o intravenoso. La elección depende de la intensidad del déficit, la gravedad de la anemia, la rapidez de corrección necesaria, la tolerancia, la respuesta previa, el acceso venoso, el coste y las preferencias del paciente.

5.1. Cuándo iniciar ferroterapia

Situación renal Criterios KDIGO 2026 para considerar hierro Conducta práctica
ERC sin diálisis o diálisis peritoneal Ferritina <100 ng/ml e IST <40%; o ferritina entre 100 y 300 ng/ml con IST <25%. Elegir hierro oral o intravenoso según gravedad, tolerancia, respuesta esperada y preferencias.
ERC G5 en hemodiálisis Ferritina ≤500 ng/ml e IST ≤30%. Se prefiere hierro intravenoso, habitualmente mediante una estrategia de mantenimiento protocolizada por Nefrología.
Déficit profundo sin anemia Ferritina <30 ng/ml e IST <20%, especialmente si existen síntomas atribuibles al déficit. Puede considerarse tratamiento individualizado tras buscar la causa de la ferropenia.
Ferritina >700 ng/ml o IST ≥40% No se aconseja continuar de forma rutinaria la administración de hierro. Suspender temporalmente y reevaluar hemoglobina, ferritina, IST, inflamación y tratamiento recibido.
Abreviaturas: ERC: enfermedad renal crónica; IST: índice de saturación de transferrina.

Estos umbrales orientan la decisión, pero no representan objetivos que deban alcanzarse mediante dosis crecientes de hierro. Una ferritina muy elevada con IST bajo plantea una situación de eritropoyesis restringida por hierro en la que el beneficio de administrar más hierro es incierto. Las excepciones, como la anemia refractaria con grandes requerimientos de AEE, deben valorarse con Nefrología.

5.2. Elección entre hierro oral e intravenoso

Hierro oral Hierro intravenoso
Puede ser preferible cuando:
  • la anemia y la ferropenia son leves o moderadas;
  • no se necesita una reposición rápida;
  • el paciente tolera el tratamiento digestivo;
  • se desea evitar accesos venosos y desplazamientos hospitalarios;
  • conviene preservar el capital venoso ante una posible futura fístula arteriovenosa.
Puede ser preferible cuando:
  • existe anemia o ferropenia intensa;
  • se necesita una respuesta más rápida;
  • hay intolerancia, mala adherencia o malabsorción del hierro oral;
  • no se obtiene respuesta suficiente tras 1–3 meses de tratamiento oral;
  • el paciente recibe hemodiálisis o tratamiento con AEE;
  • persisten pérdidas sanguíneas relevantes.
Abreviaturas: AEE: agente estimulante de la eritropoyesis.

5.3. Cómo utilizar el hierro oral

En España existen preparados que aportan habitualmente entre 80 y 105 mg de hierro elemental por unidad. En un paciente con ERC sin diálisis puede iniciarse, de forma orientativa, con una unidad diaria, ajustando la pauta a la ficha técnica del preparado, la intensidad del déficit y la tolerancia digestiva.

  • Administrar el comprimido o la cápsula entero y con agua.
  • La absorción es mayor en ayunas, pero puede tomarse con alimentos si aparecen náuseas, dolor abdominal o dispepsia.
  • Separarlo al menos dos horas de calcio, antiácidos, levotiroxina, bisfosfonatos, tetraciclinas y fluoroquinolonas.
  • Evitar su administración simultánea con té, café, lácteos o suplementos minerales.
  • Advertir que puede producir estreñimiento, molestias digestivas y oscurecimiento benigno de las heces.
Antes de considerar fracaso terapéutico: comprobar adherencia, dosis real de hierro elemental, tolerancia, administración con alimentos o fármacos que reducen la absorción, persistencia de sangrado e inflamación activa.

La respuesta debe evaluarse tras 1–3 meses. Si la hemoglobina y los parámetros férricos no mejoran de forma suficiente, o el tratamiento no se tolera, KDIGO aconseja cambiar a hierro intravenoso en lugar de prolongar indefinidamente una pauta oral ineficaz.

5.4. Hierro intravenoso: indicaciones y seguridad

El hierro intravenoso permite administrar dosis mayores y consigue una reposición más rápida. Las formulaciones disponibles presentan pautas diferentes; la dosis total debe calcularse según el déficit, el peso, la hemoglobina y la ficha técnica.

Preparado intravenoso Características prácticas Precauciones relevantes
Hierro sacarosa Suele administrarse en dosis fraccionadas de 100–200 mg por sesión hasta completar el déficit calculado. Requiere varias administraciones. Debe respetarse la velocidad de perfusión indicada en la ficha técnica.
Carboximaltosa férrica Permite administrar dosis elevadas, habitualmente hasta 1.000 mg por administración y semana, según peso y déficit total. Puede producir hipofosfatemia, especialmente con dosis repetidas. Valorar la monitorización del fósforo en pacientes de riesgo.
Abreviaturas: mg: miligramos.

La primera administración de hierro intravenoso debe realizarse en un entorno con personal y medios para reconocer y tratar reacciones de hipersensibilidad e hipotensión. Las dosis de prueba y la premedicación rutinaria con antihistamínicos o corticoides no se recomiendan, ya que no predicen ni previenen las reacciones graves.

Durante una infección sistémica activa, es razonable suspender temporalmente la ferroterapia, tanto oral como intravenosa. Esta precaución es especialmente relevante para el hierro intravenoso, cuya administración debe aplazarse hasta que la infección esté clínicamente controlada, salvo que exista una necesidad urgente claramente justificada. -La justificación viene determinada, porque el hierro es un nutriente esencial para muchos microorganismos y, durante una infección sistémica activa, el organismo intenta reducir su disponibilidad circulante mediante el aumento de hepcidina y el secuestro del hierro en los depósitos. Administrar hierro en ese momento podría contrarrestar parcialmente este mecanismo defensivo y, en teoría, favorecer la proliferación microbiana-. Matiz importante: no hace falta interrumpir automáticamente el hierro por una infección leve y localizada sin repercusión sistémica.

5.5. Monitorización de la respuesta

En la ERC sin hemodiálisis tratada con hierro deben controlarse hemoglobina, ferritina e IST al menos cada tres meses. Puede ser necesario adelantar el control tras iniciar o cambiar el tratamiento, ante sangrado, hospitalización, infección, descenso de la hemoglobina o aumento rápido de ferritina o IST.

Tras hierro intravenoso no debe interpretarse una ferritina obtenida inmediatamente después de la perfusión. En el caso de carboximaltosa férrica, la hemoglobina suele reevaluarse una vez transcurridas al menos cuatro semanas desde la última administración.

5.6. Algoritmo terapéutico breve

  1. Confirmar la ferropenia y buscar su causa.
  2. Iniciar hierro si se cumplen los criterios de ferritina e IST.
  3. Elegir vía oral en déficit estable y tolerable; elegir vía intravenosa si se necesita mayor rapidez o el tratamiento oral es inadecuado.
  4. Reevaluar la respuesta en 1–3 meses.
  5. Cambiar de hierro oral a intravenoso si no existe respuesta suficiente o aparece intolerancia.
  6. Retener el hierro si la ferritina supera 700 ng/ml, el IST alcanza el 40% o existe infección sistémica activa.
  7. Si persiste una anemia clínicamente relevante con depósitos adecuados, valorar el siguiente escalón terapéutico.

6. Agente estimulante de la eritropoyesis (AEE), inhibidores de prolil-hidroxilasa del factor inducible por hipoxia  (HIF-PH) y transfusión: qué debe conocer Atención Primaria

Cuando persiste una anemia clínicamente relevante después de corregir el déficit de hierro y las demás causas reversibles, puede ser necesario estimular la eritropoyesis. KDIGO 2026 mantiene los agentes estimulantes de la eritropoyesis como tratamiento farmacológico de primera elección. Los inhibidores de HIF-PH constituyen una alternativa seleccionada, mientras que la transfusión debe reservarse para situaciones agudas, graves o refractarias.

Objetivo terapéutico: mejorar los síntomas y reducir la necesidad de transfusiones, no normalizar la hemoglobina. La indicación debe individualizarse según síntomas, comorbilidad cardiovascular, riesgo trombótico, antecedentes oncológicos y posibilidad de trasplante renal.

6.1. Antes de iniciar un AEE

La administración de un AEE solo debe plantearse después de comprobar que la anemia es atribuible fundamentalmente a la ERC y de corregir, en la medida de lo posible:

  • déficit sistémico de hierro o eritropoyesis restringida por hierro;
  • pérdidas sanguíneas digestivas, urinarias o ginecológicas;
  • déficit de vitamina B12 o ácido fólico;
  • infección o inflamación activa;
  • hipotiroidismo o hiperparatiroidismo significativo;
  • hemólisis, enfermedad medular y medicamentos potencialmente implicados.

En la ERC sin diálisis, el inicio y ajuste del tratamiento corresponde habitualmente a Nefrología. Atención Primaria desempeña un papel esencial en la detección, el estudio etiológico, la revisión de la medicación y la vigilancia de la presión arterial, la hemoglobina y los acontecimientos adversos.

6.2. Cuándo considerar un AEE

Situación clínica Umbral orientativo de inicio Factores que modifican la decisión
ERC sin diálisis Generalmente, hemoglobina entre 8,5 y 10 g/dl, sin utilizar un umbral único para todos los pacientes. Síntomas, velocidad del descenso, respuesta al hierro, riesgo transfusional, comorbilidad cardiovascular o tromboembólica, malignidad y candidatura a trasplante.
Hemodiálisis o diálisis peritoneal Habitualmente, hemoglobina ≤9–10 g/dl. Puede iniciarse cerca de 10 g/dl si existe sintomatología relevante o se desea evitar transfusión; puede retrasarse hacia 9 g/dl o menos si el riesgo vascular es elevado.
Antecedente de ictus, tromboembolismo o enfermedad cardiovascular relevante Considerar un umbral más bajo y la menor dosis eficaz. El posible alivio sintomático debe ponderarse frente al riesgo de hipertensión, ictus y trombosis.
Malignidad activa o antecedente oncológico Decisión individualizada y coordinada con Nefrología y Oncología. Debe extremarse la cautela, especialmente cuando el tratamiento oncológico tiene intención curativa.
Abreviaturas: AEE: agente estimulante de la eritropoyesis; ERC: enfermedad renal crónica.

6.3. Objetivo de hemoglobina y monitorización

En adultos tratados con AEE, la hemoglobina suele mantenerse entre 10 y 11,5 g/dl. No debe utilizarse el tratamiento para mantener concentraciones iguales o superiores a 11,5 g/dl, porque los objetivos más elevados aumentan el riesgo de hipertensión, ictus y acontecimientos vasculares o trombóticos.

  • Utilizar la menor dosis que permita evitar anemia intensa y transfusiones.
  • Controlar la hemoglobina cada 2–4 semanas después del inicio o de un cambio de dosis.
  • Evitar aumentos superiores a aproximadamente 1 g/dl en dos semanas.
  • Si la hemoglobina aumenta con demasiada rapidez, reducir la dosis un 25–50%.
  • Si supera 11,5 g/dl, suele ser preferible reducir la dosis antes que suspenderla bruscamente.
  • Controlar periódicamente la presión arterial y revisar síntomas neurológicos o trombóticos.
Suspensión temporal: debe considerarse interrumpir el AEE durante una hospitalización por ictus agudo, trombosis del acceso vascular u otro acontecimiento tromboembólico. La reintroducción exige una nueva valoración individualizada.

6.4. Falta de respuesta a los AEE

La hiporrespuesta no debe resolverse aumentando repetidamente la dosis sin revisar la causa. Debe sospecharse cuando no se alcanza la hemoglobina prevista pese a incrementos importantes del AEE o se necesitan dosis persistentemente elevadas para mantenerla.

Las causas más frecuentes son la ferropenia, el secuestro inflamatorio del hierro, la infección, las pérdidas ocultas, una diálisis insuficiente, la malnutrición, el hiperparatiroidismo, la hemólisis y las enfermedades hematológicas. La escalada indiscriminada de dosis aumenta el riesgo sin garantizar una respuesta adecuada.

6.5. Papel de los inhibidores de HIF-PH

Los inhibidores de la prolil-hidroxilasa del factor inducible por hipoxia son fármacos orales que estimulan la producción endógena de eritropoyetina y modifican el metabolismo del hierro. Aunque pueden alcanzar respuestas de hemoglobina comparables a los AEE, KDIGO continúa prefiriendo los AEE como primera opción debido a su mayor experiencia clínica y a la incertidumbre sobre la seguridad cardiovascular a largo plazo de los HIF-PH.

Pueden considerarse, bajo supervisión especializada, cuando existe:

  • intolerancia o respuesta inadecuada a los AEE;
  • dificultad relevante para administrar un tratamiento parenteral;
  • preferencia informada por un tratamiento oral;
  • imposibilidad de conservar adecuadamente un AEE refrigerado.

En España está autorizado roxadustat para adultos con anemia sintomática asociada a ERC. Su inicio debe realizarlo un médico con experiencia en el manejo de la anemia renal. No debe asociarse simultáneamente con un AEE.

Precaución con HIF-PH Conducta práctica
Malignidad activa Evitar de forma general y valorar alternativas con los especialistas responsables.
Acontecimiento cardiovascular o trombótico reciente No iniciar durante el periodo agudo y reevaluar posteriormente el balance beneficio-riesgo.
Enfermedad renal poliquística, retinopatía proliferativa o hipertensión arterial pulmonar Extremar la cautela por riesgos teóricos o insuficientemente definidos.
Embarazo o planificación gestacional No iniciar y seleccionar una alternativa terapéutica.
Ausencia de respuesta eritropoyética Interrumpir si no existe una respuesta suficiente después de 3–4 meses y revisar el diagnóstico.
Abreviaturas: AEE: agente estimulante de la eritropoyesis; ERC: enfermedad renal crónica; HIF-PH: prolil-hidroxilasa del factor inducible por hipoxia.

6.6. Cuándo transfundir

La transfusión de hematíes no debe indicarse únicamente por alcanzar una cifra determinada de hemoglobina. En la anemia crónica estable deben predominar la intensidad de los síntomas, la repercusión cardiovascular, la velocidad de instauración y la eficacia o seguridad de las alternativas.

Está indicada cuando se necesita una corrección rápida, como en:

  • hemorragia aguda grave;
  • inestabilidad hemodinámica;
  • isquemia miocárdica o enfermedad coronaria inestable;
  • anemia grave antes de una cirugía con pérdidas previsibles importantes;
  • anemia sintomática refractaria cuando los AEE o los HIF-PH son ineficaces o están contraindicados.

En pacientes hospitalizados, hemodinámicamente estables y sin síntomas relevantes, puede emplearse como referencia una estrategia restrictiva próxima a 7 g/dl. El umbral puede ser mayor en cardiopatía clínicamente significativa o cirugía cardíaca u ortopédica, pero nunca sustituye al juicio clínico.

Candidatos a trasplante renal: las transfusiones deben evitarse siempre que exista una alternativa razonable, porque pueden producir aloinmunización y dificultar la obtención de un órgano compatible.

6.7. Mensajes prácticos para Atención Primaria

  1. No iniciar un AEE sin haber corregido primero el déficit de hierro y las causas reversibles.
  2. No intentar normalizar la hemoglobina.
  3. Derivar o coordinar con Nefrología ante hemoglobina persistentemente inferior a 10 g/dl pese a ferroterapia adecuada.
  4. Controlar presión arterial, hemoglobina, adherencia y posibles acontecimientos trombóticos.
  5. No aumentar dosis ante hiporrespuesta sin repetir el estudio etiológico.
  6. Reservar los HIF-PH para pacientes seleccionados y las transfusiones para situaciones graves o refractarias.

7. Seguimiento, falta de respuesta y criterios de derivación

El seguimiento debe permitir comprobar la respuesta al tratamiento, detectar pérdidas sanguíneas o inflamación intercurrente y evitar tanto la persistencia de la anemia como el exceso de hierro o de estimulación eritropoyética. La frecuencia de los controles depende del estadio de la ERC, la estabilidad de la hemoglobina y el tratamiento recibido.

Principio práctico: un descenso inesperado de la hemoglobina o una respuesta insuficiente no debe resolverse aumentando automáticamente el hierro o el AEE. Primero debe revisarse el diagnóstico y buscar una causa corregible.

7.1. Periodicidad orientativa de los controles

Situación clínica Control recomendado Determinaciones principales
ERC G3 estable y sin anemia Al menos una vez al año. Hemograma; añadir ferritina e IST si existe anemia, descenso de hemoglobina o sospecha de ferropenia.
ERC G4 estable Al menos dos veces al año. Hemograma, ferritina e IST según la situación clínica.
ERC G5 o paciente en diálisis Al menos cada tres meses; en diálisis, habitualmente con mayor frecuencia según el protocolo de Nefrología. Hemoglobina, ferritina, IST y parámetros relacionados con el tratamiento.
Tratamiento con hierro Reevaluar inicialmente en 1–3 meses y, posteriormente, al menos cada tres meses mientras continúe el tratamiento. Hemoglobina, ferritina, IST, tolerancia, adherencia y posibles pérdidas sanguíneas.
Inicio o cambio de dosis de AEE o HIF-PH Cada 2–4 semanas hasta comprobar una respuesta estable. Hemoglobina, presión arterial, velocidad de ascenso y acontecimientos adversos.
Abreviaturas: AEE: agente estimulante de la eritropoyesis; ERC: enfermedad renal crónica; HIF-PH: prolil-hidroxilasa del factor inducible por hipoxia; IST: índice de saturación de transferrina.

Los controles deben adelantarse ante hemorragia, infección, hospitalización, intervención quirúrgica, empeoramiento renal, modificación del tratamiento o descenso no explicado de la hemoglobina.

7.2. Cómo valorar una respuesta insuficiente

Antes de considerar que existe una anemia renal refractaria deben comprobarse la adherencia, la dosis realmente administrada y la persistencia de causas tratables. La falta de respuesta al hierro oral durante 1–3 meses obliga a revisar la tolerancia, la absorción, las interacciones y las pérdidas sanguíneas, y a considerar el cambio a hierro intravenoso.

KDIGO define la hiporrespuesta a los AEE como la incapacidad para alcanzar la hemoglobina prevista pese a un incremento significativo de la dosis, o la necesidad continuada de dosis elevadas para mantenerla.

Causa de respuesta insuficiente Qué revisar
Déficit o secuestro de hierro Ferritina, IST, inflamación, tratamiento administrado y pérdidas sanguíneas.
Hemorragia oculta Sangrado digestivo, hematuria, pérdidas ginecológicas, anticoagulantes y antiagregantes.
Inflamación o infección Clínica, proteína C reactiva y búsqueda dirigida del foco.
Déficit nutricional o endocrino Vitamina B12, ácido fólico, TSH, estado nutricional y PTH cuando proceda.
Hemólisis o enfermedad hematológica Reticulocitos, frotis, LDH, haptoglobina, bilirrubina, citopenias y estudio de gammapatía si está indicado.
Factores relacionados con la ERC avanzada Adecuación de la diálisis, hiperparatiroidismo, inflamación crónica y pérdidas relacionadas con la técnica.
Abreviaturas: ERC: enfermedad renal crónica; IST: índice de saturación de transferrina; LDH: lactato deshidrogenasa; PTH: paratormona; TSH: hormona estimulante de la tiroides.
No escalar indefinidamente el AEE. Las dosis elevadas en un paciente hiporrespondedor pueden aumentar el riesgo cardiovascular y trombótico. Debe tratarse la causa subyacente y coordinar la estrategia con Nefrología.

7.3. Criterios prácticos de derivación

KDIGO no establece un único umbral universal de derivación. La prioridad debe basarse en la gravedad, los síntomas, la velocidad del descenso de la hemoglobina y la sospecha etiológica.

Destino Situaciones que justifican derivación o coordinación
Nefrología ERC G4–G5 con anemia; hemoglobina persistentemente inferior a 10 g/dl tras corregir la ferropenia; necesidad de hierro intravenoso, AEE o HIF-PH; respuesta insuficiente o efectos adversos; resultados férricos complejos o necesidad de transfusiones repetidas.
Hematología Anemia desproporcionada respecto al grado de ERC, citopenias asociadas, macrocitosis no explicada, frotis patológico, hemólisis, reticulocitopenia marcada, gammapatía monoclonal o sospecha de enfermedad medular.
Aparato Digestivo Ferropenia sin causa evidente, sangre oculta, melenas, rectorragia, síntomas digestivos, pérdida ponderal o sospecha de sangrado gastrointestinal.
Urología o Ginecología Hematuria persistente o sangrado uterino anormal como posible origen de la pérdida de hierro.
Valoración hospitalaria urgente Hemorragia activa, inestabilidad hemodinámica, síncope, dolor torácico, disnea de reposo, deterioro rápido, sospecha de hemólisis grave o anemia intensa con repercusión clínica.
Abreviaturas: AEE: agente estimulante de la eritropoyesis; ERC: enfermedad renal crónica; HIF-PH: prolil-hidroxilasa del factor inducible por hipoxia.

7.4. Lista de comprobación antes de la derivación

  1. Adjuntar hemogramas previos y evolución de la función renal.
  2. Incluir VCM, reticulocitos, ferritina e IST.
  3. Detallar el tratamiento con hierro, dosis, duración, adherencia y tolerancia.
  4. Registrar síntomas, velocidad del descenso y posibles pérdidas sanguíneas.
  5. Indicar comorbilidad cardiovascular, antecedentes trombóticos, cáncer y posible candidatura a trasplante.
  6. Aportar las pruebas dirigidas realizadas y la sospecha clínica principal.

Una coordinación adecuada evita retrasos, duplicidad de pruebas y escaladas terapéuticas innecesarias, y permite seleccionar de forma segura el hierro intravenoso, los AEE, los HIF-PH o la transfusión cuando estén indicados.


8. Casos clínicos ilustrativos

Los siguientes casos resumen situaciones frecuentes en Atención Primaria y muestran cómo integrar la hemoglobina, el filtrado glomerular, la ferritina, el índice de saturación de transferrina y el contexto clínico antes de atribuir la anemia exclusivamente a la enfermedad renal crónica.

8.1. Anemia y ferropenia en un paciente con ERC G3b

Situación clínica: varón de 74 años con ERC G3b estable, tratado con ácido acetilsalicílico, que refiere cansancio progresivo. Hemoglobina 10,6 g/dl, VCM 76 fl, ferritina 18 ng/ml, IST 10% y filtrado glomerular estimado de 38 ml/min/1,73 m².

La microcitosis, la ferritina reducida y el IST bajo indican un déficit sistémico de hierro. Aunque la ERC puede contribuir a la intensidad de la anemia, no explica por sí sola el agotamiento de los depósitos.

La conducta inicial debe incluir:

  • revisión de síntomas digestivos, cambios del hábito intestinal, melenas, rectorragia y pérdida de peso;
  • comprobación de hematuria y de otros posibles focos de sangrado;
  • revisión de antiagregantes, anticoagulantes y antiinflamatorios;
  • inicio de ferroterapia, sin retrasar el estudio de la causa de la ferropenia;
  • derivación o estudio digestivo según la edad, los síntomas y el riesgo clínico.
Error que debe evitarse: diagnosticar “anemia renal” e iniciar hierro sin investigar el origen de la pérdida. En un varón adulto, la ferropenia obliga a descartar especialmente una fuente digestiva.

Perla clínica: la ERC puede coexistir con una anemia ferropénica, pero no justifica una ferritina claramente disminuida. El tratamiento del hierro y el estudio etiológico deben realizarse de forma paralela.

8.2. IST bajo con ferritina elevada durante un proceso inflamatorio

Situación clínica: mujer de 79 años con ERC G4, insuficiencia cardiaca y artritis inflamatoria. Presenta hemoglobina de 9,8 g/dl, VCM de 88 fl, ferritina de 340 ng/ml, IST de 14%, proteína C reactiva elevada y recuento de reticulocitos bajo.

La ferritina elevada no descarta una disponibilidad insuficiente de hierro. El IST reducido, junto con la inflamación, orienta a una eritropoyesis restringida por hierro: existen depósitos, pero el hierro no se moviliza adecuadamente hacia la médula ósea.

Antes de administrar más hierro deben valorarse:

  • actividad de la enfermedad inflamatoria y posible infección;
  • pérdidas sanguíneas ocultas;
  • tratamientos recibidos previamente y tendencia de ferritina e IST;
  • gravedad y repercusión clínica de la anemia;
  • riesgo de continuar acumulando hierro sin beneficio eritropoyético.

En ausencia de infección sistémica activa y si la anemia es clínicamente relevante, puede considerarse una estrategia individualizada de hierro, especialmente si no ha existido respuesta al tratamiento oral. La decisión sobre hierro intravenoso o tratamiento eritropoyético debe coordinarse con Nefrología.

Error que debe evitarse: interpretar la ferritina elevada como sobrecarga férrica o, en el extremo opuesto, administrar hierro automáticamente por el único hecho de que el IST sea bajo.

Perla clínica: en la ERC, la pareja ferritina–IST es más informativa que cualquiera de los dos marcadores por separado. La inflamación puede elevar la ferritina y ocultar una restricción del hierro disponible.

8.3. Anemia persistente tras corregir el déficit de hierro

Situación clínica: varón de 68 años con ERC G4, candidato potencial a trasplante renal. Tras corregir la ferropenia presenta hemoglobina persistente de 8,9 g/dl, ferritina de 230 ng/ml, IST de 27%, VCM normal, reticulocitos bajos y ausencia de sangrado, hemólisis, déficit de vitamina B12 o folato.

La persistencia de una anemia normocítica hipoproliferativa, con hierro suficiente y sin otra causa corregible identificada, hace probable una anemia predominantemente relacionada con la ERC.

En este contexto deben valorarse:

  • intensidad de los síntomas y deterioro funcional;
  • velocidad del descenso de la hemoglobina;
  • riesgo cardiovascular, hipertensivo y trombótico;
  • probabilidad de necesitar transfusión;
  • posible indicación de un agente estimulante de la eritropoyesis.

El paciente debe derivarse o coordinarse con Nefrología para considerar el inicio de un AEE. La finalidad no es normalizar la hemoglobina, sino mejorar la repercusión clínica y reducir el riesgo de transfusión, utilizando la menor dosis eficaz.

La transfusión no debe indicarse de forma automática por la cifra de hemoglobina si el paciente está estable. En un posible candidato a trasplante debe evitarse siempre que exista una alternativa segura, debido al riesgo de aloinmunización.

Error que debe evitarse: transfundir únicamente por una hemoglobina inferior a 9 g/dl, sin valorar síntomas, estabilidad clínica, velocidad de instauración y alternativas terapéuticas.

Perla clínica: una vez corregido el hierro y descartadas otras causas, una hemoglobina persistentemente inferior a 10 g/dl en la ERC avanzada justifica valoración nefrológica para tratamiento eritropoyético individualizado.

8.4. Síntesis de los casos

Caso Patrón dominante Decisión principal Error que debe evitarse
ERC G3b, microcitosis y ferritina baja Déficit sistémico de hierro. Tratar la ferropenia e investigar simultáneamente una fuente de sangrado. Atribuir la anemia únicamente a la ERC.
ERC G4, IST bajo y ferritina elevada Eritropoyesis restringida por hierro asociada a inflamación. Interpretar el contexto inflamatorio y coordinar una estrategia individualizada. Tomar decisiones basadas en un único marcador férrico.
ERC G4, hierro corregido y hemoglobina de 8,9 g/dl Anemia predominantemente renal. Valorar un AEE con Nefrología y evitar transfusiones innecesarias. Intentar normalizar la hemoglobina o transfundir solo por la cifra.
Abreviaturas: AEE: agente estimulante de la eritropoyesis; ERC: enfermedad renal crónica; IST: índice de saturación de transferrina; VCM: volumen corpuscular medio. 
↑ Volver arriba

9. Preguntas clínicas frecuentes y puntos clave

La interpretación de la anemia en la enfermedad renal crónica genera dudas frecuentes en la consulta. Las siguientes respuestas resumen las decisiones más relevantes para Atención Primaria.

9.1. ¿Toda anemia en un paciente con ERC es una anemia renal?

No. La ERC aumenta la probabilidad de anemia, especialmente en estadios avanzados, pero no excluye ferropenia, pérdidas sanguíneas, déficit de vitamina B12 o folato, inflamación, hemólisis, enfermedad tiroidea, neoplasia o trastornos hematológicos. La anemia renal debe considerarse un diagnóstico de exclusión.

9.2. ¿Una ferritina normal descarta déficit de hierro?

No. La ferritina puede aumentar como reactante de fase aguda y mantenerse normal o elevada pese a una disponibilidad insuficiente de hierro. Debe interpretarse junto con el IST, la hemoglobina, el VCM, la evolución analítica y el contexto inflamatorio.

9.3. ¿La anemia renal es siempre normocítica?

Habitualmente es normocítica y normocrómica, pero puede coexistir con ferropenia y presentar microcitosis. La macrocitosis, las citopenias asociadas, la reticulocitosis o un descenso rápido de la hemoglobina obligan a investigar otras causas.

9.4. ¿Cuándo elegir hierro intravenoso en lugar de hierro oral?

El hierro intravenoso puede ser preferible cuando la anemia o la ferropenia son intensas, se necesita una corrección rápida, existe malabsorción o intolerancia digestiva, persisten pérdidas de hierro o no se obtiene una respuesta suficiente tras 1–3 meses de tratamiento oral correctamente administrado.

9.5. ¿Cuándo debe valorarse un AEE?

En la ERC sin diálisis puede considerarse cuando persiste una anemia sintomática, generalmente con hemoglobina aproximada de 8,5–10 g/dl, después de corregir el hierro y las demás causas tratables. La indicación debe individualizarse y coordinarse habitualmente con Nefrología.

9.6. ¿Cuál es el objetivo de hemoglobina durante el tratamiento con AEE?

El objetivo no es normalizar la hemoglobina, sino reducir síntomas y evitar transfusiones. En adultos no debe utilizarse un AEE para mantener de forma intencionada una hemoglobina igual o superior a 11,5 g/dl.

9.7. ¿Cuándo debe transfundirse?

La transfusión no debe decidirse únicamente por una cifra de hemoglobina. Deben valorarse la sintomatología, la velocidad de instauración, la estabilidad hemodinámica, la presencia de hemorragia o isquemia y la disponibilidad de alternativas. En candidatos a trasplante renal deben evitarse transfusiones innecesarias por el riesgo de aloinmunización.

9.8. ¿Cuándo derivar a Nefrología?

Debe coordinarse la valoración nefrológica ante ERC G4–G5 con anemia, hemoglobina persistentemente inferior a 10 g/dl pese a corregir la ferropenia, necesidad de hierro intravenoso o tratamiento eritropoyético, respuesta insuficiente, resultados férricos difíciles de interpretar o necesidad repetida de transfusión.

Idea de cierre: el manejo correcto no consiste en tratar una cifra aislada, sino en identificar la causa de la anemia, corregir los factores reversibles y seleccionar el tratamiento con mayor beneficio y menor riesgo para cada paciente.

9.9. Diez puntos clave para la consulta

N.º Punto clave
1 Confirmar la anemia y revisar su evolución antes de atribuirla a la ERC.
2 Solicitar inicialmente hemograma, reticulocitos, ferritina e IST.
3 Interpretar siempre la ferritina y el IST de forma conjunta.
4 Buscar pérdidas sanguíneas cuando exista ferropenia, especialmente en varones y mujeres posmenopáusicas.
5 No descartar ferropenia porque el VCM sea normal o la ferritina esté elevada.
6 Comprobar adherencia, tolerancia e interacciones antes de considerar que el hierro oral ha fracasado.
7 No iniciar un AEE sin corregir previamente el déficit de hierro y las demás causas reversibles.
8 No intentar normalizar la hemoglobina mediante AEE.
9 Ante hiporrespuesta, revisar nuevamente sangrado, inflamación, hierro, nutrición y enfermedad hematológica.
10 Derivar con prioridad ante anemia rápida, intensa, sintomática, atípica o desproporcionada respecto al grado de ERC.
Abreviaturas: AEE: agente estimulante de la eritropoyesis; ERC: enfermedad renal crónica; IST: índice de saturación de transferrina; VCM: volumen corpuscular medio. 
  ↑ Volver arriba

10. Bibliografía recomendada

  1. Kidney Disease: Improving Global Outcomes (KDIGO) Anemia Work Group. KDIGO 2026 Clinical Practice Guideline for the Management of Anemia in Chronic Kidney Disease. Kidney Int. 2026;109(1 Suppl):S1-S99. doi:10.1016/j.kint.2025.06.006.
    Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.kint.2025.06.006
  2. Babitt JL, Berns JS, Bozkurt B, Cheung Khedairy RS, Cuevas Y, Effa EE, et al. Executive summary of the KDIGO 2026 Clinical Practice Guideline for the Management of Anemia in Chronic Kidney Disease. Kidney Int. 2026;109(1):44-56. doi:10.1016/j.kint.2025.06.005.
    Disponible en: https://doi.org/10.1016/j.kint.2025.06.005
  3. Badura K, Janc J, Wąsik J, Gnitecki S, Skwira S, Młynarska E, et al. Anemia of chronic kidney disease: a narrative review of its pathophysiology, diagnosis, and management. Biomedicines. 2024;12(6):1191. doi:10.3390/biomedicines12061191.
    Disponible en: https://doi.org/10.3390/biomedicines12061191
  4. Del Vecchio L, Girelli D, Vinchi F, Cozzolino M, Elliott S, Mark PB, et al. Iron biology. Nephrol Dial Transplant. 2024;39(9):1404-1415. doi:10.1093/ndt/gfae095.
    Disponible en: https://doi.org/10.1093/ndt/gfae095
  5. Macdougall IC, Bock AH, Carrera F, Eckardt KU, Gaillard C, Van Wyck D, et al. FIND-CKD: a randomized trial of intravenous ferric carboxymaltose versus oral iron in patients with chronic kidney disease and iron deficiency anaemia. Nephrol Dial Transplant. 2014;29(11):2075-2084. doi:10.1093/ndt/gfu201.
    Disponible en: https://doi.org/10.1093/ndt/gfu201
  6. Macdougall IC, White C, Anker SD, Bhandari S, Farrington K, Kalra PA, et al. Intravenous iron in patients undergoing maintenance hemodialysis. N Engl J Med. 2019;380(5):447-458. doi:10.1056/NEJMoa1810742.
    Disponible en: https://doi.org/10.1056/NEJMoa1810742
  7. Singh AK, Szczech L, Tang KL, Barnhart H, Sapp S, Wolfson M, et al. Correction of anemia with epoetin alfa in chronic kidney disease. N Engl J Med. 2006;355(20):2085-2098. doi:10.1056/NEJMoa065485.
    Disponible en: https://doi.org/10.1056/NEJMoa065485
  8. Drüeke TB, Locatelli F, Clyne N, Eckardt KU, Macdougall IC, Tsakiris D, et al. Normalization of hemoglobin level in patients with chronic kidney disease and anemia. N Engl J Med. 2006;355(20):2071-2084. doi:10.1056/NEJMoa062276.
    Disponible en: https://doi.org/10.1056/NEJMoa062276
  9. Pfeffer MA, Burdmann EA, Chen CY, Cooper ME, de Zeeuw D, Eckardt KU, et al. A trial of darbepoetin alfa in type 2 diabetes and chronic kidney disease. N Engl J Med. 2009;361(21):2019-2032. doi:10.1056/NEJMoa0907845.
    Disponible en: https://doi.org/10.1056/NEJMoa0907845
  10. Ha JT, Hiremath S, Jun M, et al. Hypoxia-inducible factor prolyl hydroxylase inhibitors in kidney disease. NEJM Evid. 2024;3(9):EVIDoa2300189. doi:10.1056/EVIDoa2300189.
    Disponible en: https://doi.org/10.1056/EVIDoa2300189
  11. Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Evrenzo: ficha técnica de roxadustat. Madrid: AEMPS; actualización vigente consultada en julio de 2026.
    Disponible en: https://cima.aemps.es/cima/dochtml/ft/1211574004/FT_1211574004.html

11. Autoevaluación competencial-Anemia en la enfermedad renal crónica

El objetivo no es examinar, sino ayudar a identificar conocimientos consolidados, áreas de mejora y decisiones clínicas que conviene revisar.

Bloque 1. Conocimientos clínicos

1. ¿Cuál es el estudio inicial más apropiado ante anemia en un paciente con enfermedad renal crónica?
Respuesta correcta: B. La valoración inicial debe incluir hemograma, recuento de reticulocitos, ferritina y saturación de transferrina. Otras pruebas se reservan para situaciones clínicas seleccionadas.
2. ¿Qué hallazgo obliga a buscar una causa distinta o adicional a la enfermedad renal crónica?
Respuesta correcta: C. La pancitopenia, la macrocitosis significativa o una respuesta reticulocitaria no explicada no son características de la anemia renal aislada y requieren ampliar el estudio.
3. ¿Cuál de los siguientes pacientes con ERC sin hemodiálisis cumple criterios orientativos para considerar ferroterapia?
Respuesta correcta: B. En ERC sin hemodiálisis puede considerarse hierro cuando la ferritina está entre 100 y 300 ng/ml y el IST es inferior al 25%, tras valorar el contexto clínico.
4. ¿Cómo debe interpretarse una ferritina normal o elevada con IST bajo en un paciente con ERC e inflamación?
Respuesta correcta: D. La ferritina aumenta con la inflamación y no excluye una disponibilidad insuficiente de hierro. La interpretación debe integrar ferritina, IST y contexto clínico.
5. ¿Qué papel tiene la hemoglobina reticulocitaria —CHr o Ret-He—?
Respuesta correcta: A. La CHr o Ret-He refleja la disponibilidad reciente de hierro para la eritropoyesis y puede ser útil en casos seleccionados, aunque su disponibilidad y estandarización son limitadas.
6. ¿Cuál es la afirmación más correcta sobre el receptor soluble de transferrina?
Respuesta correcta: C. El receptor soluble de transferrina puede ser útil cuando los parámetros convencionales son discordantes, pero no forma parte del estudio rutinario y puede verse influido por la actividad eritropoyética y los AEE.
7. ¿Qué actitud es más adecuada durante una infección sistémica activa?
Respuesta correcta: B. Durante una infección sistémica activa es razonable aplazar temporalmente la ferroterapia, sobre todo la intravenosa, hasta que la infección esté clínicamente controlada.
8. ¿Qué debe hacerse ante una respuesta insuficiente al hierro oral?
Respuesta correcta: D. La ausencia de respuesta obliga a comprobar adherencia, pérdidas continuadas, inflamación, malabsorción y diagnóstico alternativo antes de cambiar la estrategia terapéutica.
9. ¿Cuál es el principio general antes de iniciar un agente estimulante de la eritropoyesis?
Respuesta correcta: A. Antes de utilizar un AEE deben corregirse, en la medida de lo posible, ferropenia, inflamación, déficit vitamínico, pérdidas sanguíneas y otras causas tratables.
10. ¿Qué situación justifica una derivación preferente o urgente?
Respuesta correcta: C. El deterioro rápido, la repercusión clínica importante, el sangrado, la hemólisis o la afectación de varias líneas celulares requieren evaluación especializada prioritaria.

Bloque 2. Microcasos clínicos

Microcaso 1. Paciente de 72 años con ERC G3b, hemoglobina 10,4 g/dl, ferritina 190 ng/ml, IST 21% y PCR elevada. ¿Cuál es la interpretación más adecuada?
Respuesta correcta: C. La inflamación puede elevar la ferritina y reducir la disponibilidad de hierro. La combinación de ferritina intermedia e IST bajo puede apoyar una situación de hierro restringido para la eritropoyesis.
Microcaso 2. Paciente con ERC G4 y ferropenia inicia hierro oral. Tras dos meses mantiene anemia, refiere náuseas intensas y reconoce una adherencia irregular. ¿Cuál es la mejor conducta?
Respuesta correcta: B. Antes de considerar fracaso terapéutico deben revisarse la toma real, los efectos adversos, las pérdidas persistentes, la malabsorción y la inflamación. Si el hierro oral no es eficaz o tolerable, puede valorarse hierro intravenoso.
Microcaso 3. Paciente con ERC G4 recibe hierro intravenoso programado y consulta por fiebre, hipotensión e infección bacteriana sistémica. ¿Qué debe hacerse con el hierro?
Respuesta correcta: D. En una infección sistémica activa debe aplazarse el hierro intravenoso, salvo una necesidad excepcional claramente justificada. La inflamación disminuye su utilización y existe una preocupación biológica por aumentar la disponibilidad de hierro para los microorganismos.

Bloque 3. Mini-CEX de autoevaluación clínica

Valore su desempeño habitual del 1 al 5 en cada competencia. Seleccione una sola puntuación por fila.

Competencia clínica 1 2 3 4 5
Reconozco cuándo la anemia no puede atribuirse únicamente a la ERC.
Interpreto conjuntamente ferritina, IST e inflamación.
Selecciono adecuadamente entre hierro oral, hierro intravenoso y seguimiento.
Reviso causas reversibles antes de plantear un AEE.
Identifico criterios de derivación preferente o urgente.

Interpretación: ≤15 puntos: necesita refuerzo; 16–20 puntos: desempeño adecuado; >20 puntos: desempeño excelente.

↑ Volver arriba


Te puede interesar:

Relacionado

    Comentarios

    Entradas populares de este blog

    La atención sanitaria a los pacientes ingresados en residencias: La urgencia de un cambio.

    Herpes Simple: Guía 2025 de Diagnóstico, Tratamiento y Prevención en Atención Primaria

    Sífilis con serología discordante (RPR − y treponema +): interpretación y conducta en Atención Primaria